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Círculo de Investigación de la Antropología Gnóstica

 

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Investigación de la

Antropología

Gnóstica

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LAS CUATRO NOBLES VERDADES

Hace unos 2500 años en el país que hoy se llama Nepal, nació un hombre que procesaría la rara y sensata doctrina del que el sufrimiento humano proviene del error. Su nombre era Siddharta Gautama; en vida lo llamaron Shakyamuni (el santo del clan de los Shakya). En las parábolas que comunicó a una gran cantidad de círculos, él solía referirse a sí mismo como el Tathágata, que a veces se traduce como “ El Predestinado”, también significa “El que siente”. Sin embargo, sería conocido como el Budha, que quiere decir “el Iluminado”. Nació en el año 563 antes de la era cristiana, y murió en el 483 a.C., después de haber predicado durante casi 50 años la doctrina.

Tras su muerte sus seguidores fijaron por escrito unos textos en Pali, (lengua próxima al sánscrito y también al dialecto Magadhi). Estos textos contenían las palabras del maestro.  Budha se presentó como una especie de médico de almas y dijo:

Del deseo nace la pena; del deseo nace el temor. Para el que se ha liberado por completo del deseo no existe la pena, ¿de donde podrá venirle el temor?. Él aseguraba que erradicando el deseo cesaba el sufrimiento y con él todas las preguntas. Por eso transmitió el arte de tomar la vida como una corriente, donde hay que sentirse incorporado a ella, si no quiere uno hundirse. Su enseñanza sigue siendo hoy tan válida como lo fue antaño. Sus métodos son igual de factibles para toda persona, cualquiera sean sus creencias religiosas. Él mostró un sendero para abrir el corazón, clarificar la inteligencia y poner fin al sufrimiento. No fue nada fácil la labor del Bienaventurado como también se le conoce, ya que predicó una doctrina que se consideraba herética o hereje, por eso encontró una fuerte resistencia entre los Brahamanes.

Budha es el prototipo del auténtico renunciante, que rompiendo con sus lazos familiares y sociales, se lanza a una incansable búsqueda interior que le conduce finalmente a la liberación. Debido a su infinita compasión, este príncipe de la casta guerrera de la sociedad Arya, se dedicó a impartir la doctrina durante más de cuatro décadas, difundiendo la Buena ley hasta que cumplió la edad de ochenta años y penetró en el Paranirvana o Nirvana absoluto. Fue un investigador incansable del sufrimiento y de la naturaleza humana, y fue como un hábil médico de la mente que ofreció los medios para purificarla y liberarla del dolor. Mostró lo que es útil para reducir el sufrimiento y liberarse del dolor. Insistió en “El Camino del Medio” e invitó a todos los seres humanos a la práctica del triple entrenamiento: 1.- Entrenamiento moral: consiste en desarrollar todas las cualidades positivas y en el cultivo de las virtudes, en el respeto profundo de todo ser viviente, en la adquisición de una profunda compasión y benevolencia. Enseñó que había que poner los medios necesarios para que los otros seres sean felices y, en lo posible, evitar cualquier sufrimiento a toda criatura viviente. 2.- Entrenamiento mental: consiste en el entrenamiento de la mente, y ayuda a desarrollar el corazón, haciendo al individuo más humano y sensible. 3.- Desarrollo de la sabiduría: el entrenamiento moral y mental conduce a la cúspide de la sabiduría, y a la comprensión de las tres características básicas e inherentes de la existencia.

Las características básicas de la existencia son: el sufrimiento, la impermanencia y la impersonalidad. El sufrimiento es universal y alcanza a todos los seres vivos. Por una actitud equivocada de nuestra mente, la impermanencia nos origina sufrimiento de tal forma que al sufrimiento inevitable, le añadimos el deseo o afán de aferrarnos a todo cuanto es transitorio y efímero.

Nada es permanente, estable, inmutable. Todo cambia, todo fluye. Lo que tiene comienzo, tiene fin. Nada es estático. Todo está desprovisto de personalidad, de una entidad permanente e inmutable. Todo está vacío. El fluir continuado de los procesos físicos y mentales proporciona la falsa idea de una personalidad permanente.

Pero ni en el cuerpo ni en la mente hay algo permanente. El Budha después de su iluminación definitiva, formuló las cuatro nobles verdades:  1.-La primera Noble Verdad es la del sufrimiento:

He aquí, o Bhikkhus (nombre que representa a los discípulos de Budha), la noble verdad del sufrimiento; el nacimiento origina dolor, así como la decadencia, la muerte, la asociación con lo que nos desagrada, la separación de lo que amamos, y la no obtención de lo que se desea. 2.- La segunda Noble Verdad es la que el sufrimiento tiene una causa: el deseo, el apego. 3.- La tercera Noble Verdad es que el sufrimiento puede ser eliminado, si el deseo es superado. El Nirvana representa la eliminación del deseo y del sufrimiento. 4.- La cuarta Noble Verdad es la del sendero que conduce a la liberación, al Nirvana. Éste es el noble sendero óctuple. Vivir de acuerdo con los preceptos del noble sendero óctuple conduce a la meta final. El dolor y el sufrimiento son fenómenos humanos universales, pero aun así no es fácil aceptarlos. Los seres humanos hemos diseñado estrategias para evitar los sufrimientos: A) Medios externos: sustancias químicas para reducir el dolor mediante drogas y alcohol. B) Mecanismos internos de defensas psicológicas: que nos protejan de dolores y angustias excesivas. · Negarnos a reconocer que existe un problema.

· Buscar entretenimiento o distracciones para evadirnos.

· O no aceptamos los problemas y los proyectamos sobre los demás y les culpamos de ocasionarnos sufrimiento. Todo esto alivia el dolor durante un tiempo, pero no es definitivo.

Lo cierto es que en nuestra vida abundan los problemas.

Los mayores problemas son los que no podemos evitar, como el envejecimiento, la enfermedad y la muerte. No pensar en ellos nos alivia temporalmente, pero existe un enfoque mejor, una forma más correcta que consiste en afrontar directamente el sufrimiento. De esta manera estamos en mejor situación para ver la naturaleza real del problema que vivimos. Podemos considerar negativos e indeseables el envejecimiento y la muerte y tratar de olvidarlos, pero tarde o temprano terminan por llegar. Sin embargo si dedicamos un tiempo a pensar y reflexionar en la vejez, la enfermedad, la muerte, la mente tendrá más estabilidad, ya que nos familiarizaremos con su naturaleza.

Es por tanto útil prepararse, familiarizarse con el sufrimiento. Podemos prepararnos mentalmente para el sufrimiento, al menos hasta cierto punto, aunque eso no resuelve el problema, pero sí reduce el temor al problema y al sufrimiento. El sufrimiento forma parte de la vida humana, pero existe la tendencia a odiar nuestro sufrimiento y nuestros problemas. Si aceptamos que el sufrimiento forma parte de nuestra existencia, se pueden empezar a examinar los factores que dan lugar a sentimientos de insatisfacción e infelicidad. Uno se siente feliz si las personas que nos rodean o nosotros mismos conseguimos fama, fortuna u otras cosas agradables. Sin embargo uno se siente desdichado y descontento si no se consiguen esas cosas, o si las llega a conseguir un enemigo. Muchos son los factores que causan dolor, sufrimiento y sentimientos de insatisfacción.

Hay que modificar nuestra actitud hacia el sufrimiento, y así podremos afrontarlos cuando lleguen. La actitud habitual que tomamos consiste en aversión e intolerancia intensa hacia nuestro dolor. Si tomáramos una actitud de mayor tolerancia, esto contribuiría a contrarrestar los sentimientos de infelicidad, insatisfacción y descontento. La práctica más efectiva para tolerar el sufrimiento consiste en ver y comprender que el sufrimiento es la naturaleza fundamental del Samsara, de la existencia no iluminada. Ante el dolor surge un sentimiento de rechazo, pero si nos damos cuenta de que este cuerpo es la base misma del sufrimiento, eso reduciría el rechazo. Cuando ocurre una desgracia siempre nos preguntamos ¿cómo ha podido ocurrir esto? pero se podría examinar esa desgracia desde otro ángulo, reflexionando que esa persona o ese lugar donde ha ocurrido la tragedia se encuentran en pleno Samsara, forman parte del Samsara, al igual que el planeta y toda la galaxia.

Si nuestra perspectiva básica, es que el sufrimiento es negativo y que hay que evitarlo a toda costa, padeceremos siempre ansiedad e intolerancia, y en las circunstancias difíciles nos sentiremos abrumados y sin saber que hacer. Sin un cierto grado de tolerancia hacia el propio sufrimiento, la vida se convierte en algo miserable, como una mala noche eterna. Existe la posibilidad de liberarnos del sufrimiento, mediante la eliminación de sus causas. Según la tradición budista las causas profundas del sufrimiento son: la ignorancia, el deseo y el odio (los tres venenos de la mente). Al hablar de ignorancia, no se hace referencia a la falta de información, sino más bien a una falsa percepción de las cosas. Si permitimos que los sentimientos de dolor persistan en nosotros, estos nos conducirán al “ensimismamiento y a la soledad”, dando lugar a la aparición de la depresión.

Darnos cuenta y reflexionar de que también otros seres humanos han pasado por esos mismos sufrimientos permiten que no nos sintamos aislados. En las culturas orientales existe mayor capacidad para afrontar el sufrimiento y tolerarlos, y esto se debe en parte a sus creencias religiosas, pero también se debe a que el sufrimiento es más visible en las naciones más pobres. El hambre, la pobreza, la enfermedad y la muerte están a la vista de todos. Cuando una persona envejece o enferma, no es marginada, ni enviada a residencias, sino que permanece en la comunidad y es atendida por la familia. En esos países pobres, no se cuenta con los medios económicos de Occidente, por lo que es fácil ver en las calles deambulando a multitud de gentes indigentes, de enfermos pidiendo limosna, de niños abandonados, etc. De tal manera que quien vive en contacto directo en medio de la realidad, no puede negar que el sufrimiento forma parte real de la existencia. Con la actual tecnología, la sociedad occidental ha mejorado el nivel general de bienestar y esto hace que exista un cambio en la percepción del mundo: a medida que el sufrimiento se hace menos visible, deja de verse como algo natural a los ojos del ser humano. Se le considera una anomalía, una señal de que algo ha salido mal, una señal de fracaso de algún sistema político, religioso, familiar... etc.

Esta forma de pensar es peligrosa. Si pensamos que el sufrimiento es algo antinatural, algo que no debiéramos experimentar, entonces siempre buscaremos culpables. Creeremos que lo que nos pasa se debe a alguien, al médico que no ha sabido curarnos, a nuestros padres que no nos educaron bien, a nuestros amigos que nos abandonaron, y como última instancia, le culpamos a Dios de nuestro dolor. Pensamos, “si tengo sufrimiento, tengo que ser por tanto una víctima”. Esto es una idea muy común en Occidente. Quien nos castiga con el sufrimiento puede ser el gobierno, el sistema educativo, unos padres abusivos, una familia disfuncional, el sexo opuesto, o nuestro cónyuge, o quizás el mal está dentro de nosotros: unos genes defectuosos... etc. El hecho de asignar culpas y mantener la postura de víctima, es lo que hace que perpetuemos nuestro sufrimiento, con sentimientos persistentes de cólera, frustración y resentimientos. Ciertamente es legítimo observar nuestro sufrimiento, y conocer sus causas para tratar de aliviarlo, pero mientras veamos el sufrimiento como algo antinatural, como una condición “anormal” que tememos y rechazamos, nunca lograremos desarraigar sus causas y llevar una vida feliz. Existe también dentro de nosotros un tipo de sufrimiento, producida por nosotros mismos, un sufrimiento autoinfligido. Hay muchas formas de contribuir activamente a experimentar inquietud mental y sufrimiento. Aunque generalmente tienen origen en causas externas, somos nosotros quienes las empeoramos. Si pensamos en las presuntas injusticias de que hemos sido objeto, y seguimos pensando una y otra vez en ellas, avivamos el odio, convirtiéndolo en algo muy intenso.

Igual sucede cuando sentimos apego por alguien, y pensamos continuamente en lo hermosa y atractiva que es esa persona, el apego se hace mas fuerte. Esto demuestra que podemos cultivar nuestras emociones y darlas mayor o menor energía. Otra forma de incrementar nuestro dolor es con una sensibilidad excesiva. Al reaccionar con exageración ante cosas nimias. Existe una tendencia en el ser humano a tomarse las cosas pequeñas demasiado seriamente, a sacarlas de quicio, mientras que al tiempo seguimos indiferentes ante las cosas realmente importantes, o aquellas que tienen efectos profundos sobre nuestras vidas y consecuencias sobre ellas a largo plazo.

El dolor no es sino una creación mental. Si alguien habla mal de nosotros, el sufrimiento depende de cómo reaccionemos. Si reaccionamos con cólera, somos nosotros mismos quienes destruimos nuestra propia paz mental. Si reaccionamos dejando pasar la difamación como un viento silencioso al que no se hace caso, nos estamos protegiendo de ser heridos. Una persona que fue detenida durante la 2ª Guerra Mundial por los alemanes y enviado a un campo de concentración, al contar más tarde sus experiencias dijo: "Comprendí entonces que la infelicidad sobreviene porque creemos ser el centro del mundo, porque tenemos la mezquina convicción de que únicamente nosotros sufrimos y con una intensidad insoportable. La infelicidad consiste en sentirnos siempre aprisionados en nuestra piel y en nuestro cerebro”. ¿Cómo poder afrontar el sentimiento de injusticia que con tanta frecuencia nos tortura cuando surgen los problemas?. Conocer la existencia de otras vidas y el karma acumulado, hace que aceptemos mejor el sufrimiento. De esa forma cuando sufrimos nos consolamos pensando que se debe al karma ocasionado en otras vidas.

Sin embargo se tiende a echarle la culpa al karma de todo lo que nos sucede, para así no asumir la responsabilidad o la necesidad de tomar iniciativas. Es muy fácil decir: esto se debe a mi karma pasado ¿qué puedo hacer? soy impotente ante el problema. No se debe ser pasivo, ni tratar de excusarse, porque si conocemos correctamente el concepto del karma, sabremos que hay que actuar para crear nuevas circunstancias.  Para las personas que no creen ni en el karma, ni en Dios, entonces quizás les ayude a superar el sufrimiento un enfoque práctico y científico que consiste en hacer un análisis objetivo de las situaciones difíciles o problemáticas, porque así se descubre que detrás de las apariencias hay otros factores que influyen. Al examinar cualquier situación de una forma imparcial y honesta, nos daremos cuenta de hasta que punto somos también responsables de los acontecimientos que vivimos. Por ejemplo, muchas personas echaron la culpa de la guerra del Golfo a Saddán Husseín.

Ciertamente que es responsable de muchas barbaries, pero esto no es justo, porque aunque su capacidad para hacer daño fuese grande, sin embargo está limitada, y no sería posible si no tuviera un ejército formado por otras personas, y también otras naciones implicadas. La tendencia innata del ser humano consiste en achacar sus problemas a los demás o bien a factores externos, y además siempre se busca una “sola causa”, para así eludirnos de toda responsabilidad. Siguiendo con el ejemplo anterior, se puede decir que Saddán Husseín no es la única causa del conflicto. Observar las circunstancias de esta forma supone mirar las cosas de una forma holística, darse cuenta de que son “muchos” los factores que intervienen en un hecho. Referente a la invasión de los chinos en el Tibet, el Dalai Lama expresó lo siguiente: "También nosotros hemos contribuido a originarlo, sobre todo por la negligencia de las generaciones que nos precedieron. Así que nosotros los tibetanos hemos contribuido a esa trágica situación, no es justo echarle toda la culpa a China". Debemos saber que todos somos imperfectos. Reconocer nuestros errores nos sirve para mantenernos en el camino correcto. Pero esto no debe caer en un sentimiento de culpabilidad excesiva, porque entonces sólo conseguiríamos flagelarnos inútilmente. Causa realmente asombro el ser humano que afronta plenamente las tragedias de la vida y responde ante ellas, incluso con profundo pesar, pero sin permitirse caer en una culpa excesiva o en el autodesprecio.

Es admirable el ser humano que se acepta plenamente a sí mismo, con sus limitaciones, debilidades y errores de juicio. La marca de la culpa sólo nos causa un sufrimiento innecesario. Hay que saber afrontar con elegancia y dignidad las circunstancias sin hundirse, y dedicando nuestras facultades a la ayuda a los demás.

La culpabilidad surge cuando nos creemos que hemos cometido un error irreparable. El V. M. Samael decía: "No son las pérdidas ni las caídas lo que pueden hacer fracasar nuestra vida, sino la falta de coraje para levantarnos y seguir adelante.

También nos explicaba que debemos aprender a colaborar con lo inevitable".

Se hace necesario encontrar significado al sufrimiento. Descubrir el significado del sufrimiento constituye una poderosa ayuda para afrontar las situaciones, incluso las más difíciles. Esto no es fácil, porque a veces el sufrimiento parece fortuito, sin significado alguno. Durante los periodos que vivimos de crisis aguda de algún problema parece imposible reflexionar sobre cualquier significado que pueda esconder el sufrimiento, y lo consideramos una injusticia preguntándonos ¿por qué a mí? Sin embargo en los periodos de alivio o posteriores a experiencias de sufrimiento, podemos reflexionar y buscar su significado. Realmente en la actualidad existe gran confusión y miseria, tanto en lo individual como en lo colectivo, este es un hecho que ocurre a nivel mundial.  Hay un sufrimiento extraordinariamente agudo. Se trata, pues de una catástrofe mundial. Hay sufrimiento: político, social, religioso. Todo nuestro ser psicológico está confuso, y todos los dirigentes políticos y religiosos también. Casi todos estamos acostumbrados a ser espectadores, somos simples extraños que miran, y hemos perdido la capacidad creadora. Pero se hace necesario averiguar la respuesta a este proceso del sufrimiento.

Generalmente, nuestra respuesta es de indiferencia si nos beneficiamos con el caos, con el sufrimiento, si obtenemos provecho del mismo, ya sea económico, social, político y religioso. No nos importa, por lo tanto, que este sufrimiento continúe. Existen escuelas que ofrecen sistemas para hallar soluciones al sufrimiento económico, político, social, religioso, etc., dando mas importancia al sistema, de izquierda, de derecha, etc., no al hombre.

El sistema se ha vuelto lo importante, por lo que el hombre pierde significación. Habría que preguntarse ¿cuál es la causa de este sufrimiento, miseria o confusión? Esto indica el derrumbe de todos los valores morales, espirituales, y la exaltación de todos los valores sensuales, del valor de las cosas hechas por la mano o por la mente del hombre. El cuerpo es la morada de la miseria y la enfermedad. La riqueza cuesta mucho de adquirir y de conservar. Ya hemos tenido suficiente de padre, madre, hijos, hermanos, esposos y parientes en el pasado. Vinimos solos y solos nos iremos. Nada nos seguirá excepto nuestras propias acciones. Realicemos a Dios y todo sufrimiento tocará a su fin. Aún rodeado de objetos placenteros o dolorosos que perturba el equilibrio de la mente, hay que permanecer inmóviles como una roca, aceptando todo con ecuanimidad. Hay que ser siempre alegres y sonreír. ¿Cómo puede una mente entristecida y apesadumbrada pensar en Dios?. Es necesario que exista en nosotros algún tipo especial de espiritualidad. Decía Gandhi: "Deberíamos sentir vergüenza de descansar, o de tomar una comida copiosa, mientras que un ser humano, en situación de trabajar, este en situación de desempleo o sin alimento". De igual forma podríamos decir: que deberíamos sentir vergüenza de no hacer nada, mientras a nuestro alrededor el mundo se derrumba debido a tantos sufrimientos.

 

 

 

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