Templo Shinto en el Mar

El Shinto Japonés.

La Antropología Gnóstica nos ayuda a ir a los orígenes que levantan culturas y pueblos, y  siempre encontramos unas pautas comunes.

Vamos hoy a los orígenes de Japón, vamos a indagar en los vestigios arqueológicos y sus primeras leyendas y relatos.

¿Cuáles fueron las primeras formas culturales en el archipiélago nipón de las que tenemos conocimiento hoy?

Todo orienta a una raíz, al misterioso nombre de shinto, y a ello vamos hoy:

Las tradiciones más antiguas de las islas establecen una profunda reverencia de los primeros moradores al espíritu que yace bajo cada forma material. Esta es la base de su cultura ancestral, la veneración al espíritu que mueve la existencia.

De este modo se estableció la existencia como modo de veneración, de plegaria continua hacia estos espíritus.

Es por ello que la Antropología académica define el sintoísmo como una religión animista; nosotros, los estudiantes gnósticos, queremos ir más allá de esa etiqueta. ¿Qué hay debajo?

Significado de «Shinto».

Shinto etimológicamente significa “camino de los Dioses”, y esto nos da una idea de lo que era importante para estas humanidades primigenias.

Estos hombres y mujeres vivían en pequeñas comunidades, inmersos en la naturaleza. Y en cada ser del espacio natural veneraban al espíritu que le daba vida.

Bien conocían los japoneses primitivos los distintos estados de la vida: mineral, vegetal, animal, hombre. Y es que la Gnosis es un funcionalismo muy natural de la Conciencia, como nos recuerda el antropólogo gnóstico Samael Aun Weor.

Asimismo conocían la distribución de la materia en cuatro elementos —fuego, agua, aire, tierra— y reverenciaban a sus Dioses originarios.

La Ciencia Elemental (la Ciencia de los Elementales de la Naturaleza), de los que tan extensamente habla el Maestro Samael en su obra, era la base de su día y ocupaciones.

Así como veneraban al espíritu en cada vida de la naturaleza, veneraban también al espíritu o genio protector de cada lugar, al espíritu o genio protector de cada familia, al Ser interior de los antepasados en cada línea familiar… Era una postración continua a la Ley Natural…

De forma intuitiva en cada familia y en cada comunidad se establecía una jerarquía natural. La persona más capacitada espiritualmente guiaba a la comunidad como gobernante y como sacerdote.

Los cultos shintoistas.

La vida de ese núcleo humano se establecía en base al ciclo del día/noche-estaciones y en base a los cultos (algunos diarios, otros estacionales, etc.). Estos cultos eran dirigidos por la persona que mejor podía poner en comunicación a la comunidad con los Seres Superiores.

Estos seres Divinales y Elementales a veces se hacían presentes a ojos de los lugareños. Esa es la base de muchas leyendas y relatos de esta época.

Este fenómeno nos es referido también por el Maestro Samael. Él nos habla de cómo los elementales se hacían presentes a los ojos de las personas en los bosques hasta la época de la Edad Media. Más adelante esto no pudo continuar por la materialización progresiva de los hombres.

El nipón primigenio establecía una relación íntima con cada ser viviente. En su relación con una planta, con un animal que le sale al encuentro en un camino es capaz de comprender el mensaje que la Divinidad trae para él en ese momento.

Las relaciones en Japón.

Si esta relación de reverencia tenía hacia el reino mineral, vegetal y animal, ¿cómo de exquisita no sería con el “reino humano”?

En la veneración al Ser interior que subyace en cada ser humano el japonés primitivo basaba sus relaciones familiares y sociales. Aquí encontramos la raíz de la distinguida forma de tratarse los japoneses unos a otros. De ahí sus reverencias, saludos primorosos, expresiones rituales de gratitud, despedidas delicadas, etc.

Si esta era la relación entre humanos, ¿cómo no sería en el matrimonio?

Aquí se pone de especial manifiesto una de las bases del shinto: los humanos, como hijos de los espíritus o kami, son conscientes, ante todo, de su naturaleza divina (y “especialmente divina” al haber alcanzado el estado humano en la evolución).

El mito de creación en Japón.

En el libro más antiguo que recoge la tradición shinto se refiere que descendían del macho divino primigenio Izanagi y de la hembra divina primigenia Izanami, que eran a su vez esposos y hermanos.

En el mito de Izanagi e Izanami se encuentran todas y cada una de las claves del Segundo Factor de la Revolución de la Conciencia de que nos habla el Maestro Samael, y es patente que el Matrimonio Gnóstico era la base de la fundación cultural nipona.

Este matrimonio vivía en una sencilla morada en pleno bosque, en una cueva en las altas montañas o en las orillas del mar. Había comunidades nómadas y otras sedentarias.

Cuando se llegaba a la morada se tenía una primera visión para el centro de la misma, alrededor de lo cual giraba todo: el kami-dana, el altar central, con los Dioses venerados familiares y del lugar, así como otras Divinidades veneradas especialmente por esa familia.

Allá donde se dirigía la mirada, tanto dentro como fuera de la morada, recordaba a la Divinidad en estos tiempos antiguos…

Las dinastías de emperadores japoneses.

El shinto es el origen de la dinastía de emperadores nipones: en la unión de la Divinidad con un humano surge el primer dirigente de su cultura, el primer emperador, que es solar y divino, y trajo la Gnosis al pueblo, el shinto.

La devoción diaria y el “rito para todo” —era una genuina vida en recuerdo del Ser y los Seres que nos asisten—, los rituales mágicos y chamánicos dirigidos por el más consciente entre ellos, la alimentación y la medicina basada en la unión con los principios superiores que nos gobiernan, eran todo uno y la vida diaria de estas personas…

Rituales exotéricos y esotéricos.

Existe un shinto más exotérico, que es el que conocemos, y otro más profundo, dentro del cual existen, entre otras prácticas, el recuerdo a la línea familiar en que uno ha nacido.

Dentro de este shinto esotérico existe el conocimiento de las existencias sucesivas de una persona dentro de la misma línea familiar. Y el conocimiento de la transmigración de las almas en sucesivos cuerpos, desde el estado mineral hasta el humano.

El shinto, por su existencia en el espacio natural, no dejó vestigios arqueológicos.

La antropóloga gnóstica Helena Blavatsky lo dejó claro en sus textos antropológicos: cuanto más atrás en el tiempo más imbuidos en la naturaleza estaban los cultos y la forma de vida de esas humanidades, lo cual hace más difícil indagar en su vida y su espiritualidad, pues no llega “ningún objeto o construcción” a nosotros.

El primer libro que recoge el conocimiento shinto data de año 712 d. C. y es el libro más antiguo escrito en Japón, convirtiéndose en el más importante y venerado del archipiélago.

Es el Kojiki, que literalmente significa “registro de las cosas antiguas”: ahí están las fuentes del shinto que levantó el Japón milenario e imperial, el Imperio del Sol Naciente.

La leyenda de Tsukimi

En esta leyenda shinto se encuentra el origen de la tradición actual japonesa de observar la primera luna llena de otoño.

Dice la leyenda que había una vez un anciano peregrino que se encontró un día con varios animales: el mono, el zorro y el conejo.

Agotado y hambriento les pidió ayuda para conseguir alimento.

El zorro cazó un ave y el mono recogió frutos de los árboles. Pero el conejo no conseguía nada que el ser humano pudiera comer.

Viendo al anciano tan agotado y débil el animal decidió encender un fuego y lanzarse a él, ofreciendo su propia carne como alimento.

Ante el noble gesto el anciano reveló su verdadera identidad. Se trataba de una poderosa deidad, la encarnación de la propia Luna, la cual decidió recompensar el gesto del conejo llevándolo a la Luna junto a él.

Hoy en día se sigue la tradición nacional en Japón de observar la Luna en el momento en que por su posición respecto a la Tierra y al Sol esta se visualiza más brillante y hermosa que en cualquier otra época del año: la primera luna llena de otoño.

Durante la observación de la Luna se dice que se puede ver a un conejillo que vive feliz en ella haciendo mochi (pastelitos de arroz), que es la comida típica en dicha celebración.