CIAG 

Círculo de Investigación de la Antropología Gnóstica

 

Círculo de

Investigación de la

Antropología

Gnóstica

...

MISTERIOS DE LA ESFINGE

 

Ningún otro legado de la antigüedad ha llegado hasta nuestros días tan cargado de magia, de polémica y de misterio.

 

El león androcéfalo que fue edificado hace miles de años, parece conservar todo el aliento vital que, según los antiguos egipcios, podía conferirse a ciertas estatuas sometidas al rito de apertura de la boca.

 

Lejos de haber quedado fosilizado como un cadáver egregio; al igual que tantos monumentos desde la expedición napoleónica que lo redescubrió, de requerir nuestra atención más expectante, planteándonos preguntas a las que escasamente hoy la arqueología es capaz de dar respuestas seguras. ¿Cuándo se construyo y con que propósito? ¿Qué secretos se esconden bajo sus garras? O ¿Cuál es su verdadera relación con su entorno.

 

Estas son algunas de esas enigmáticas cuestiones. Tal vez jamás encuentren alguna solución definitiva.

 

Con su imponente presencia, la estatua más grande del mundo antiguo sigue desafiando y enfrentando a los arqueólogos incapaces aún de resolver muchos de sus enigmas.

 

Los eruditos no han cesado de retar a su inteligencia en los últimos doscientos años para develar estos enigmas que encierra la esfinge. Recostada indolentemente en su zanja, desafiando a quienes la miran, no solo con lupa, sino con todos los instrumentos que las nuevas tecnologías ponen a su alcance.

 

Esta colosal estatua, la mayor salida de manos de seres humanos, con una longitud de más de 73 metros y una altura de 20, no fue construida uniendo bloques de piedras como en las pirámides, sino escavada en el lecho de piedra caliza en la meseta de Giza, formando un recinto abierto a su alrededor su cuerpo de león y su cabeza de mujer forman un conjunto extraordinario, mientras sus ojos miran sin descanso hacia el este, hacia el horizonte de estas tierras milenarias del país asoleado de Ken.

 

Cuando parecía que al fin los egiptólogos se habían puesto de acuerdo en la fecha de su construcción (hacia el 2500 a.c. imperio antiguo la IV dinastía, bajo el mandato de Kefrén), irrumpía la voz disidente de un arqueólogo independiente el norteamericano John Anthony West, quien la fechaba entre el 5000 y el 7000 a. de C.

 

¿En que se había basado para llegar a esta conclusión? La pista se la había proporcionado la obra del autor y matematico frances Schwaller de Lubicz (1891-1962), quien entre 1937 y 1952 se había dedicado al estudio del templo de Luxor y del complejo de Giza.

 

Sus deducciones supusieron todo un desafío a la idea que se tenía de la inferioridad de las matemáticas en el Egipto de los faraones, a la vez que se acusaba a la arqueología tradicional de haber interpretado de forma excesivamente primitiva la religión de esta fascinante cultura.

 

El francés había hallado una anomalía en el recinto de las pirámides. La erosión que presentaba la esfinge era muy diferente a la observada en las demás estructuras y, según él, había sido causada más por la acción del agua que por el continuo azote de la arena.

 

En aquel momento nadie entendió el alcance dela afirmación de Schwaller, pero a West se hizo la luz cuando estaba examinando las fotos reproducidas en el libro del matemático francés y que mostraba de cerca el profundo desgaste que tenia la esfinge.

 

West se dio cuenta entonces de que los patrones de erosión eran verticales, no horizontales como podía apreciarse en los otros monumentos de Giza, desde su punto de vista estas últimas serían fruto de una exposición prolongada a fuertes vientos y a tormentas de arena, muy recuentes en el Sáhara pero ¿podrían deberse a la acción del agua las señales verticales? y ¿de donde podía proceder el agua?

 

Para dotar de solidez a su teoría, el arqueólogo americano se remontó a la era post-glacial ente el 10.000 y el 5.000 a de C, época en la que Egipto sufrió lluvias torrenciales y tras la cual la sabana verde que era el Sáhara se transformo en el actual desierto.

 

West. Pensó que la inundación de la transición post glacial ocasionó el desgaste típico de la esfinge y los muros del recinto, así con de los templos adyacentes (templo del Valle de Kefrén y templo de la esfinge) y ello lo conducía inexorablemente a una afirmación extraordinaria: esta tenia que haber sido esculpida durante o antes de es transición. Sin embargo ni siquiera se molestaron en estudiar la hipótesis del norteamericano.

 

Decidido a no tirar la toalla en 1.990 West convenció a Robert Schoch, geólogo de la Universidad de Boston para que viajara con el a Egipto y pudiera comprobar “in situ” la veracidad de sus observaciones.

 

Después de varios meses de estudio, el geólogo llegó a una conclusión que convulsionó el mundo de la egiptológica: los patrones verticales de erosión de la esfinge y su recinto no fueron causados por efecto del viento, como se creía, sino por agua procedente de lluvias torrenciales, cayendo a montón sobre las estructuras.

 

Para afianzar aún más su hipótesis, en abril de 1.991 situaron ante la esfinge a Thomas Dobecki, geofísico de Houston (Texas) para llevar a cabo un análisis sísmico de los cimientos del monumento que determinará si el subsuelo mostraba daños por precipitaciones.

 

Una vez obtenido el permiso del servicio egipcio de antigüedades, midieron su desgaste reflejando ondas de sonido en las capas más profundas de la roca descubrieron que, bajo la parte delante hay a lo largo de la esfinge, esta se había desgastado entre 4 y 6 metros mientras que bajo la parte trasera sólo lo había hecho la mitad como mucho; ¿Qué significado tenían estos datos? Naturalmente que esta última podía dotar del imperio antiguo, pero las laterales y la parte frontal eran dos veces más antiguas.

 

Según un ritmo lineal de desgaste, Schoch estimó que el origen de la esfinge, se remontaba entre el año 7.000 y el 5.000 a. de la era cristiana, muy lejos del asumido oficialmente por la arqueología, pero si este ritmo había sido no lineal, haciéndose más lento a medida que alcanzaba las capas más profundas debido a la creciente masa de roca, la dotación podía fijarse incluso mucho antes del 7.000 a de C.

 

La Sociedad Geológica de América acogió con la mayor de las expectaciones tal tesis expuesta West y Schoch el 23 de octubre de 1.991; muchos de los geólogos allí presentes les mostraron su apoyo, sin embargo los egiptólogos ortodoxos reaccionaron sin perder un segundo, descargando sobre ellos su artillería más pesada.

¿Acaso estaba diciendo Schoch que lluvias tan fuertes sólo descargaron sobre la esfinge y alrededor, pero en ninguna otra parte de Giza? Imposible respondieron a coro.

 

Expuso Schoch; Si partimos de la base de que la esfinge se remonta a la época en que las lluvias fueron comunes a toda la región, mientras que los demás monumentos se construyeron mucho tiempo después. Esto cobra un sentido.

 

Los ofendidos egiptólogos volvieron a clamar con un no rotundo, pues ese tipo de lluvia había dejado de caer miles de años antes de los tiempos de Kefren.

 

Pero veamos en que documentos se ha basado la arqueología para fechar la esfinge hacia al año 2.500 a.C. entre otros en una estela del imperio nuevo, erigida durante el mandato de Tutmosis IV (1.401-1.391) a. de C. que se encuentra delante del monumento y una inscripción con la silaba “Kha” que los egiptólogos identifican como primera silaba del nombre de Kefrén, llamado también Khafra.

 

Estela.

 

Cuando la expedición científica que acompaño al ejército de napoleón planto sus tiendas frente a la esfinge, en el maravilloso veranos de 1.798, los sabios capitaneados por Dominique Vivian Denon, no pudieron resistir la tentación de excavar someramente bajo el cuello de aquel prodigio pétreo. La fortuna acompaño a esta primera incursión arqueológica europea en el país del Nilo, y no tardó en aparecer una estela de granito rosa, grabada con los entonces todavía misteriosos jeroglíficos, en la que se había reproducido, de cuerpo entero, esa misma esfinge cuya cabeza sobresaliendo de la arena había asombrado a los investigadores franceses.

 

Al fin pudo traducirse aquella estela, y la imaginación occidental quedó prendada con la historia de un sueño de un príncipe, de un dios habitante de la esfinge y de una promesa cumplida.

 

Según las expresivas descripciones que en ella se leen, cuando el joven Tutmosis, no era todavía el faraón Tutmosis IV, se complacía en ir de caza por el desierto de Memfis montado en su carro, cuyos caballos eran más veloces que el viento y lanzando flechas y dardos sobre leones y gacelas.

 

Un medio día regresó agotado de cazar y se echo a dormir a los pies de la esfinge. En sueños se le apareció el sol cenital en toda su majestad y oyó como la majestad de ese dios magnifico hablaba por su propia boca, como un padre habla a su hijo;

 

¡Alza los ojos y mírame, oh hijo mió Tutmosis, soy tu padre el dios Harakhti-Khepri-Re-Atun, te doy mi reinado. Un día subirás al trono y llevaras la corona blanca y la corona roja y estarás sentado en el trono de Geb, el rey de los dioses. Para ti la tierra en su longitud y en su anchura y todo cuanto iluminara el ojo del señor de todo!

 

¡La tierra tan grande como es te pertenecerá, así como todo lo que abarca la mirada de fuego, de quien lo domina todo. Riquezas de Egipto y los numerosos tributos de todos los demás países serán patrimonio tuyo!

 

¡Hace muchísimos años que puse la mirada en ti, mi mirada y mi corazón ¿Ves como me oprime la arena del desierto que me rodea? Prométeme que escucharas mis ruego, pues yo se que tu eres mi hijo y mi salvador, y yo estoy siempre contigo!

 

Cuando el príncipe despertó las palabras del dios resonaban todavía en sus oídos el mismo año de su ascensión al trono, 1.419 a. de C. dio satisfacción al deseo expresado por la divinidad que le había otorgado la soberanía sobre el primer país del mundo, e hizo despejar las arenas que casi ocultaban la esfinge.

 

Se esgrimen también como prueba las numerosas estatuas también como prueba las numerosas estatuas de este faraón halladas en el templo del valle, a las que habría que añadir cuatro esfinges delante de este mismo templo funerario, incluso se ha llegado a afirmar que la cara de la esfinge es la del mismo Kefrén, por otra parte, los investigadores sitúan los primeros considerables trabajos de restauración efectuados en la esfinge para rellenar las fisuras o para proteger las áreas corroídas en el imperio nuevo, no después de 1.400 a . C.

 

Para el estudioso Robert Banval, sin embargo todas estas pruebas no demuestran nada, porque no existe ni una sola inscripción , una sola estela, ni un solo papiro que identifiquen a kefrén con la construcción de la pirámide; la mencionada silaba kha podría querer decir cualquier cara, no necesariamente el nombre del citado faraón, ni siquiera el hecho de que esta pirámide se encuentre tan cerca de la esfinge no significa que los mismos monumentos formaran parte del mismo complejo, o que sean de la misma época.

 

Según Banval, sin embargo, las implicaciones de las teorías de West. Van más allá y afirma que, quizás en un futuro no muy lejano, los libros de historia tendrán que reescribirse y los científicos deberán reconsiderar los orígenes de la civilización considerada en su conjunto, porque así es el progreso y así se ha hecho muchas veces.

 

El enigma sobre los constructores de la esfinge se multiplica por la existencia en el templo de Edfu situado entre Luxor y Asuan de más jeroglíficos grabados en las paredes y conocidos como textos de la construcción (200 a. C).

 

En ellos se habla de siete sabios misteriosos que llegarán a Egipto huyendo de una isla descuidad por una gran inundación. Ellos planificaron e iniciaron los trabajos de construcción en un gran montículo identificado por los especialistas como la roca natural de Giza, sobre la que se erigió la esfinge. Según estos mismos jeroglíficos la cultura que estos sabios poseían fue trasmitida de generación en generación a través de una sociedad secreta llamad los señores de la luz.

 

La leyenda de los siete sabios ha servido para alentar la tesis de que la antigua civilización egipcia fue directa heredera de los supervivientes de la Atlántida. El mítico continente del que nos habla platón en el Timeo, y del que el filosofo tuvo noticias según se afirma en dicha obra a través de Solón, legislador griego, que viajo a Egipto en el año 590 a. de C donde se enteraría por boca de los sacerdotes de Sais, de que la Atlántida o tierra primitiva.

 

En cualquier caso como símbolo religioso y testigo de gran parte de la historia humana, la esfinge ha llamado poderosamente la atención de numerosos ocultistas que han visto en ella la portadora de algún antiguo conocimiento sobre el género humano.

 

Así el científico y esoterísta francés Eliphas Levi ya señaló, el pasado siglo, que el complejo arquitectónico de Giza formaba un tentáculo mágico creado por los grandes sabios de la antigüedad para transmitir al futuro su ciencia secreta.

 

Las pirámides, triangulares y cuadradas por la base representan, según el, la metafísica de estos hierofantes, basada en la ciencia de la naturaleza. En cuanto a la esfinge, como cada una de las siete maravillas de la antigüedad, contenía a modo de jeroglífico el secreto de las líneas maestras de ese antiguo conocimiento.

 

Una afirmación no tan descabellada si se tiene en cuenta tal y como afirma el historiador de las religiones Mircea Eliade que los símbolos religiosos antiguos, suelen manifestar la solidaridad entre las estructuras de la existencia humana y las estructuras cósmicas.

 

Existe una antigua creencia según la cual en un tiempo muy remoto, el Nilo estaba dominado por los Shmsu, estos eran seres semidivinos que poseían conocimientos muy avanzados heredados por los sacerdotes egipcios y que algunos investigadores podrían haber sido, al igual que los siete sabios citados en Ekju, descendientes de los supervivientes de la Atlántida.

 

El caso es que en los templos como Edju o Dendera, existen jeroglíficos que indican que fueron construidos sobre otros elevados anteriormente por los Shemsu-Horus, y que estaban orientados hacia Sirio y Orión, constelaciones adoradas por estos seres.

 

Por otro lado según Diodoro de Sicilia, que visitó Egipto en el año 60 a. de C., los sacerdotes egipcios llevaban observándolas estrellas desde hacia al menos diez mis años.

 

En el siglo V de nuestra era el historiador Prodo señalo que la gran pirámide, estaba orientada para ser utilizada como observatorio de Sirio.

 

Probablemente apoyándose en estos datos y en el estudio de otros observatorios astrológicos ancestrales como las pirámides mayas los santuarios de Anghor en Camboya etc., no han sido pocos los investigadores que han visto en todo el conjunto arquitectónico de Giza un reflejo del mapa celeste existente en el momento en que fue, sino erigido al menos planificado. Entre ellos cabe citar al profesor Giorgio Santillana, del instituto tecnológico de Massachussets; la doctora Hertha Von Dechenol, de la Universidad de Frankfurt. Y mas recientemente, al ingeniero anglo egipcio Robert Banval, o al controvertido escritor y explorador orteamericano Gran Hancock.

 

En los años sesenta los profesores Santillana y Von Dechen, señalaron en su obra “El Molino de Hamlet”, que las pirámides y la esfinge encierran en un lenguaje simbólico matemático, las claves de la danza estelar y su influencia sobre la humanidad.

 

Dentro de este contexto, la esfinge tendría el cometido de recordar que la obra arquitectónica fue erigida hace aproximadamente diez mil años, cuando el sol, según el fenómeno de precisión de los equinoccios, aparecería durante el de Leo y Virgo: por ello la estatua mira hacia el este, ambos eruditos también argumentaron en su obra que si los constructores de estos monumentos quisieron legarnos de forma tan imperecedera sus conocimientos astronómicos fue para avisarnos de las grandes catástrofes, que antecederían y sucederían a cada cambio de era estelar.

 

Algunos creen ver una alusión velada a la relación entre este fenómeno y la esfinge, en la carta numero 10 del taro, carta que se conoce como rueda de la fortuna, y muestra varias esfinges entre los objetos que la adornan

 

Herederos de estas actitudes, Hancok, Banvol y Adrian Gilbert han elaborado intrincadas hipótesis, basada en complejos cálculos matemáticos y geométricos, según los cuales las pirámides y la esfinge fueron proyectadas por civilizaciones avanzadas que habitaban el planeta hace unos 10.000 años, con el propósito de reflejar concretamente la constelación de Orión y su célebre cinturón formado por tres brillantes estellas: Nitak, Nilam y Nintaka.

 

Para ellos, todo el conjunto arquitectónico señala una determinada posición de estas estrellas en el cielo; concretamente la más baja sobre el horizonte durante el equinoccio de primavera del 10.500 a. de c. mientras que la esfinge mira hacia donde en aquella fecha, emergía la constelación de Leo. Para estos investigadores, el principal motivo de tal recreación del mapa celeste en la tierra sería que la religión dominante de los constructores, era una religión estelar, según la cual los faraones muertos, se volvían almas estelares en la constelación de Orión.

 

Quizás lo único que podría dar termino a la incertidumbre planteada por los partidarios de todas, ciertas cámaras legendarias próximas a la esfinge, noticias de las cuales han sido transmitidas hasta nuestros días por las tradiciones de hermestístas gnósticos, alquimistas y magos. Según algunos, una de las supuestas puertas distintas para ocultar a ellas desde las tres pirámides cada una de las cuales es custodiada por estatuas de sorprendentes poderes.

 

El ruso Ouspensky, discípulo del enigmático Gurdieff, otro ruso considerado como uno de los grandes magos de este siglo, cuenta que en cierta ocasión Gurdieff se refirió a la esfinge en estos términos: “...es una obra de arte que se dirige a la emoción del hombre y no ha su cabeza… existen muchas obras de arte y arquitectónicas, conocida estatuas de dioses, etc. que pueden leerse como libros, no con el pensamiento, sino con la emoción, si ésta se halla suficientemente desarrollada”.

 

Unos años más tarde Ouspensky pudo comprobar por si mismo a que se refería el maestro ruso, en un viaje a Egipto, sentado en la arena frente a la esfinge, tubo un éxtasis en el que sintió por unos momentos que podía ser la eternidad, y sus conceptos sobre el tiempo se tornaron confusos.

 

Otro de los grandes enigmas de la esfinge ha sido el descubrimiento en 1.926 llevado a cabo por el ingeniero francés Emile Boragie, comunico al equipo de restauración la existencia de una pequeña abertura junto a al cola, según este anciano, el agujero daba acceso al interior del cuerpo de la estatua.

 

También tenemos la constatación de la existencia de otros “túneles” por los diferentes experimentos realizados, atravesando la esfinge con ondas de tipo electromagnético. Utilizando estos sistemas en la investigación, se ha podido conocer que en el flanco norte y en el sur del cuerpo del león, existen al menos, cuatro habitaciones. La esfinge de Giza parece ser un auténtico queso de agujeros, del que todavía nos podemos llevar multitud de sorpresas.

 

El Maestro Samael con respecto a la esfinge dice lo siguiente:

 

“Fueron los miembros de la sociedad de Alkandan, una sociedad atlánte, los constructores de la esfinge. Los grandes sabios de la mencionada sociedad siempre levantaban esfinges en la antigua Atlántida, y después, cuando estos sabios se retiraron de ese continente por causa del gran cataclismo que se avecinaba, (y que ellos no ignoraban), se orientaron hacia le continente “Grambonsi” (hoy llamado África) desde allí, desde el sur de África, avanzaron hasta el país de Nylia (hoy llamado Nilo) y precisamente en Cariona (hoy llamado el Cairo) vivieron y construyeron las esfinges….

 

Dichas Esfinges representan al fuego, al aire, al agua y a la tierra. Las garras del león representan al fuego, el rostro humano al agua, las alas simbolizan al aire y las patas de toro, hacen referencia a la tierra… estos cuatro elementos son fundamentales en la gran obra y se sintetizan en la sal, el azufre y el mercurio de la alquimia. En la sal está contenido el elemento tierra, el elemento agua y el elemento aire.

 

En cuanto al azufre, vemos que se alimenta de la tierra (esto lo evidenciamos en los volcanes) donde también esta presente el fuego, y en cuanto al mercurio, vemos que participa del aire y del agua. La sal, el azufre y el mercurio están pues, allí en los cuatro elementos.

 

¿Cuántas son las virtudes que se necesitan para poder llegar a la autorrealización íntima del Ser? . Hay que tener el valor del león, la inteligencia del hombre, las alas del espíritu y la tenacidad del toro.

 

El arcano cuatro también representa los cuatro físicos y los cuatro elementos de la alquimia.

 

Tierra- sal

Fuego- azufre

Agua-mercurio

Aire-azogue

 

Decían los antiguos alquimistas que el azufre debe fecundar al mercurio de la filosofía secreta para que la sal se regenere; o sea que el fuego deba fecundar al agua para que el hombre se regenere, se auto-realice.

 

También en este arcano encontramos el secreto de la Esfinge, y nos recuerda los cuatro animales sagrados de la alquimia sexual.

 

León: oculta el enigma del fuego-garras de león.

 

Hombre: el agua-rostro del hombre.

 

Águila: el aire-alas de la Esfinge. Espíritu.

 

Toro: la tierra-las cuatro patas traseras. Tenacidad.

 

Estos son los valores representativos de la alquimia solar, necesitamos la tenacidad del toro y las alas del espíritu. La Esfinge nos habla de la gran obra que se realiza con los cuatro elementos.

 

En cierta ocasión me entreviste con el elemental de la Esfinge, es un elemental maravilloso, traía los pies llenos de lodo, él me bendijo y le dije: ya entiendo porque traes los pies llenos de lodo, por la edad esta del Kali Yuga.

 

También en el arcano diez, vemos la Esfinge haciendo equilibrio sobre la rueda, representa la madre del mundo. En ella vamos a encontrar representados como ya anteriormente se ha comentado los 5 elementos.

 

En el arcano 10 encontramos la rueda del destino, la rueda cosmos-génica de Ezequiel. En esta rueda encontramos el batallar de las antitesis, Hermanubis a la derecha, Tifón a la izquierda, esta es la rueda de los siglos, es la rueda de la fortuna de la reencarnación y del karma.

 

La rueda terrible de la retribución, y sobre la rueda ésta el misterio de la Esfinge. En la rueda de las antitesis las dos serpientes se combaten mutuamente. En la rueda se encierra todo el secreto del árbol del conocimiento. Del manantial único salen los cuatro ríos del paraíso, de los cuales uno corre por la espesa selva del sol, regando la tierra filosófica del oro de luz; y el otro circula tenebroso y turbio por el reino del abismo.

 

La luz y las tinieblas, la magia blanca y la negra, se combaten mutuamente. Eros y Anteros, Caín y Abel, viven dentro de nosotros en intenso batallar y hasta que descubriendo el misterio de la Esfinge empuñamos la espada flamígera, entonces nos liberamos de la rueda de los siglos.

 

Al arcano 10 se le llama cabalísticamente reino o centro vital, se le llama raíz plasmante de todas las leyes de la naturaleza y el cosmos.

 

Plasmar significa concebir intelectualmente, y después construir o dibujar. Por esto el 10 es el principio plasmante de todas las cosas”.

 

 

VOLVER