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Círculo de Investigación de la Antropología Gnóstica

 

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¿QUÉ ES LA TEOSOFÍA?

 

Se ha hecho tan frecuentemente esta pregunta y reina un exceso de ideas erróneas, que sería un descuido por parte de los editores de una revista dedicada a la presentación de la Teosofía del mundo, que apareciera su primer número sin llegar a un pleno entendimiento con sus lectores acerca de este tema. Pero nuestro encabezado involucra dos interrogantes adicionales: ¿Qué es la Sociedad Teosófica, y qué son los Teósofos? A cada una de ellas se dará una respuesta.

 

De acuerdo a los lexicógrafos, el término theosophia está compuesto por dos palabras Griegas –theos, “dios”, y sophos, “sabio”. Hasta aquí, esto es correcto. Sin embargo las siguientes explicaciones están lejos de dar una idea clara de lo que es la Teosofía.

 

Webster la define de una manera por demás original corno “una supuesta comunicación con Dios y los espíritus superiores, y el consecuente logro del conocimiento súper humano, por medio de procesos físicos, como por las operaciones théurgicas de algunos antiguos Platónicos, o por medio de los procesos químicos de los filósofos del fuego Alemanes”.

 

Esto, por no decir una cosa peor, es una explicación pobre, ligera e impertinente. El atribuir tales ideas a hombres como Ammonio Saccas, Plotino, Jámblico, Porfirio, Proclo –muestra una tergiversación intencional, o bien, la ignorancia del Sr. Webster acerca de la filosofía y motivos de los más grandes genios de la Escuela Alejandrina. El imputar a aquellos a los que sus contemporáneos lo mismo que la posteridad llamaban “theodidaktoi”, los enseñados por dios”– un propósito para desarrollar sus percepciones psicológicas, espirituales, por medio de “procesos físicos”, equivale a describirlos como materialistas.

 

En cuanto al sarcasmo lanzado a los filósofos del fuego al final de la cita en cuestión, éste rebota desde ellos cayendo entre nuestros más eminentes hombres de ciencia modernos, aquellos, en cuyas bocas, el Rev. James Martineau pone la siguiente jactancia: “la materia es lo único que queremos, sólo dennos átomos, Y explicaremos el universo”.

 

Vaughan ofrece una definición mucho mejor Y más filosófica. “Un Teósofo”, dice él, –“es uno que nos da una teoría de Dios o de las operaciones de Dios, y que tiene como base no una revelación, sino una inspiración propia”.

 

Bajo este punto de vista todo gran pensador y filósofo, especialmente todo fundador de una nueva religión, escuela de filosofía, o secta, es necesariamente un Teósofo. De aquí que la Teosofía y, los Teósofos hayan existido desde que la primera luz vacilante del pensamiento naciente hizo que el hombre buscara instintivamente los medios de expresar sus propias opiniones independientes.

 

Ya había Teósofos antes de la era Cristiana, no obstante que los escritores Cristianos atribuyan el desarrollo del sistema Teosófico Ecléctico, a la primera parte del tercer siglo de su Era. Diógenes Laértius considera que el origen de la Teosofía se remonta a una época que antecede la dinastía de los Ptolomeos, y menciona como su fundadora un Hierofante Egipcio llamado Pot–Amun, siendo este nombre Copto, el cual significa un sacerdote consagrado a Amun, el dios de la Sabiduría. Pero la historia muestra que fue revivida por Ammonio Saccas, el fundador de la Escuela Neo–Platónica.

 

Él y sus discípulos se llamaban a sí mismos “Philaletheians” –amantes de la verdad–; mientras que otros los denominaban “Analogistas”, debido a su método de interpretar todas las leyendas sagradas, mitos y misterios simbólicos por medio de una regla de analogía o correspondencia tal que los acontecimientos que hubieren ocurrido en el mundo externo eran considerados como expresión de las operaciones y experiencias del alma humana.

 

Ammonio tenía como meta y propósito el reconciliar a todas las sectas, pueblos y naciones bajo una fe común, una creencia en un Poder Supremo, Eterno, Desconocido e Innominado, que gobierna al universo por medio de leyes inmutables y eternas.

 

Su objeto era probar la existencia de un sistema de Teosofía primordial, el cual al principio era esencialmente el mismo en todos los países; inducir a todos los hombres a hacer a un lado sus rivalidades y disputas, y unirse en propósito y pensamiento, como los hijos de una madre común; purificar las antiguas religiones, corrompidas y obscurecidas en diferentes grados, por toda la escoria del elemento humano, uniéndolas y enunciándolas sobre principios puramente filosóficos.

 

De aquí que, en la Escuela Teosófica Ecléctica hayan sido enseñados los sistemas Buddhista, Vedántico y Magiano, o Zoroastriano, junto con todas las filosofías de Grecia. De aquí también esa característica preeminentemente Buddhista e Inda entre los antiguos Teósofos de Alejandría de dar la reverencia debida a los padres y ancianos; un afecto fraterno por toda la raza humana; y un sentimiento compasivo para incluso los animales brutos.

 

Si bien trataba de establecer un sistema de disciplina moral que hiciese hincapié en la gente el deber de vivir de acuerdo a las leyes de sus respectivos países. Elevaba sus mentes por la búsqueda y contemplación de la única Verdad Absoluta; según creía él, su primer objeto en precedencia para lograr todos los demás era el de extraer de las diferentes enseñanzas religiosas, como lo haría de un instrumento de muchas cuerdas, una melodía plena y armoniosa, que pudiese encontrar respuesta en todo corazón amante de la verdad.

 

La Teosofía, es por lo tanto, la Religión de Sabiduría arcaica, la doctrina esotérica conocida alguna vez en todo país antiguo que haya merecido el título de civilizado.

 

Todos los escritos antiguos nos enseñan a esta “Sabiduría” como una emanación del Principio divino, y la clara comprensión de ello es tipificada por nombres tales como el Buda, Indo, el Nebo Babilónico, el Thoth de Menfis, el Hermes de Grecia: también en la apelación de algunas diosas –Metis, Neitha, Athenea, la Sophia Gnóstica, y finalmente– los Vedas de la palabra “conocer”.

 

Bajo esta designación, todos los filósofos antiguos del Oriente y Occidente, los Hierofantes del antiguo Egipto, los Rishis de Aryavarta, los Theodidaktoi de Grecia, comprendieron todo conocimiento de las cosas ocultas y esencialmente divinas. La Mercavah de los Rabinos Hebreos, las sucesiones secular y popular, fueron designadas de esta manera, sólo como el vehículo, la cáscara que contenía el conocimiento esotérico superior. Los Magus de Zoroastro recibieron instrucción y fueron iniciados en las cuevas y logias secretas de Bactria; los hierofantes egipcios Y griegos tenían sus aporrhêta, o di secretos, durante los cuales el Mystês llegaba a ser un Epoptês: un Vidente.

 

La idea central de la Teosofía Ecléctica era la de una Esencia Suprema única, Desconocida e Incognoscible –ya que “¿cómo podría uno conocer al conocedor?” inquiere el Brihadaranyalka Upanishad. Su sistema estaba caracterizado por tres rasgos notables: la teoría de la Esencia antes mencionada; la doctrina del alma humana –una emanación de dicha Esencia y por lo tanto de la misma naturaleza; y su Theurgia. Es esta última ciencia la que ha hecho que no sean comprendidos los Neo Platónicos en nuestra era de ciencia materialista. La Theurgia, siendo esencialmente el arte de aplicar los poderes divinos del hombre a la subordinación de las fuerzas ciegas de la naturaleza,

sus seguidores fueron primero denominados magos –una corrupción de la palabra “Magh”, que significa un hombre sabio, o erudito– y posteriormente ridiculizados.

 

Los escépticos de hace un siglo habrían errado completamente si se hubiesen reído de la idea de un fonógrafo o de un telégrafo. Los ridiculizados y los “infieles” de una generación generalmente se convierten en los sabios y santos de la siguiente.

 

En lo que respecta a la Esencia Divina y a la naturaleza del alma y del espíritu. La Teosofía moderna cree ahora lo mismo que la Teosofía antigua. El Diu popular de las naciones Arias era idéntico al IAO de los Caldeos, e incluso al Júpiter de los menos educados y filosóficos entre los Romanos.

 

Y era “Tuisto” de los Nórdicos, el Duw, de los Britanos, y al Zeus de los Tracios. En cuanto a la Esencia Absoluta, al Uno al Todo –ya sea que a este respecto aceptemos la filosofía Griega Pitagórica, la Caldea Kabalística, o la Aria, esto nos conducirá únicamente a un sólo resultado.

 

La Mónada Primigenia del sistema Pitagórico, la cual se retira a la obscuridad, siendo ella misma la Obscuridad (para el intelecto humano) fue hecha la base de todas las cosas: y nosotros podemos

encontrar la idea en toda su integridad en los sistemas filosóficos de Leibnitz y Spinoza.

 

Por lo tanto, ya sea que un Teósofo esté de acuerdo con la Kabala la cual, al hablar de En–Soph, plantea la pregunta: “¿Quién entonces, puede comprender–Lo, dado que Ello no tiene forma y es In–Existente?” –o recordando ese magnífico himno del Rig–Veda (Himno 129, Libro 10)– se pregunta:

 

“¿Quién sabe de dónde surgió esta gran creación?

Ya sea que su voluntad la creara o hubiere estado muda.

Quien lo sabe –o quizás incluso Él no lo sabe”.

 

O, si por otro lado, acepta, la concepción Vedántica de Brahma, que en los Upanishads es representado “sin vida, sin mente, puro”, inconsciente, ya que Brahma es “Conciencia Absoluta” o, si finalmente, adhiriéndose a los Svâbhâvikas del Nepal mantiene que nada existe salvo “Svâbhâvat” (la substancia o la naturaleza) la cual existe por sí misma sin ningún creador cualquiera de las concepciones arriba mencionadas sólo puede conducir a la Teosofía pura y absoluta.

 

Esa Teosofía que movió a hombres como Hegel, Fichte y Spinoza a retomar los esfuerzos de los antiguos filósofos Griegos y a especular sobre la Substancia Una–la Deidad, el Todo Divino que procede de la Sabiduría Divina– incomprensible, desconocida, e innominada –por toda filosofía religiosa antigua o moderna, con la excepción del Cristianismo y del Mahometanismo.

 

Por consiguiente, todo Teósofo, al mantener una Teoría de la Deidad “que no tiene como base la revelación, sino una inspiración propia”, puede aceptar cualquiera de las definiciones arriba mencionadas o pertenecer a cualquiera de esas religiones, y sin embargo permanecer dentro de los límites de la Teosofía, dado que ésta última considera que la Deidad es el TODO, la fuente de toda existencia, lo infinito que no puede, ni ser comprendido ni conocido y que sólo es revelado por el universo como Ello, o como algunos lo prefieren: El, dándole así sexo a aquello que es una blasfemia antropomorfizar.

 

En verdad, la Teosofía aborrece la materialización brutal; ella considera que, el Espíritu de la Deidad, retirado dentro de sí mismo desde la eternidad, ni dispone ni crea; sino que, de la refulgencia infinita que avanza por todas partes desde el Gran Centro, eso que produce todas las cosas visibles e invisibles es sólo un Rayo que contiene en sí mismo el poder generativo y conceptivo, el cual a su vez produce aquello que los Griegos llamaban Macrocosmos, los Kabalistas Tikkum o Adan Kadmon, el hombre arquetípico, y los Arios Purusha, el Brahm manifestado o Varón Divino.

 

La Teosofía también es partidaria de la Anastasis o existencia continua, y de la transmigración (evolución) o una serie de cambios en el alma1 los cuales pueden ser sostenidos y explicados bajo estrictos principios filosóficos, y solamente haciendo una distinción entre Paramâtna (el alma suprema, trascendental) y Jivâtma (el alma consciente o animal) de los Vedantines.

 

Para definir plenamente la Teosofía, debemos considerarla bajo todos sus aspectos. El mundo interior no ha sido escondido de todos por una obscuridad impenetrable. Por medio de esa intuición superior adquirida por medio de la Theosophía o Conocimiento de la Deidad, la cual conduce a la mente, del mundo de la forma, al del espíritu sin forma, el hombre en toda época y en todo país, a veces ha sido capacitado para percibir cosas en el mundo interior o invisible.

 

De aquí, el “Samadhi” o Dyan Yog Samadhi de los ascetas Indos; el “Daïmonion–photi”, o iluminación espiritual, de los Neo Platónicos; la “Confabulación sideral de las almas”, de los Rosacruces2 o filósofos del Fuego; e, incluso el trance extático de los místicos y de los mesmeristas y espiritistas modernos, son idénticos en naturaleza, aunque diferentes en cuanto a su manifestación.

 

1 En una serie de artículos intitulados: “Los Teósofos más grandes del Mundo”, trataremos de mostrar que desde Pitágoras, que obtuvo su sabiduría en la India, hasta nuestros mejor conocidos filósofos y teósofos modernos –como David Hume, y Shelley el poeta Inglés– incluidos los Espiritistas de Francia, muchos creyeron y aún creen en la metempsycosis o la reencarnación del alma no obstante lo poco elaborado que pueda ser considerado de manera imparcial, el sistema de los Espiritistas. [Esta serie de artículos nunca fue escrita por H. P. B., aunque parte del material publicado póstumamente en 1892 en El Glosario Teosófico, presenta cierta similitud con el propósito general que

probablemente H.P.B. tenía en mente. Boris de Zirkoff].

 

2 El lector no debe confundir las modernas organizaciones exotéricas con fines lucrativos así llamadas Rosacruces, con los auténticos y secretos Rosacruces, discípulos de Cristian Rosenkreuz y que florecieron en el siglo XV y XVII. – N. del T.

 

La búsqueda del “Ser” más divino del hombre, tan frecuente y erróneamente interpretada como comunión individual con un Dios personal, era el objeto de todo místico. Y la creencia en su posibilidad parece haber sido contemporánea de la génesis de la humanidad cada pueblo dándole otro nombre.

 

Es así como Platón y Plotino llaman “Trabajo Noético” a lo que los Yogis y los Srotriyas3 denominan Vidya. Por medio de la reflexión, el conocimiento de sí mismo y la disciplina intelectual, el alma puede ser elevada a la visión de la verdad eterna, la bondad, y la belleza esto es, a la Visión de Dios y esto es la epopteia, decían los griegos.

 

“Para unir el alma de uno al Alma Universal”, dice Porfirio, “se requiere sin embargo una mente perfectamente pura, a través de la contemplación de sí mismo, la castidad perfecta, y la pureza del cuerpo podemos aproximarnos cada vez más cerca de Ello, recibir en ese estado, el verdadero conocimiento y un maravilloso discernimiento.

 

Y Swami Dayânund Saraswati, quien no ha leído ni a Porfirio, ni a ningún otro de los autores Griegos pero que es un consumado erudito Védico, dice en su Veda–Bhâshya (upâsanâprakara ank) “Para obtener Diksha (la iniciación más elevada) y Yog, uno tiene que practicar de acuerdo a las reglas…”

 

El alma en cuerpo humano puede realizar las más grandes maravillas por el conocimiento del Espíritu Universal (o Dios) y poniéndose al corriente de las propiedades y cualidades (ocultas) de todas las cosas en el universo, un ser humano (un Dikshita o iniciado) puede así adquirir un poder de ver y oír a grandes distancias”.

 

Por último, Alfred R. Wallace. M. S. R.4, un espiritista y sin embargo, un reconocido gran naturalista, dice con valiente candor: “Solamente el espíritu es el que siente, percibe y piensa– el que adquiere conocimiento, razona y aspira… no tan infrecuentemente ocurre que algunos individuos están de tal manera constituidos que el espíritu puede percibir independientemente de los órganos corporales del sentido, pueden, quizás, completa o parcialmente dejar el cuerpo por un tiempo, regresar a él de nuevo… el espíritu… se comunica con el espíritu de manera más fácil que con la materia.

 

Podemos ver ahora, cómo después de haber transcurrido miles de años entre la época de los Gymnósofos5, y nuestra propia era altamente civilizada, a pesar de o quizás justamente por tal iluminación que vierte su radiante luz sobre los reinos psicológicos al igual que físicos de la naturaleza, más de veinte millones de gentes bajo una forma diferente creen ahora en esos mismos poderes espirituales en los que creían los Yogines, y los Pitagóricos hace casi 3.000 años.

 

3 Srotrivat (sk) La apelación de un Brahman que practica los ritos Védicos que él estudia, a diferencia del Vedavit, el Brahman que sólo los estudia teoréticamente. H.P.B., The Theosophical Glossary, 1892. The Theosophy Company, 1973 p. 308. – N. del T.

 

4 M.S.R Miembro de la Sociedad Real, (F.R.S. Fellow of the Royal Sociely) se refiere a la Sociedad Real de Londres para el Avance de la Ciencia, una Sociedad por medio de la cual el Gobierno Británico ha apoyado la investigación científica desde 1662. Webster's Encyclopedic Unabridged Dictionary, p. 1249. – N. del T.

 

5 La realidad de los Poderes del Yoga fue afirmada por muchos escritores Griegos y Romanos que llamaban a los Yogines Gymnósofos Indos: por Strabon, Lucan, Plutarco, Ciceron (Tuscul. Disp),Plinio (Nat. Hist.. VII. ii. 22). etc.

 

De esta manera, mientras que el místico Ario afirmaba tener el poder de resolver y desentrañar todos los problemas de la vida y la muerte, una vez que haya obtenido el poder de actuar independientemente de su cuerpo, a través de Atman –“el Sí” o “el alma”; y los antiguos griegos fueron en busca de Atmu –el Escondido, o Alma–Dios del hombre, con el espejo simbólico de los misterios Thesmophórios, así también los espiritistas de nuestros días creen en la facultad de los espíritus o de las almas de las personas desencarnadas, para comunicarse visible y tangiblemente con aquellos que amaron en la tierra.

 

Y todos estos, Yogis Arios, filósofos Griegos y espiritistas modernos afirman tal posibilidad argumentando que el alma encarnada y su nunca encarnado espíritu –el verdadero ser– no están separados por el espacio ni del Alma Universal ni de otros espíritus, sino meramente por la diferenciación de sus cualidades, dado que en la extensión ilimitada del universo no puede haber limitación.

 

Y que cuando ésta limitación es eliminada de acuerdo a los Griegos y Arios por medio de la contemplación abstracta, que produce la liberación temporal del Alma encarcelada; y de acuerdo a los Espiritistas, a través de la mediumnidad se hace posible una unión tal entre los espíritus.

 

Fue así como los Yogis de Patajñali y, siguiendo sus pasos, Plotino, Porfirio, y otros Neo Platónicos, mantenían que en sus horas de éxtasis, se habían unido a, o más bien se habían hecho uno con Dios, varias veces en el curso de sus vidas. Esta idea errónea como puede parecer en su aplicación al Espíritu Universal era, y es, afirmada por demasiados grandes filósofos, como para descartarla considerándola totalmente quimérica.

 

En el caso de los Theodidaktoi el único punto controvertible, la mancha en esta filosofía de misticismo extremo era su pretensión de incluir aquello que simplemente es iluminación extática, bajo el título de percepción sensible. En el caso de los Yogines, que mantenían su habilidad para ver a Iswara “cara a cara”, esta pretensión fue derribada con éxito por la implacable lógica de Kapila.

 

En cuanto a la afirmación similar hecha por sus seguidores Griegos, por una larga serie de extáticos Cristianos, y finalmente, por los dos últimos pretendientes a “la visión de Dios” dentro de estos últimos cien años: Jacob Böhme, y Swedenborg; esta pretensión podría y debería haber sido cuestionada filosófica y lógicamente, si unos cuantos de nuestros grandes hombres de ciencia que son Espiritistas hubiesen tenido más interés en la filosofía que en el mero fenomenalismo del Espiritismo.

 

Los Teósofos Alejandrinos estaban divididos en neófitos, iniciados, maestros. O hierofantes; y sus reglas fueron copiadas de los antiguos misterios de Orfeo, el cual, de acuerdo a Heródoto los trajo desde la India. Ammonio obligó a sus discípulos por medio de un juramento, a no divulgar sus doctrinas superiores, excepto a aquellos que hubiesen probado ser completamente dignos e iniciados, y que hubiesen aprendido a considerar a los dioses, los ángeles, y a los demonios de otros pueblos, de acuerdo a la hyponoia esotérica, o significado subyacente.

 

“Los dioses existen, pero no son lo que los hoi polloi, la multitud ineducada, suponen que son”, dice Epicuro “No es un ateo el que niega la existencia de los dioses que la multitud adora, sino el que les imputa las opiniones de la multitud”. A su vez Aristóteles declara que, de la “Esencia Divina que penetra a todo el mundo de la naturaleza, lo que se designa como dioses son simplemente los primeros principios”.

 

Plotino, el alumno de Ammonio el “enseñado por Dios”, nos dice, que la gnosis secreta o el conocimiento de la Teosofía, tiene tres grados –la opinión, la ciencia, y la iluminación. – “El medio o instrumento del primero es la sensación o percepción; del segundo, la dialéctica; del tercero, la intuición. A este último está subordinada la razón; es conocimiento absoluto, fundamentado en la identificación de la mente con el objeto conocido.

 

“La Teosofía es, por así decirlo, la ciencia exacta de la psicología; se encuentra en la misma relación con la mediumnidad natural incultivada, como el conocimiento de la física por Tyndall 6 se encuentra respecto al conocimiento de un niño de escuela.

 

Ella desarrolla en el hombre una contemplación directa; aquello que Schelling denomina “una realización de la identidad del sujeto y del objeto en el individuo”; de tal forma que bajo la influencia y el conocimiento de la hyponoia el hombre concibe pensamientos divinos, ve todas las cosas como ellas son realmente, y finalmente, llega a ser receptor del “Alma del Mundo”, para usar una de las expresiones más bellas de Emerson, “Yo, el imperfecto adoro a mi propio Perfecto” –dice él en su magnífico Ensayo sobre La Super Alma.

 

Además de este estado psicológico, o estado del alma, la Teosofía cultivó toda rama de las ciencias y artes. Estaba plenamente versada en lo que ahora es comúnmente conocido como mesmerismo.

 

La Theurgia práctica o “magia ceremonial” a la que tan frecuentemente recurre el clero de la Iglesia Católica en sus exorcismos era descartada por los Teósofos. Sólo Jámblico fue el único que, trascendiendo a los otros Eclécticos añadió a la Teosofía la doctrina de la Theurgia.

 

Cuando el hombre es ignorante del verdadero significado de los símbolos divinos esotéricos de la naturaleza, es capaz de calcular mal los poderes de su alma, y, en vez de comulgar espiritual y mentalmente con los seres celestes, superiores, los buenos espíritus (los dioses de los Theurgios de la escuela Platónica), inconscientemente evocará los poderes oscuros, malos, que están al acecho alrededor de la humanidad, las imperecederas y siniestras creaciones de crímenes, y vicios humanos, y caer así de la theurgia (magia blanca) a la goëtia (o, magia negra, hechicería). Sin embargo, ni la magia blanca ni la negra son lo que la superstición popular entiende por el término.

 

La posibilidad de “evocar los espíritus” de acuerdo a la clave de Salomón, es el colmo de la superstición y la ignorancia. Sólo la pureza de acción y de pensamiento pueden elevamos a una comunicación “con los dioses” y alcanzar para nosotros la meta que deseamos.

 

La Alquimia, que tantos consideran haber sido una filosofía espiritual así como una ciencia física, perteneció a las enseñanzas de la escuela teosófica.

 

Es un hecho notable que ni Zoroastro, Buddha, Orfeo, Pitágoras, Confucio, Sócrates, o Ammonio Saccas, hayan consignado nada por escrito. La razón de esto es obvia, la Teosofía es un arma de dos filos, inapropiada para el ignorante o el egoísta. Como toda filosofía antigua tiene sus seguidores entre los modernos; pero hasta hace poco en nuestros propios días, sus discípulos eran pocos en número y de las más variadas sectas y opiniones.

 

“Completamente especulativa, y sin haber fundado escuela alguna, no obstante, han ejercido una influencia silenciosa sobre la filosofía; y sin duda, cuando el tiempo llegue, muchas ideas propuestas de manera silenciosa podrán sin embargo, dar nuevas direcciones al pensamiento humano”, hace notar el Sr. Kenneth R. H. Mackenzie IXº… él mismo, un místico y un Teósofo en su vasta e invaluable obra, The Royal Masonic Cyclopedia [La Real Enciclopedia Masónica] (artículos “Theosophical Society of New York” y “Theosophy”, P. 731).7 Desde los días de los filósofos del fuego, nunca se han agrupado ellos en sociedades, ya que, han sido perseguidos como bestias salvajes por el clero Cristiano, y el haber sido conocido como Teósofo frecuentemente equivalía, escasamente hace un siglo, a una sentencia de muerte.

 

Las estadísticas muestran que, durante un período de 150 años, no menos de 90,000 hombres y mujeres fueron quemados en Europa por supuesta brujería. Sólo en la Gran Bretaña, desde el año 1640 a 1660 D. C. en apenas 20 años, se ejecutaron a 3,000 personas por pacto con el “Diablo”. Fue tan sólo recientemente en el presente siglo, en 1875, que algunos místicos y espiritistas progresistas, insatisfechos con las teorías y explicaciones del Espiritismo, [o Espiritualismo] provenientes de sus fervientes partidarios, y encontrando que ellos estaban muy lejos de cubrir todo el terreno de la amplia variedad de fenómenos, formaron en Nueva York, América, una asociación que hoy en día es ampliamente conocida como la Sociedad Teosófica. Y ahora, habiendo explicado qué es la Teosofía, explicaremos, en un artículo separado, cual es la naturaleza de nuestra sociedad, la cual también es llamada “Hermandad Universal de la Humanidad”.

 

6 John Tyndall (1820–1893), eminente físico británico. N. del T.

 

7 The Royal Masonic Cyclopedia of History Rites, Symbolism and Biography. Editada por Kenneth R.H. Mackenzie IXº. (Cryptonymus) Miembro Honorario de la Logia Canongate Kilwinning, Nº 2, Escocia. Nueva York, J.W. Bouton, 706 Broadway, 1877.

 

 

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