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Círculo de Investigación de la Antropología Gnóstica

 

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LAS BIENAVENTURANZAS

 

CAPITULO II DEL LIBRO TITULADO "VIDA Y ENSEÑANZAS DEL SEÑOR JESÚS"  de Sri Swami Sivananda.

 

¿Qué es la bienaventuranza?

 

En verdad, Dios ha bendecido a todos. El nacimiento humano es una gran bendición que el Señor te ha conferido. La inteligencia y el poder de discernimiento son bendiciones posteriores que Él te ha otorgado. Oímos en el lenguaje diario que tal o cual persona ha sido bendecida con un hijo o con alguna ventaja material.

 

Es cierto, pero la bendición a la que el Señor Jesús se refiere al comienzo mismo de Su Divino Sermón de la Montaña, es algo diferente. Es verdadera bendición. Es la condición en la que el Espíritu de Dios entra en el corazón del hombre y éste ya no pertenece más al mundo sino que se transforma en un ser divino. El aspirante espiritual ha sido aceptado por Dios como Suyo: Esa es la verdadera bendición. La individualidad cesa y el santo glorioso se convierte en un instrumento en Sus Manos – mejor dicho, casi en una parte de Su Ser, cumpliendo con Su Voluntad, viviendo una Vida Divina, representándolo en esta tierra. Esa es la verdadera bienaventuranza. Aquél que la logra se convierte en una bendición para la humanidad.

 

¿Quiénes son los benditos?

 

La Vida Divina consiste en la ausencia de deseos

 

Benditos son los humildes; porque suyo es el Reino del Cielo. Humildes son los que se han vaciado de todo ego. Los hombres soberbios, que se sienten orgullosos de su riqueza, genealogía, erudición y sabiduría, no tienen lugar en el Reino del Cielo. Lo que ellos verdaderamente busquen con sinceridad, eso obtendrán. Pero ¿qué buscan? Se esfuerzan por obtener la admiración de los hombres, popularidad en el mundo y prosperidad en términos de objetos mundanos. Eso pueden obtener, aunque la naturaleza fugaz de las cosas mundanas seguramente los haga sentir miserables al final. Pero aquellos que son humildes no desean nada para sí en este mundo. El deseo muere de hambre silenciosamente en su interior. Ellos tienen sabiduría en abundancia. Pero ésta se ha vuelto de tal modo parte de su propio ser que no son conscientes de ello. Cuando se lo hacen notar, ellos se lo adjudican al Señor. No poseen nada; no tienen nada; no quieren nada; no existen como entidades independientes – son Suyos. Por lo tanto, Él vive en ellos; y Su Gracia fluye a través de ellos. “Suyo es el Reino del Cielo”. ¡Qué gran recompensa obtienen al renunciar a las cosas de este mundo de dolor y muerte! El Reino del Cielo les pertenece. Son los propietarios, los regentes del Reino del Cielo. La humanidad puede obtener salvación por su intermedio.

 

Plegaria y anhelo por Dios

 

Benditos son los afligidos, porque ellos serán consolados. El gran devoto del Señor sufre por estar separado de Él. El aspirante entusiasta por obtener a Dios sufre debido al acecho de las debilidades humanas que le impiden obtener la perfección. No es un lamento en el sentido usual del término; no es llanto y gemido. Hay un extraño gozo en esta aflicción. Hay un gran anhelo; surge una plegaria poderosa y sincera en el fondo del corazón. Es una plegaria por Su Gracia, por la iluminación del corazón de los seres humanos, y porque Su Sabiduría Redentora llene el alma de todo ser humano en la tierra. Porque, recuerda, el bendito no tiene posesiones ni deseo; ¿de qué se puede lamentar? En verdad, su aflicción es ansia; no es que él desee obtener algo para sí, sino para que toda la humanidad sea bendecida. “Serán consolados”: Seguramente, es debido a que estos benditos son consolados una y otra vez que hay prosperidad en el mundo y, a pesar de tanta deshonestidad, continúa habiendo numerosos buscadores de la Verdad, generación tras generación. Este es el consuelo por el que oran y que el Señor les confiere. Por lo tanto, estas son verdaderas bendiciones de Dios para la humanidad.

 

Humildad: Característica distintiva de un héroe

 

Benditos son los dóciles; porque ellos heredarán la tierra. Docilidad no es debilidad. La humildad es el signo del héroe. La primera bienaventuranza prometió el Reino del Cielo para el santo sin ego, esta bienaventuranza proclama que el manso heredará la tierra. Aquél que sirve a Dios y a la humanidad, que se somete humildemente a Su Voluntad y acepta todo lo que viene como Su Gracia; aquél que es verdaderamente humilde de corazón, experimentando Su Omnipotencia, Omnisciencia y Omnipresencia, tal bendito irradia bendiciones. El mundo entero es atraído hacia él; porque en su presencia, la gente siente una paz y una felicidad inexpresables. Él no tiene necesidad de reinos mundanos ni de cosas de esta tierra. Pero gobierna el corazón de todos los seres humanos – del mismo modo en que el Señor Jesús gobierna los corazones de la humanidad entera.

 

Monumentos vivos de la Ley Divina

 

Benditos son aquellos que tienen hambre y sed de justicia; porque ellos serán llenados. El significado está perfectamente claro. Pero vale la pena mencionar una implicancia de ello. La justicia que es la Voluntad de Dios es omnipresente. La Gracia de Dios está siempre lista para llenar el corazón del hombre y hacer que éste sirva a Su Voluntad, elevándose al hacerlo así. Pero es el hombre egoísta y terco que Le niega la entrada en su corazón. Por lo tanto, obtén Su Gracia, que Su Voluntad se haga por tu intermedio, que Su Virtud impregne tu personalidad; es mucho más fácil de lo que imaginas. Debes anhelarlo; debes ansiarlo. Debes manifestar un entusiasta deseo por volverte divino. Debes aspirar a llevar una vida virtuosa. Debes rogarle que te llene con Su Gracia. Esta aspiración esta plegaria, abre el portal interior de la cavidad de tu corazón y esta es llenada inmediatamente con Su Gracia. Verdaderamente benditos son aquellos que son llenados de este modo. Porque al ser llenados con Su Justicia, ellos viven y se mueven como monumentos vivientes de la Ley Divina, inspirando así a otros también a elevarse y transformar la misma tierra en un paraíso.

 

Compasión: Una virtud divina

 

Benditos son los compasivos; porque ellos obtendrán compasión. Dios es compasión absoluta. El vivificante calor del sol, la pureza sostenedora de vida del aire fresco, el agua brillante que sacia tu sed y hace posible la vida, la buena tierra que da alimentos nutritivos, además de proveerte de un lugar para vivir – esto te recuerda constantemente que Dios es pura compasión. Para que puedas evolucionar, él te ha dado un nacimiento humano y te ha puesto bajo las circunstancias más adecuadas para tu temperamento, calculadas para acelerar tu progreso hacia la perfección. Él te da cantidad de oportunidades para ejercitar las cualidades divinas que están latentes en ti, de modo que puedas volverte perfecto como Él. El mendigo a tu puerta, el huérfano en la calle, el desnudo, el iletrado, el hambriento y los enfermos niños de Dios están allí para proveerte oportunidades de poner en práctica la compasión divina en ti. Abre tus ojos y sírvelos. Viste al desnudo; educa al iletrado; alimenta al hambriento y cura al enfermo. Esto hará que crezcas en misericordia. Porque Dios es misericordia absoluta. Cuando seas compasivo, obtendrás Su Compasión. Cuando obtengas Su Misericordia, serás en verdad bendito; y serás una bendición para la humanidad, porque todo el que entre en contacto contigo será testigo del milagro de Su Compasión curando, consolando e iluminando a todos, y llenando el mundo con la luz de la sabiduría, con paz y beatitud.

 

La visión de Dios

 

Benditos son los puros de corazón; porque ellos verán a Dios. No necesitas viajar grandes distancias para ver a Dios. No tienes que esperar a abandonar este cuerpo humano para ascender al cielo y así ver a Dios. Puedes verlo aquí y ahora. Sólo es necesario un requisito, pureza de corazón. El corazón debe estar limpio de toda impureza – lujuria, ira, codicia, egoísmo y todos los otros males que han anidado en tu corazón.

 

Dios está sentado en tu corazón. Pero el velo de impureza te impide Su visión. Todo lo que tienes que hacer es eliminar ese velo, despojarte de esa impureza del corazón. Entonces, Lo verás aquí y ahora con toda Su Gloria y todo Su Esplendor.

 

Benditos son aquellos que tienen así una visión de Dios, porque ellos irradiarán Sus Bendiciones a todo el mundo.

 

Hijos de Dios

 

Benditos son los pacifistas; porque ellos serán llamados hijos de Dios. Dios creó el mundo. Él es el Padre de toda la creación. Todos los seres en la tierra son Sus hijos. La humanidad entera es una familia. Aquél que pelea con otro, el que promueve guerras y discordia entre comunidades y naciones, trabaja contra esta Ley Divina de Unidad. Mientras que aquél que une a la gente en amor y armonía, que se esfuerza por establecer paz en la tierra y armonía entre los corazones humanos, trabaja al unísono con la Ley Divina. Por lo tanto, merece ser llamado verdadero hijo de Dios. Porque ha heredado las cualidades divinas del Señor en su totalidad.

 

Primero encuentra la paz en tu propio corazón mediante la plegaria y la humildad. Ve a Dios primero y compartirás Su Paz. Luego irradia paz a la humanidad. Tu sola presencia pacificará. Irradiarás Paz. Benditos son tales pacifistas porque ellos son un don para este mundo desgarrado con conflictos y guerras.

 

Los benefactores de la humanidad

 

Benditos son aquellos que aman la justicia, porque suyo es el Reino del Cielo.

 

Benditos son ustedes si, por amor a Mí, son injuriados, perseguidos y calumniados por los hombres.

 

Regocíjate, alégrate mucho ¡porque tu recompensa en el Cielo será grande! Ya que así fueron perseguidos los profetas que te precedieron.

 

Los Santos son una bendición para la humanidad. Son los mayores benefactores de la humanidad. La paz y la felicidad que hay en el mundo se deben sólo a que una y otra vez los gloriosos santos y hombres de Dios han nacido en la tierra, restableciendo en ella Su justicia.

 

Aún así, es tal la tragedia del mundo en el que vivimos que un sector de la humanidad se revela contra estos hombres de Dios, los difama y crucifica. Los seguidores de la filosofía de la carne, los gusanos que se deleitan en la mundanalidad, los sensuales, los hijos insensatos de Satán, no pueden “soportar” el Resplandor Divino de los santos piadosos, del mismo modo en que la lechuza no puede soportar la luz brillante del día. Aún así, la naturaleza divina de estos santos benditos es tal que son “incapaces” incluso de resistir el mal, vengarse o protegerse de los ataques de los malintencionados. La historia del mundo ha sido testigo de innumerables persecuciones en las cuales los benditos han perdido sus vidas en su esfuerzo por mantener la justicia.

 

¡Oh, maravilla de maravillas! Sacrificando sus vidas para la gran causa divina de la justicia, “por amor a Él”, han cumplido su misión. El sacrificio supremo de su vida misma es la gloria que corona su misión. El hecho del sacrificio de uno mismo afecta la Mente Humana más profundamente que toda la prédica que hayan podido hacer y la gente comienza a darse cuenta de que si este hombre grande y bendito pudo sacrificar su propia vida por el principio que sostuvo siempre, vale la pena adherirse a ellos. Es casi una revolución que tiene lugar en el corazón del hombre y él toma el sendero de la rectitud con arrepentimiento, abandonando para siempre el sendero del mal en el cual se derramó la sangre de su Amado, el Glorioso Hombre de Dios.

 

Tanto en la vida como en la muerte, el santo cumple la gran misión de restablecer la justicia sobre la tierra. Esa es la Misión de Dios. Aquél que la hace propia es realmente bendito. Es una bendición para toda la humanidad, porque muestra el camino hacia Dios, hacia la fuente de vida, luz y amor, fuente de paz, plenitud y prosperidad.

 

¡Que los dones más selectos de los Benditos desciendan sobre todos ustedes! ¡Que todos ustedes se vuelvan verdaderamente benditos en este mismo nacimiento!

 

 

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