CIAG 

Círculo de Investigación de la Antropología Gnóstica

 

Círculo de

Investigación de la

Antropología

Gnóstica

...

LA CULTURA DE LA PAZ

 

Alguien dijo:

 

El plan era perfecto: nos fue dado el regalo de la Vida y un hermoso Mundo para disfrutar...

Sin embargo, nuestros días transcurren entre obligación y obligación, acorralados por problemas y apuros.

El exquisito arte de vivir se ha convertido en la apremiante necesidad de sobrevivir... o rendirse.

Verdes bosques frescos perfumados de esencias naturales esperan por nosotros. Inmensos cielos azules y profundos como el alma bordados de estrellas encendidas para deslumbrarnos nos ofrecen su bendición de asombro y de magia. Bellas criaturas fueron puestas sobre la tierra para aliviarnos el camino y alegrarnos las horas: el noble caballo compañero del hombre de campo, el perro fiel maestro de sencillez y ternura, el ave libre y señera de rumbos, y los niños... páginas que nos recuerdan permanentemente de dónde venimos...

La enumeración es infinita como el Universo. ¿Por qué el hombre lo está destruyendo?

Cuando pensamos en la Paz, lo primero que se nos ocurre es la ausencia de guerra. Pero la Paz es mucho más que eso.

Así como la Siembre comprende una suma de tareas que incluye preparar la tierra, delinear los surcos, seleccionar las semillas, elegir el momento oportuno, hacer acopio de los materiales y herramientas que se van a utilizar, y no solamente el hecho de introducir las semillas en la tierra, la Paz también implica muchas cosas.

La Paz implica preparar el terreno para que no surjan circunstancias que la puedan poner en peligro.

La Paz necesita de la tolerancia, de la justicia, de la igualdad, de la solidaridad, y también de la responsabilidad de los gobernantes, quienes tienen el destino de los pueblos en sus manos, para tomar decisiones acertadas que hacen al bien común.

La Paz se nutre de las buenas intenciones, de la educación, de la comunicación, del compromiso, del respeto.

La Paz se hace presente en cada momento del día, en el pan en la mesa, en la dignidad del trabajador que gana su sustento honradamente, en el trato cordial de un empleado píblico, en los jóvenes que se preparan para ser personas de bien, en el vuelo migratorio de las aves, en un niño que aprende a cuidar un árbol, en un abuelo que sonríe, en la primera siesta de un bebé, en la evolución del ser humano hacia su destino superior, en el progreso de la ciencia aplicada a la sanación, en el respeto por la Madre Tierra, por lo sagrado, por el río, por nuestros hermanos animales, por los primeros habitantes de estas tierras, por nosotros mismos...

Todo eso es La Paz...

Y tantas cosas más que podemos descubrir a cada instante... si tenemos la suerte de poder vivir en Paz.

 

Tenemos un hermoso mundo en nuestras manos... debemos aprender a cuidarlo.

El mundo es nuestra casa, y hasta ahora no hemos podido darle un destino feliz.

Entonces... ¿Qué podemos hacer para recuperar este paraíso?

 

Hay que aprender nuevas conductas para empezar a revertir esa situación de destrucción y transformarla en acciones positivas.

Es indispensable que esas acciones se manifiesten en expresiones y se concreten a través de hechos pacíficos, pues hemos visto a lo largo de la historia que la violencia genera más violencia.

Todos podemos ser protagonistas de este cambio pues los verdaderos cambios suceden a través de pequeñas contribuciones a la Paz, mejorando la actitud en el trato cotidiano con los semejantes, adoptando una actitud mental positiva hacia el entorno, rechazando las referencias violentas que la televisión o algunos juegos de dudosa intención tratan de imponernos inconscientemente para hacer de nosotros un ser violento o frustrado, negándonos a involucrarnos en hechos poco éticos.

Entonces, ante el asedio de estímulos agresivos al que estamos sometidos por ser parte de la sociedad actual, debemos protegernos incorporando elementos que nos ayuden a soportarlos y, en un futuro mediato, a repelerlos. Esto se logra mediante la construcción de nuevas conductas.

Ese conjunto de nuevas conductas que tenemos que aprender si queremos realmente vivir en un mundo mejor da origen a una nueva Cultura: la Cultura de la Paz...

 

La Paz no es Colectiva. Nace en el Individuo, y desde allí como un sol que se expande, llega a la colectividad.

 

 

Cada uno de nosotros, puede alcanzarla si se esfuerza para ello; si se esfuerza para VER, y son pocos los que quieren hacerlo. La gran mayoría nos conformamos con mirar.

 

El que mira, deambula; solo el que ve, camina. Caminar es haber entendido el por que de nuestro estar presentes dentro de un cuerpo y un tiempo, y es querer llevar a cabo eso que se ha entendido.

 

Gandhi decía:

 

No hay camino para la paz, la paz es el camino.

 

Cada uno de nosotros es una posibilidad de “Ser”, y la desperdiciamos cuando en vez de acercarnos a lo sublime, descendemos y trasnochamos con lo que de animalesco llevamos dentro.

 

La paz es un valor que siempre ha sido buscado y anhelado por los hombres y los pueblos, de tal forma, que en nuestra época actual, la paz constituye el lema de numerosísimas asociaciones, programas e ideologías. Así no es de extrañar que el número de organizaciones nacionales e internacionales, dirigidas a fomentar la paz, y el número de escritos, documentos, monumentos, etc., dedicados a la paz se incremente.

 

La palabra paz en griego es “eiréne”, y en latín “pax”, significa tranquilidad, sosiego, quietud, armonía, equilibrio...

 

También significa virtud que pone en el ánimo, tranquilidad y sosiego, opuesto a la turbación y las pasiones.

 

Otra definición es sosiego y buena correspondencia de unos con otros, especialmente en las familias, en contraposición a las disensiones, riñas y pleitos.

 

La palabra paz se usa frecuentemente:

 

“A la paz de Dios”: locución familiar con que se despide unos de otro o de una conversación..

 

“Aquí paz y después gloria”: frase figurativa que se usa para indicar la terminación de una cosa e indica también lo felizmente con que dio término.

 

“Así habrá paz”: frase figurativa que suele decirlo el jugador, principalmente del mus, cuando á cualquiera de los contrarios le da mucho más juego que a él y a sus compañeros.

 

“Brinda a uno con la paz”: frase figurativa y familiar que se dice cuando, teniendo en nuestra mano la solución de un asunto complicado, cedemos por nuestra parte y ofrecemos poner los medios necesarios para su feliz terminación.

 

“Con paz sea dicho”: expresión que significa con beneplácito y permiso, o sin ofensa.

 

“Dar paz a uno”: saludarle besándole en el rostro en señal de amistad. También se decía de la acción amistosa de poner las manos sobre los hombros.

 

“Dejar en paz a uno”: no inquietarle o molestarle.

 

“Descansar en paz : morir y salvarse; conseguir la bienaventuranza.

 

“En paz y en haz”: locución adverbial. Con vista y consentimiento.

 

“En paz y jugando, se suele ir pasando”: referencia que indica que habiendo unión y concordia, por poco que uno se ingenie puede ganarse la vida.

 

“Estar en paz”: frase en el juego, se toma por igualdad de caudal o del dinero que se ha expuesto, de modo que no hay pérdida ni ganancia.

Dícese por la igualdad en las cuentas cuando se paga enteramente el alcance o deuda.

 

“Haya paz, paz duradera, y sea lo que Dios quiera”: referencia que denota que la paz es el fundamento de todos los bienes.

 

“Ir en paz, o con la paz, de Dios”: frase con que cortesanamente despide uno al que estaba en su compañía o conversación.

 

“Ofrecer la oliva de la paz”: frase figurativa. Hacer proposiciones pacíficas que alejen los conflictos de la guerra.

 

“¡Paz!”: interjección que se usa para ponerla o solicitarla entre los que riñen.

 

“Paz sea en esta casa”: expresión con que se saluda generalmente cuando se entra en una cosa.

 

“Paz y paciencia y muerte con penitencia”: referencia que comprende las reglas de vivir y morir bien.

 

“Paz y pan”: expresión con que se significa que estas dos cosas son la causa y fundamento principal de la quietud pública.

 

“Poner en paz a dos o más personas, o poner paz entre ellas”: mediar o interponerse.

 

“Sacar a paz y a salvo a uno”: frase que significa librarle de todo peligro o riesgo.

 

“Vaya, o vete, en paz, o con la paz de Dios”.

 

“Vaya, o vete, con Dios.

 

“Venir uno de paz”: venir sin ánimo de reñir, cuando se temía lo contrario.

 

Existen dos tipos de paz:

 

1. La paz social.

2. La paz individual.

 

La paz social es la resultante de la paz familiar, sindical, laboral, regional, pública internacional, etc.

 

La paz social es la forma de convivir, o coexistir, los hombres de tal modo que las diferencias o discrepancias de afectos, voluntades y convicciones existentes entre ellos, se resuelvan por acuerdo racional no por el arbitrio de la lucha física, armada o no.

 

Hay paz, pues, cuando las tensiones entre los hombres se resuelven por la fuerza de la razón y no por las sinrazón de la fuerza.

 

Esta paz social irradia entre los miembros de una comunidad un sentimiento subjetivo de tranquilidad y descanso haciendo sentir que las cosas están en su sitio.

 

Este primer tipo de paz, sólo es alcanzable a través del “derecho”.

 

La paz es un “fin” del derecho, esto significa que la paz no debe considerarse principio o fundamento del derecho. No es que tenga que haber paz para que pueda haber derecho, sino que tiene que haber derecho para que pueda haber paz.

 

Ciertamente la paz social sólo se logra, tras haber alcanzado el fin primario que persigue directamente el derecho, que es el establecimiento de un orden social justo.

 

Por eso la paz siempre es el resultado de cualquier actividad “éticamente” normada.

 

El derecho es en suma, el instrumento fundamental, para la instauración de la paz social, lo que significa que para alcanzar duraderamente la paz social, el derecho precisa apoyarse en las convicciones morales de los miembros de la comunidad, y más concretamente y ante todo, en el amor mutuo entre los miembros del grupo social, y en definitiva, en la conducta virtuosa general de todos los miembros del grupo.

 

Esta es la paz resultante de un determinado orden en la sociedad, un orden justo.

 

Justicia y paz son términos inseparables, ya que la paz es la manifestación más ostensible de la justicia.

 

La paz es obra de la justicia, y del amor, fruto del orden, y necesita de un continuo hacerse y de una constante vigilancia por parte de la autoridad.

 

Sin la paz es imposible, en el orden terreno, el desarrollo y la perfección del hombre.

 

La paz es una virtud eminentemente positiva; por ello, no puede confundirse con un mero equilibrio de fuerzas, un mantenimiento del orden y la seguridad o una ausencia de guerra.

 

San agustín decía que la paz era tranquilidad en el orden, considerando éste, a su vez, como armonía en lo diverso.

 

La paz social es imposible sin una reforma de las costumbres, y una serie de condiciones como:

 

· Justa distribución de los bienes entre todos los hombres.

 

· Gozar tanto los individuos, las familias y los pueblos de condiciones de auténtica libertad.

 

· La lucha de clases debe ser superada haciendo que en la sociedad reine no un ambiente de odio, sino de cooperación.

 

La paz social es una paz imperfecta, pues aunque excluye la guerra, sin embargo no excluye toda lucha u oposición.

 

La verdadera paz social sólo es posible como producto de la paz interior de cada hombre.

 

Pero existe también una paz individual, de cada persona consigo misma la que se consigue de la tranquilidad de la conciencia.

 

Ciertamente mucho se habla sobre la paz en estos tiempos. Pero la paz no es cuestión de propagandas, ni de apaciguamientos, ni de ONU, ni de ejércitos Pro-paz, etc. Hay que recordar que la ONU ha enviado también ejércitos que han ido a pelear por la paz. ¿Creemos acaso que pelear por la paz es paz? Nosotros mismos somos testigos de que la ONU dispone de ejércitos y que estos han atacado a otras fuerzas, que han bombardeado, que han empuñado el fusil. ¿Creemos que así se trabaja por la paz?

 

La paz es una sustancia que emana del Ser, que viene de entre las entrañas mismas del absoluto. No puede haber paz sobre la faz del mundo, no podrá haber verdadera tranquilidad en todos los rincones de la tierra, en tanto los factores que producen guerras existan en el interior de nosotros. Es claro que mientras dentro de cada uno de nosotros haya discordia, en el mundo habrá discordia.

 

La masa no es más que una extensión del individuo; lo que es el individuo, es la masa y lo que es la masa exterior, es el mundo. Si el individuo se transforma, si el individuo elimina de sí mismo los elementos del odio, del egoísmo, de la violencia, de la discordia, etc., es decir, si consigue destruir el ego para que su conciencia quede libre, sólo habrá en él eso que se llama “amor”. Si cada individuo de los que pueblan la faz de la tierra disolviera el ego, las masas serían masas de amor, no habría guerras, no habría odios; pero no podrá en verdad haber paz en el mundo, mientras exista el ego.

 

Algunos afirman que desde el año 2.001 ó 2.007 en adelante vendrá la era de la fraternidad, del amor y la paz. Pero debemos preguntarnos ¿Dónde van a sacar esa era de fraternidad, de amor y de paz? ¿Creemos acaso que el ego de la psicología con sus odios, con sus rencores, con sus envidias, con sus ambiciones, con sus lujurias, etc., puede crear una edad de amor, de felicidad? ¿Podría acaso darse ese asunto? ¡Obviamente que no!

 

Si queremos de verdad la paz en el mundo, tenemos que morir en sí mismos, tiene que destruirse en nosotros lo que tenemos de inhumanos: el odio que cargamos, las envidias, los celos espantosos, esa ira que nos hace tan abominables, esa fornicación que nos hace tan bestiales, etc. Más en tanto continúen existiendo tales factores dentro de nuestra psiquis, el mundo no podrá ser diferente; antes bien, se volverá peor...

 

Así, por tanto creemos firmemente que la solución de todos los problemas del mundo está, precisamente, en la disolución del “yo”. Todos nosotros, en tanto no hayamos muerto totalmente, seremos unos pobres miserables.

 

Ya una vez que hemos llegado a la conclusión de que son los agregados psicológicos, ocasionando el dolor, debemos trabajar para desintegrarlos y el dolor desaparece, queda eliminado. ¿Por qué? Porque se ha sacrificado y eso trae un aumento de conciencia, pues aquellas energías que estaban involucradas en el dolor, quedan liberadas. Esto trae no solamente la paz del corazón tranquilo, sino que además trae un aumento de la conciencia, un acrecentamiento de la conciencia; eso se llama “sacrificar el dolor”.

 

Pero la gente es capaz de todo menos de sacrificar sus dolores, queremos mucho nuestros dolores y resulta que los máximos dolores son los que le brindan a uno las mejores oportunidades para el despertar de la conciencia.

 

Hay que sacrificar el dolor. Existen muchas clases de dolores. Por ejemplo, un insultados. ¿Qué provoca un insultador? El deseo de venganza inmediatamente, muy inmediatamente. ¿Por qué? Por las palabras dichas. Pero si uno no se identifica, no da lugar a esto.

 

Las circunstancias molestosas de la existencia, las circunstancias nada agradables de la vida, no son sino meras proyecciones de lo que en nuestro interior sucede. Si en nuestro interior nosotros cambiamos, las circunstancias externas cambiarán también, pero si interiormente no cambiamos, las circunstancias externas tampoco cambiarán.

 

Ya Don Enmanuel Kant, el filósofo de Koenisberg, dijo:

 

Lo exterior es lo interior.

 

En otras palabras aclararemos diciendo: “Lo exterior no es más que el reflejo de lo que interiormente somos”. Si somos personas iracundas, si odiamos, si nomos celosos, envidiosos, perversos, las circunstancias que nos rodearán serán perversas, fatales, siniestras, podrán ser anotadas hasta en la “prensa roja”. Y si somos nosotros personas decentes, si vivimos en armonía con el infinito, si respiramos paz, si irradiamos amor, dicha, contento, las circunstancias que emanarán de sí mismos serán hermosas, tendremos relaciones bellísimas, habrá armonía con todos los que nos rodean...

 

El amor, está escrito, es la única religión asequible. Hermes Trismegisto, el tres veces grande Dios Ibis de Thot, dijo:

 

Te doy amor, en el cual está contenido todo el sumun de la sabiduría.

 

El V.M. Samael decía:

 

Son muchos los que me escriben contándome sus problemas: que (dice la mujer) “mi marido se fue con otra”; que (el marido) “La mujer ya no quiere vivir con él porque se fue con otro hombre”, que “Cómo lo hace”, que “Cómo va a resolver el problema”; que (dice uno) “No le quieren pagar”, que “Le formaron un pleito”, etc., etc., etc.; cada caso por lo común resulta complicado, difícil, todos quieren que se les resuelvan sus problemas; todos anhelan vivir en paz, tener una armonía extraordinaria entre la felicidad, sin problemas. Pero no quieren darse cuenta, los que así me escriben, de que la raíz de todos los problemas la llevan en su interior, de que esos problemas no son más que las proyecciones de su interior, que de su interior están saliendo los problemas, porque un hombre es lo que es su vida y nada más que eso: lo que es su vida. Si no cambia su propio nivel del Ser, si no cambia su vida interior, no cambiará nada; lo exterior no es más que la proyección de lo interior...

 

Ha llegado la hora de entender esto. Queremos felicidad, pero ¿de dónde la vamos a sacar? No queremos admitir que los errores, o las causas, mejor dijéramos, de todo lo que nos está acaeciendo las llevamos dentro de sí mismos. Sí, cada cual lleva las causas de sus sufrimientos dentro de sí mismo, y mientras las causas no se disuelvan, los sufrimientos tampoco se disolverán; todo efecto tiene su causa, toda causa provoca su efecto.

 

Así pues, los que nos metemos a andar la senda vertical, ente todo nos proponemos el auto-descubrimiento, conocer nuestros propios errores para extirparlos, para sacarlos de sí mismos, porque sólo así podremos cambiar fundamentalmente... Un hombre es lo que es su vida; si un hombre no trabaja su propia vida, indubitablemente está perdiendo el tiempo miserablemente.

 

De manera que dependemos de otros, no tenemos libertad, no somos dueños de nuestros propios procesos psicológicos, cada cual hace de nosotros lo que le viene en gana. Unas cuantas palabritas de lisonja, e inmediatamente-¡ah!- sentimos auto-importancia; otra palabrita de humillación y qué tristes y pequeños nos sentimos.

 

Si cada cual hace de nosotros lo que quiere, ¿Entonces dónde está nuestra autonomía, cuando dejaremos de ser máquinas? Es obvio que para aprender a amar, hay que adquirir autonomía, porque si uno no es dueño de sus propios procesos psicológicos, jamás puede amar. ¿Cómo? Si otros son capaces de sacarnos del estado de paz al estado de discordia, ¿Cuándo podríamos amar? Mientras uno dependa de otros psicológicamente no es capaz de amar. La dependencia obstaculiza el amor. Necesitamos nosotros acabar con la dependencia, hacernos amos de sí mismos, dueños de nuestros propios procesos psicológicos...

 

El V.M. Samael decía:

 

Cuando yo tuve la re-encarnación de Tomás de Kempis, escribí en mi libro “Imitación de Cristo”-en aquella antigua reencarnación-, una frase que dice “yo no soy más porque me alaben, ni menos porque me vituperen, porque yo siempre soy lo que soy”... De manera que debemos permanecer impasibles ante la alabanza y el vituperio, ante el triunfo y ante la derrota; siempre serenos, impasibles, siempre dueños de sí mismos, de nuestros propios procesos psicológicos.

 

El “yo es el Satán de la leyenda bíblica. El “yo” no es el cuerpo. El “yo” es energético y diabólico. En el “yo” está la raíz de la miseria, la pobreza, los fracasos, las desilusiones, los deseos insatisfechos, los deseos violentos, el odio, la envidia, los celos, etc. Es urgente que comprendamos la necesidad de acabar con todos los defectos para disolver el “yo”, el Satán, la causa de todos los fracasos. Cuando el “yo” se disuelve sólo queda dentro de nosotros el Ser, Dios, la felicidad. Dios es paz, abundancia, felicidad y perfección, y de esta forma se acabarían las guerras.

 

La guerra resulta de muchas causas que el hombre ignora; algunas de esas causas están dentro del hombre, otras están fuera de él.

 

Las guerras se deben a influencias planetarias, a fuerzas cósmicas, basta cualquier mala posición de los astros, o cualquier catástrofe cósmica, para que millones de hombres se lancen a la guerra.

El hombre no es capaz de resistir esa fuerzas cósmicas porque francamente todavía no es hombre. Si fuese hombre de verdad, resistiría a esas tremendas fuerzas cósmicas y entonces no habrían guerras, pero desgraciadamente, el hombre no es capaz de hacer nada. El llamado hombre es tan solo una máquina movida por fuerzas cósmicas.

 

Las máquinas humanas no tienen conciencia de nada, se mueven en forma destructiva cuando cierto tipo de Ondas Cósmicas las hieren secretamente.

 

Sólo el Ser puede hacer y el llamado hombre todavía no posee el Ser. El hombre sólo tiene en su interior el yo y este no es el Ser. Debemos distinguir entre el yo y el Ser. El yo es múltiple, el legión. El Ser es íntegro, unitotal.

 

El yo está formado por millares de pequeños “yoes” separados unos de otros; comúnmente se desconocen unos a otros, y hasta se guerrean mutuamente.

 

El hombre es una pluralidad y su verdadero nombre es legión. Todavía el llamado hombre no tiene una individualidad realmente definida. El llamado hombre todavía no tiene un Ser propio singular; el hombre está dividido en legión de pequeños “yoes”.

 

Estos “yoes” luchan por la supremacía, cada uno de ellos queriendo ser el señor; cada deseo, el calor, el buen tiempo, el frío, cada pensamiento, da nacimiento a nuevos “yoes”.

 

Los factores de la guerra los tenemos dentro, los yoes de la codicia, la crueldad, el egoísmo, el odio, etc., están dentro del propio hombre.

 

Cuando estos yoes sean disueltos a base de comprensión y santidad, cuando el hombre posea el fuego sagrado, entonces tendrá encarnado su verdadero Ser. Solamente el Ser puede sobreponerse a las malas influencias planetarias. Solamente el Ser puede manejar esas fuerzas cósmicas que producen la guerra.

 

Solamente quien posee el Ser se puede llamar hombre de verdad. Desgraciadamente, el animal intelectual es una máquina adormecida manejada por las influencias catastróficas del Cosmos.

 

Toda máquina responde a la fuerza que la mueve. Millones de animales intelectuales se lanzan a la guerra movidos por fuerzas secretas que ellos desconocen. En estas condiciones, es claro y lógico pensar que las fuerzas explosivas de Urano tienen que provocar guerras atómicas inevitables. Los hechos concretos demostrarán nuestra afirmaciones.

 

Lo más grave es que ninguna propaganda por la Paz dará resultados. Ninguna organización que trabaje por la Paz podrá dar buenos frutos.

 

La propaganda por la Paz, los premios Nóbel de Paz resultan absurdos mientras existan dentro del hombre los factores psicológicos que producen guerra. Actualmente muchos asesinos tienen el premio Nóbel de la Paz.

 

Los maestros y maestras de escuelas, colegios, universidades, deberían enseñar a sus alumnos y alumnas la verdad sobre la guerra. Deberían llevar a sus alumnos y alumnas a experimentas conscientemente esa verdad.

 

Si las gentes tuvieran plena conciencia de lo que es ésta tremenda verdad de la guerra, si los maestros y maestras supieran educar sabiamente a sus discípulos y discípulas, ningún ciudadano se dejaría llevar al matadero.

 

La educación fundamental debe impartirse ahora mismo en todas las escuelas, colegios y universidades, porque es precisamente desde los bancos de la escuela, donde se debe trabajar para la Paz.

 

...Sólo queremos decir que debemos primero experimentar la verdad sobre la guerra y luego así podemos darnos el lujo de razonar y analizar.

 

Es urgente que las nuevas generaciones se hagan plenamente conscientes de lo que es la barbarie y de lo que es la guerra.

 

En las escuelas, colegios y universidades, debe ser comprendida a fondo la enemistad y la guerra en todos sus aspectos.

 

Si las gentes despertaran Conciencia, si desde los mismos bancos de la escuela se educara sabiamente a los alumnos y alumnas llevándoles a la Comprensión Consciente de lo que es la enemistad y la guerra, otra cosa sería. Nadie se lanzaría a la guerra, y las Ondas Catastróficas del Cosmos serían entonces utilizadas en forma diferente.

 

Mientras no se trabaje con la educación fundamental, basada en los principios sólidos de: libre iniciativa, no imitación, libertad creadora, atención consciente, valor, amor, cómo pensar, saber escuchar, sabiduría, generosidad, comprensión, integración, sencillez, paz, veracidad, inteligencia, vocación, etc., seguirán, no sólo los niños y adolescentes, sino los adultos también, en la ansiedad aguda y en el aumento monstruoso del índice de suicidios, asesinatos, robos... etc.

 

Las nuevas generaciones deben comprender que los viejos con sus ideas rancias y torpes, sacrifican siempre a los jóvenes y los llevan como bueyes al matadero.

Los jóvenes no deben dejarse convencer por la propaganda belicista ni por las razones de los viejos, porque a una razón se le opone otra razón, y a una opinión se le opone otra, pero ni los razonamientos ni las opiniones son la verdad sobre la guerra.

 

Los viejos tienen millares de razones para justificar la guerra y llevar a los jóvenes al matadero.

 

Lo importante no son los razonamientos sobre la guerra sino experimentar la verdad de lo que es la guerra.

 

Mientras dentro de la mente humana existan los factores destructivos habrá guerras inevitablemente. Dentro de la mente humana existen los factores que producen guerra, esos factores son el odio, la violencia en todos sus aspectos, el egoísmo, la ira, el miedo, los instintos criminales, las ideas belicistas propagadas por la televisión, la radio, el cine, etc.

 

¡Parece increíble!, pero con sólo un diez por ciento de conciencia despierta, desaparecerían las guerras y reinaría la paz en este valles de lágrimas.

 

Coexistencia pacífica o guerra atómica exclamaba amenazante un ministro soviético; desgraciadamente Tirios y Troyanos odian la paz y eso está ya demostrado con hechos claros, contundentes y definitivos.

 

Mussolini dijo:

 

La paz es un ramo de olivo que pende del filo de once millones de bayonetas.

 

Aquello que la gente llama paz, es la antítesis de la guerra, aquello que la gente llama guerra, es la antítesis de la paz.

 

La verdad no se encuentra en el dualismo conceptual, hay que pasar más allá de la polaridad de la mente si queremos hallar la verdad, necesitamos llegar a la Gran Síntesis.

 

La llamada Paz no es más que una época de preparación para la guerra, y ésta a su vez, es una época de preparación para la Paz.

 

Paz y guerra son una misma forma mental con un polo positivo y otro negativo.

 

La síntesis está más allá de los opuestos de preparación para la guerra, desgraciadamente así piensa la gente por falta de sintetismo conceptual.

 

La paz es una sustancia atómica que emana de las entrañas del absoluto, esta sustancia atómica es completamente desconocida para muchos científicos.

 

 

Es imposible poseer dentro de nuestra psiquis ese tipo de sustancia atómica, mientras exista dentro de nosotros el yo psicológico.

 

Dentro del yo tenemos todos los factores que producen guerra, esos factores se conocen como crueldad, egoísmo, codicia, ambición, odio, astucia, etc, etc, etc. En el drama espectacular de la guerra, se exhiben todos los factores destructivos que llevamos dentro.

 

Ahora por estos tiempos de guerra fría, todo el que quiere hacerse famoso se convierte en Paladín de la Paz, esta es una nueva forma de hacerse famoso.

 

La paz no es cuestión de propaganda, ni de paladines con premio Nóbel, la paz es una sustancia atómica que no puede poseer quien tenga dentro de su psiquis los factores psicológicos que producen guerra.

 

Existe en el mundo una ley de mantenimiento recíproco de todo lo existente, nuestras vidas sirven para mantener algo grande o pequeño en el mundo, esta ley fue conocida por los sabios antiguos como el proceso Trogoautoegocrático Cósmico Común.

 

Las guerras existen debido a que no sabemos manipular inteligentemente esta gran ley de la alimentación recíproca de todo lo existente.

 

Realmente es imposible manejar esta gran ley mientras tengamos dentro de nuestra psiquis todos los factores psicológicos que producen guerra.

 

La naturaleza nos ha dado la vida pero tenemos que pagársela muy caro, nosotros nos alimentamos de la naturaleza, pero ella se alimenta de nosotros.

 

Los viejos sabios asiáticos descubrieron dentro de la psiquis de todo individuo, dos substancias sagradas que ellos denominaron Abrustdonis y Helkdonis.

 

Decían los viejos sabios que trasmutando inteligentemente estas dos substancias metafísicas, se liberaba una vivificante sustancia sagrada llamada Askokin.

 

El Askokin es la sustancia con la cual se alimenta la gran naturaleza. La Madre Natura nos da la vida pero la cobra bien caro, ella exige Askokin, y si no se lo damos voluntariamente, ella lo arrebata a la fuerza por medio de grandes guerras.

 

Si dentro de nosotros, dentro de cada uno, no existieran los factores destructivos que producen guerra, la Madre Natura no necesitaría utilizar ese sistema destructivo, para arrebatarnos su sagrado alimento.

 

Disolviendo el yo psicológico, se establece dentro de nosotros un centro permanente de conciencia iluminada, entonces liberamos el sagrado Askokin a través del recto pensar, recto sentir y recto obrar. Desgraciadamente los modernos políticos no aceptan estas cosas de los antiguos científicos de esta época.

 

Hace unos cuentos siglos se fundó en la ciudad asiática llamada Mousolopalis, una especie de ONU o de Liga de Ginebra con muy buenas intenciones.

 

El nombre de esa sociedad fue: La tierra es igualmente libre para todos.

 

La mencionada sociedad estuvo compuesta por una asamblea de sabios iluminados, todo un consejo de venerables ancianos.

 

Dicha sociedad se disolvió cuando cierto filósofo planteó el problema de la “Ley de la alimentación recíproca de todo lo existente”.

 

Antes de disolverse dicha augusta sociedad, se estableció el sistema de sacrificios de animales, para liberar el Askokin tan necesario para la naturaleza.

 

El Askokin de los animales puede ser alimento magnífico para la natura, el Askokin de los animales libera con los sagrados sacrificios a los dioses.

 

Este sistema dio resultado y por mucho tiempo no hubo guerras y se gozó en el Asia de mucha paz.

 

Más tarde, un derviche mahometano llamado Assadulla Ibrahim Ogly, lleno de amor por los animales, se pronunció en todo el Asia contra estos sacrificios, entonces estalló la Primera Guerra Mundial.

 

La naturaleza privada del Askokin de los animales, apeló a la guerra para arrebatarnos su alimento.

 

Nosotros no estamos a favor de los sacrificios de animales. Nosotros estamos seguros que solo disolviendo el yo psicológico, podemos liberar el sagrado Askokin que la natura necesita para su alimento.

 

Homero el gran poeta griego dijo:

 

Los hombres se cansan antes de dormir, de amar, de cantar y de bailar que de hacer la guerra.

 

La guerra es dulce para los que no la conocen. “Los rebeldes sin causa” quieren la guerra, los hombres de la “vieja guardia” tiemblan de horror con solo pensar en ella.

 

Las guerras jamás han resuelto ningún problema. Con bombardear ciudades indefensas y asesinar a millones de personas no se resuelve nada.

 

La guerra es algo demasiado rudo, tosco, monstruoso, abominable. Millones de máquinas humanas dormidas, inconscientes, estúpidas, se lanzan a la guerra con el propósito de destruir a otros tantos millones de máquinas humanas inconscientes.

 

La guerra huele a canibalismo, a vida de cavernas, a bestialidad de peor tipo, a arco, a flecha, a orgía de sangre. Es a todas luces incompatible con la civilización.

 

Todos los hombres en la guerra son cobardes, miedosos, y los héroes cargados de medallas son precisamente los más cobardes, los más miedosos.

 

El héroe en el fondo es un suicida que en un instante de supremo terror cometió la locura de suicida. La locura del suicida se confunde fácilmente con el valor del héroe.

 

Si observamos cuidadosamente la conducta del soldado durante la guerra, sus maneras, su mirada, sus palabras, sus pasos en la batalla, podemos evidenciar cobardía total.

 

Matar es evidentemente y fuera de toda duda, el acto más destructivo y de mayor corrupción, que se conoce en el mundo.

 

Espantosamente horrible es el cazador que con su escopeta asesina a las inocentes criaturas del bosque, perro mil veces más monstruoso, mil veces más abominable, es aquel que asesina a sus semejantes.

 

Esta raza caduca y degenerada ya no piensa sino en matar.

 

Esto de matar solo es propio de cualquier raza humana degenerada. A través de la televisión y del cine, los agentes del delito propagan sus ideas criminosas.

 

Recibimos diariamente a través de la pantalla de la televisión, del cine, de revistas, etc., una tremenda dosis venenosa de asesinatos, crímenes espantosos, etc. Ya no se puede poner a funcionar la televisión sin encontrarse uno con palabras llenas de odio.

 

Nada están haciendo los gobiernos de la tierra contra la propagación del delito. Las mentes de los niños, de los jóvenes y del resto de la población, están siendo seducidas por los agentes del delito, por el camino del crimen.

 

Ya está tan propagada la idea de matar, ya está tan difundida por medio de las películas y cuentos, etc., que se ha vuelto totalmente familiar para todo el mundo. Los rebeldes de la nueva generación han sido educados para el crimen y matan por el gusto de matar, gozan viendo morir a otros. Así lo aprendieron en la televisión de casa, en el cine, en los cuentos, en las revistas.

 

Por doquiera reina el delito y nada hacen los gobiernos para corregir el Instituto de Matar desde sus mismas raíces.

 

El crimen se está multiplicando terriblemente debido a esos espectáculos de sangre, y al paso que vamos llegará el día en que ya nadie podrá circular por las calles libremente sin el temor de ser asesinado.

 

La radio, el cine, la televisión, las revistas de sangre, han dado tal propagación al delito de matar que, lo han hecho tan agradable a las mentes débiles y degeneradas.

 

A la fuerza de tanta propagación del delito de matar, las mentes débiles se han familiarizado demasiado con el crimen, y ahora hasta se dan el lujo de matar por imitar lo que vieron en el cine o en la televisión.

 

Las prisiones están llenas de asesinos, pero la peor especie de criminales presumen de inocentes y andan libres.

 

Ninguna forma de asesinato puede tener justificación alguna. Con matar a otro no se resuelve ningún problema en la vida.

 

Habría que pedir a los gobiernos de la Tierra la prohibición de espectáculos de sangre, en fin, la cancelación de toda clase de películas sobre asesinatos, ladrones, etc.

 

Esta clase de espectáculos de sangre son bárbaros en un ciento por ciento y estimulan las mentes encaminándolas por el camino del crimen. Sin queremos de verdad luchar por la Paz del mundo, debemos iniciar una campaña de fondo contra los espectáculos de sangre.

 

Pero no sólo se mata con ametralladoras, escopetas, cañones, pistolas o bombas atómicas. También se puede matar con una mirada que hiera el corazón, una mirada humillante, una mirada llena de desprecio, una mirada llena de odio; o se puede matar con una acción ingrata, con una acción negra o con un insulto, o con una palabra hiriente.

 

El asesinato es fuera de toda duda el acto de corrupción más grande que existe en el mundo. Muchos padres y madres de familia aún vivirían su sus hijos no les hubieran quitado la existencia mediante malas acciones. Multitud de esposas o esposos todavía respirarían bajo la luz del sol si el cónyuge o la cónyuge se lo hubiese permitido. Recordemos que el ser humano mata lo que más quiere. Cualquier sufrimiento moral, puede enfermarnos y llevarnos al sepulcro. Toda enfermedad tiene causas psíquicas.

 

El mundo está lleno de parricidas, matricidas ingratos que han asesinado a sus padres y madres, ya con sus miradas, ya con sus palabras, ya con sus crueles acciones.

 

El mundo está lleno de hombres que sin saberlo han asesinado a sus mujeres, y de mujeres que sin saberlo han asesinado a sus maridos.

 

Son muchos los esposos que hubieran podido vivir más si sus esposas se lo hubieran permitido.

 

Son muchas las esposas que hubieran podido vivir más si sus esposos se lo hubieran permitido.

 

Son muchos los padres y madres de familia que hubieran podido vivir más si sus hijos e hijas se lo hubieran permitido.

 

La enfermedad que lleva a nuestro ser querido al sepulcro tiene por “causa causorum” palabras que matan, miradas que hieren, acciones ingratas, etc.

 

Esta sociedad caduca y degenerada está llena de asesinos inconscientes que presumen de inocentes.

Se dice que los castigos mayores serán para aquellos que deshonraron a los dioses, los boddhisattwas caídos, los hanasmussianos con doble centro de gravedad, y para los parricidas y matricidas, y para los asesinos y señores de la guerra y maestros de magia negra.

 

El Libro Tibetano de los Muertos dice:

 

Al caer ahí tendrás que sufrir padecimientos insoportables, y donde no hay tiempo cierto de escapar.

 

En la confesión egipcia del Papiro Nebseni se dice:

 

¡Oh tú, Espíritu, que te manifiestas en Re-stau u cuyos miembros se pudren y apestan! Yo no he matado a mis semejantes.

 

¡Oh tú, Espíritu, que apareces en Unes y cuya voz es tan penetrante! Yo jamás he promovido querellas.

 

Al Ego le agrada la queja, la discordia, la disputa, la pendencia, la reyerta, la riña, es amigo de peloteras, contiendas, rencilla, pleitos, litigios, discusiones, demandas, guerras, etc. Por antítesis diremos que el Ser es distinto: Ama la paz, la serenidad, es enemigo de las palabras duras; aborrece los altercados, las trifulcas. Dice lo que tiene que decir y luego guarda silencio, dejando a sus interlocutores plena libertad para pensar, aceptar o rechazar; después se retira.

 

 

 

 

 

 

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