CIAG 

Círculo de Investigación de la Antropología Gnóstica

 

Círculo de

Investigación de la

Antropología

Gnóstica

...

LA COMUNIDAD DEL DESIERTO

 

Introducción

 

Gracias a las excavaciones realizadas en unas ruinas arqueológicas, se pudo comprobar que unos siglos antes de nuestra era, a corta distancia de las riberas del Mar Muerto, en los límites del desierto de Judea, en el triángulo comprendido entre el torrente de Cedrón, Hebrón y Belén, vivió un pueblo singular, en un lugar denominado por los árabes El-Salil que significa el amigo.

 

Una antiquísima tradición árabe sitúa allí también las tumbas de Abraham, Isaac y Jacob, como así mismo las de Adam y Eva.

 

Las ruinas al principio hicieron pensar a los arqueólogos que quizás se tratase de una fortaleza romana, o tal vez los restos perdidos de la llamada “ciudad de la sal” mencionada en el antiguo testamento por Josué.

 

El lugar contenía muchos depósitos de agua, y cerca había un cementerio con unas 1.000 sepulturas.

 

Se pudo verificar que los miembros de este pueblo singular eran al morir inhumados en dicha necrópolis. Las tumbas, salvo escasas excepciones, aparecieron muy cuidadas y sin ofrendas, orientadas siguiendo el eje norte sur.

 

Un poco más alejado se encontró otro cementerio con sepulturas de mujeres y niños, algo menos cuidado, y con algunas ofrendas en las fosas, lo que hizo pensar que era un lugar de enterramiento de miembros casados o de miembros de la comunidad aún no aceptados en plenitud de derechos, es decir, en su período inicial. Otros investigadores sin embargo hablan de que se trataba de un cementerio árabe muy posterior a esa época.

 

Plinio el viejo dijo: “...durante miles de siglos, vive eternamente una raza. Es una estirpe solitaria y rara como nadie más en el mundo”. Esta rara estirpe es aquella a quien la Biblia denominaba: los fieles, los justos, los perfectos, los piadosos, los puros, los santos, los elegidos, los pobres. ¿A qué misteriosa raza con un origen perdido en la eternidad se refería?

 

¿De qué gentes independientes y libres por naturaleza hablaba Filón el Judío? ¿Qué comunidad era esa ante la cual los grandes reyes se admiraban y se complacían en rendir homenaje a su carácter venerable, colmándoles de favores y honores? ¿Y a la que, ni los soberanos más crueles, ni los más taimados y falsos fueron jamás capaces de acusar de nada, siendo todos por el contrario vencidos por la virtud de estos hombres?

 

Fueron llamados: los hijos o los hombres de la Nueva Alianza, la Comunidad de la Heredad, los Hijos de la Luz, los Numerosos, los Pobres del Desierto, los Habitantes de los Campamentos.

 

Nos estamos refiriendo a los miembros del linaje antiguo de los Sumos Sacerdotes de Israel, desde que Salomón designó a Sadoc para el cuidado del Arca de la Alianza, por eso son llamados también “los hijos de Sadoc”.

 

En ninguno de los documentos encontrados en Qumran aparece la palabra “esenios”, lo que hizo difícil la identificación de éstos como auténticos autores de dichos manuscritos, y sólo tras una larga y ardua investigación pudo verificarse que los esenios y ese pueblo singular, la Comunidad de la Alianza, eran los mismos.

 

Fue la organización más misteriosa y más religiosa entre los antiguos judíos, ignorada por la gran mayoría, y conocida casi exclusivamente a través de testimonios de segunda mano, y frecuentemente hostiles a la misma.

 

Hipólito dijo de ellos:

 

“Las prácticas esenias concernientes a la divinidad son las más antiguas de todas las naciones. No hay duda de que Pitágoras y los estoicos de Egipto aprendieron en la escuela de los esenios”.

 

Estos soldados de Dios, vestidos con túnica de lino blanca marcharon al desierto a preparar los caminos del Señor.

 

Acaso no es cierto que Juan el Bautista perteneció desde niño a la casta de los esenios, y que su padre Zacarías dijo de él al nacer:

 

“Tú, niño, serás llamado Profeta del Altísimo, pues irás delante del Señor para preparar sus caminos”

 

Y acaso no es también cierto, que cuando a Juan le preguntaron: "Tú, ¿quién eres, qué dices de ti mismo?"

 

Él respondió: "Yo soy la voz del que grita en el desierto, preparad el camino del Señor, haced rectas sus sendas, como ya anunció el profeta Isaías".

 

Muchos otros se educaron bajo la tutela de los esenios, y a la sombra augusta de los pórticos de Jerusalén, entre el follaje núbil de esas palmeras, en cuya sombra descansan los viejos camelleros del desierto.

 

Todos ellos bebieron en el cáliz del antiguo conocimiento de esta fraternidad, calcinado por el fuego ardiente de las tierras orientales.

 

El V.M. Huiracocha dijo:

 

"El cáliz que como lluvia bendita, recogió la sangre del Salvador en el Gólgota, la Copa Sagrada que recibió en su seno aquel divino emblema de redención, estuvo antes bajo la custodia de los esenios".

 

Sus manuscritos como expresara el V.M. Samael Aun Weor bien valdría la pena estudiarlos, podrían iluminar muchos rincones oscuros de nuestro entendimiento.

 

Los esenios durante 2.000 años han sido una voz perdida en el desierto, pero su legado permanecerá con nosotros para siempre.

 

 

1. Descubrimiento de las cuevas.

 

En Tierra Santa, hacia 1947, en unas cuevas de los montes de Judea, en la zona de Qumran, un pastor beduino descubrió unos antiguos manuscritos, cuidadosamente enrollados y guardados en jarras de cerámica.

 

Los primeros rollos fueron encontrados pocos meses antes de la proclamación del estado de Israel. En aquellas conflictivas y semidesérticas tierras, a la orilla noroccidental del Mar Muerto, varios jóvenes se adentraron en oscuras grietas de los montes en los que pastoreaban, y rescataron siete manuscritos en forma de rollo depositados en un par de jarras.

 

El pastor y sus primos trataron de vender los rollos a unos anticuarios de Belén. Así, el anticuario Kando se convirtió en agente entre los beduinos y los científicos. Cuatro de los siete rollos se los vendió al arzobispo Atanasio Josué Samuel del monasterio sirio-ortodoxo de San Marcos, en la ciudad vieja de Jerusalén. Los otros tres fueron a parar al profesor Eleazar L. Sukenik, profesor de la Universidad hebrea de Jerusalén

 

Entre 1947 y 1966 beduinos y arqueólogos exploraron la zona y encontraron material en otras diez cuevas. Encontraron más de 800 pergaminos, unos pocos intactos, como los siete primeros, el resto en fragmentos a veces del tamaño de una uña. Eran los restos de una importante biblioteca de la antigüedad...

 

Por su contenido se observó, que esos manuscritos pertenecieron a la biblioteca de alguna comunidad religiosa judía.

 

En los alrededores habían, precisamente, un conjunto de edificios en ruinas, que en varias ocasiones habían intrigado a los arqueólogos. Con el descubrimiento de los “Rollos del Mar Muerto”, aquellas ruinas de Qumran adquirieron un renovado interés.

 

Por las excavaciones que se realizaron se dedujo que sobre la base de una antigua fortaleza del s. VIII a. C., hacia el 140 a. C., se construyeron varios edificios de tipo monástico. Se encontraron numerosos y sorprendentes objetos: monedas, centenares de platos, vasos, jarras, tres largas mesas cubiertas de yeso, con varios tinteros, etc.

 

Al observar la estructura de los edificios destacó el predominio de dependencias de grandes dimensiones (amplias instalaciones para baños rituales, salas de reunión, un gran refectorio, un scriptorium, cocinas, talleres, etc.), frente a dependencias que pudieran haber sido habitaciones. Por lo que se dedujo que sus habitantes se reunían en el monasterio para determinadas actividades comunitarias, pero que la mayoría no debía vivir en los edificios, sino en tiendas, cabañas o en las cuevas de alrededor.

 

En una distancia de unos 8 km., los arqueólogos tras inspeccionar unas 200 cavernas encontraron indicios de ocupación humana (que datan del s. IV a. C. al X d. C.), en cuarenta cuevas. En veintiséis de las cuales la cerámica encontrada era del mismo tipo que la hallada en las ruinas de Qumran.

 

Finalmente, las excavaciones en aquellos viejos edificios, han mostrado restos abundantes de cenizas, resultado del incendio de los techos, y puntas de flechas que prueban que la destrucción del centro se debió a un conflicto armado frente al ejercito romano hacia el 68 d. C. Éstos, sobre el lugar, instalaron una pequeña fortaleza militar.

 

Por otra parte, revisando los textos de antiguos escritores, se concluyó que los manuscritos encontrados por beduinos y científicos pertenecieron a los esenios, secta hebraica con grandes conocimientos arcaicos que vivía a orillas del Mar Muerto, como testimonian las ruinas de Qumran.

 

También, se sabe que los esenios se encontraban en muchos otros lugares y ciudades de la antigüedad, pero sin duda, este monasterio fue uno de sus centros más importantes.

 

Ciertamente, con el descubrimiento de estos viejos pergaminos, en pleno siglo XX salió a la luz, la sabiduría de una comunidad, con aspecto de escuela mistérica de la que la historia apenas sabía nada.

Por el Venerable Maestro Samael Aun Weor, sabemos que los esenios fueron sabios en el sentido más completo de la palabra. Y que, precisamente, de esa casta de místicos Iniciados que jamás se cortaba el cabello y la barba fue miembro activo Jesús el Cristo.

 

Obviamente, el escenario en el que vivió esta fraternidad mística fue un lugar sagrado, fueron los dominios del Santo Grial.

 

Imaginemos, un momento, aquel paisaje... Una árida cadena montañosa cuyas laderas caen en fuertes pendientes hacia la orilla del mar.

 

Y en ese desierto montañoso, rocoso, de Judea, a media altura entre las cimas de los montes y las inmóviles aguas del Mar Muerto, sobre una amplia terraza aparece el viejo monasterio esenio... Resulta un paraje muy comparable con el que da el Maestro al describir la misteriosa montaña que guarda el Santo Grial.

 

2. Clasificación y estudio de los manuscritos.

 

Escondidos en el desierto, estos pergaminos milenarios, han podido ser estudiados con la moderna tecnología y comparados con la Biblia hebrea actual.

 

El estudio paleográfico y el análisis del carbono14 han establecido que los rollos fueron escritos entre el s. III a. C. y la primera mitad del s. I d. C. Por tanto, los manuscritos bíblicos aparecidos en Qumran, son mil años más antiguos que cualquier Biblia hebrea que se haya conservado.

 

Las diferencias observadas, entre los textos bíblicos de Qumran y los de las bíblias hebreas conocidas son considerables, pero se han justificado de muy diversas maneras. Aunque, tampoco han faltado voces reclamando que los textos bíblicos de Qumran se tomen en cuenta para nuevas ediciones de la Biblia. Gran parte del impacto que estos manuscritos han producido se debe a que, precisamente, sus textos o bien son los que encontramos en la Biblia o son muy semejantes en contenido y estilo. Por eso, aun cuando todos eran textos sagrados para los esenios, los estudiosos de hoy en día han diferenciado y clasificado los manuscritos del Mar Muerto en dos: textos bíblicos y textos no bíblicos.

 

Una cuarta parte de los documentos son textos bíblicos. Están representados todos los libros de la Biblia hebraica, al menos por algún fragmento, excepto el libro de Esther.

 

Los textos no bíblicos son de gran variedad: himnos y salmos, comentarios bíblicos, literatura sapiencial, textos legales, textos litúrgicos, una carta, apócrifos, un rollo de cobre con su inventario de tesoros ocultos...

 

Este segundo bloque de textos, los no bíblicos, son los que más se han editado públicamente. En muchos de éstos se reflejan las normas y las creencias del grupo de Qumran.

 

De los casi mil manuscritos encontrados muchos son copias de una misma obra, por ejemplo nueve copias del llamado “Documento de Damasco”, (todo un lujo para tiempos en que no existía la imprenta), por lo que se pensó que estos manuscritos fueron utilizados por un gran número de personas.

 

El material utilizado en los manuscritos es el papiro, la piel de oveja y cabra, el ostracon (fragmento de cerámica) y el cobre. Fueron escritos en hebreo, arameo y unos pocos en griego.

 

El descubrimiento de estos rollos hubo de superar numerosas dificultades antes de ser alojados en el museo conocido como “El Santuario del Libro” (Jerusalén), y ser estudiados bajo la supervisión de las autoridades del Departamento de Antigüedades Israelí.

 

Al principio, el buen estado de conservación de los siete primeros rollos (que, en realidad, demostraba eran un preciado tesoro para quienes los habían guardado con tanto esmero en jarras bien cerradas) hizo que la veracidad de los manuscritos fuera puesta en duda y el arzobispo ortodoxo sirio Samuel, vio como se ponían en tela de juicio su integridad y reputación.

 

Por lo que, después de años de controversia, decidió vender los manuscritos por cualquier medio. Puso un anuncio en el periódico “The Wall Street Journal”, el 1 de junio de 1954, que decía:

 

 

Anuncio de venta

Los Cuatro Manuscritos del Mar Muerto

 

Se venden manuscritos bíblicos que se remontan al menos al año 200 a. C. Serían una donación ideal de un individuo o grupo a una institución educativa o religiosa.

Apartado f 206, The Wall Street Journal

 

 

También, las circunstancias derivadas de la guerra entre judíos y árabes retrasaron y complicaron las investigaciones arqueológicas.

Después de incesantes búsquedas, descubrimientos, y hallazgos en 11 cuevas de los alrededores por parte de beduinos y arqueólogos, en 1955 el equipo de científicos, a cargo de los trabajos, tenían ante sí un verdadero rompecabezas de unos 40.000 fragmentos de manuscritos

Calcularon que en 10 ó 12 años de intenso trabajo todo estaría más o menos descifrado. Han pasado más de 40 años y el rompecabezas sigue ocupando a los 55 miembros que componen el equipo internacional encargado de la edición oficial de los manuscritos.

 

 

3. Moisés portador del Grial y mediador de la Alianza.

 

Para saber de los esenios, de aquel pueblo místico, al que perteneció Jesús el Cristo, nos basaremos en los viejos “Rollos del Mar Muerto”.

Los textos nos dicen:

 

“Y todos los que entren en la regla de la comunidad establecerán una Alianza ante Dios para cumplir todo lo que ordena“ ... “para hacer lo bueno y lo recto en su presencia, como ordenó por mano de Moisés y por mano de todos sus siervos los profetas “. (1QS col. I )

 

A primera vista, lo que más llama la atención en estos manuscritos, es la continua identificación de esta comunidad con la Alianza divina y la gran reverencia que tenían hacia Moisés.

 

Porque Moisés, el insigne caudillo sagrado, fue el mediador de la Alianza, enseñó las leyes de Dios a Israel y tuvo el gran honor de poseer el Santo Grial.

 

Los textos de Qumran, así como la Biblia, narran que después de ser liberados de Egipto y antes de entrar en la tierra prometida, a través de Moisés se estableció la primera Alianza entre Dios e Israel. Y todo el pueblo aceptó las bendiciones y maldiciones de aquella Alianza. Se pronunciaron espantosas advertencias contra sus transgresores, y se prometieron justas recompensas y felicidades de todo género a quienes la guardaran fielmente.

 

Obviamente, Moisés nació para cumplir una gigantesca misión que le llevó a construir el Arca de la Alianza. Así mismo Moisés cumplió una preciosa misión. El Arca de la Alianza, indudablemente un instrumento de alta magia, está cargada de fuerza eléctrica; todo profano que se atreviera a acercarse al Arca moriría instantáneamente; en el Arca está la vara de Aarón, las tablas de la Ley, la Copa (a modo de Santo Grial). En el Santo Grial es el vaso donde está contenido el maná que alimentaba a los israelitas en el desierto. Esa Venerada Reliquia fue llevada a Egipto y que Moisés la poseyó (según relatan algunos escritores).

 

Siendo los esenios, la fraternidad que custodiaba el Arca de la Alianza y el Santo Grial, reverenciaban, claramente, a todos sus antecesores en la guarda de la santa reliquia, entre los que destacó Moisés. Quien además, por orden divina sacó a Israel de Egipto. Pero el pueblo de Israel después de entrar en la Tierra Prometida portando las sagradas joyas, fue infiel a la Alianza pactada a través de Moisés, como se narra en el llamado “Documento de Damasco”:

 

“Los primeros en entrar en la Alianza se hicieron culpables y fueron entregados a la espada, por haber abandonado la Alianza de Dios y haber escogido sus caprichos y haber seguido en la obstinación de su corazón, haciendo cada uno su capricho. Pero con los que se mantuvieron firmes en los preceptos de Dios, con los que quedaron de entre ellos, Dios estableció su Alianza con Israel por siempre, revelándoles las cosas escondidas en las que había errado todo Israel”. (CD col.III, 10-15)

 

Este documento ha sido el documento de Qumran más estudiado.

 

4. Descubrimiento del documento de Damasco–Geniza.

 

Se dice que fue el primer manuscrito del Mar Muerto porque 50 años antes de ser descubierto en Qumran ya se sabía de su existencia.

 

Fue hallado en El Cairo en 1897, no en una cueva sino en el desván de una vieja sinagoga que contenía una geniza o deposito para copias deterioradas de los escritos sagrados.

 

El estudioso privilegiado que los descubrió, Salomón Schechter explicaba que pertenecieron a una extraña fraternidad judía de la época del segundo templo, desconocida, que vivía en comunidad y creía en un Mesías.

 

Este manuscrito que se llamó inicialmente “Fragmentos Sadoquitas”, ahora es conocido como el “Documento de Damasco”.

 

En la sinagoga de El Cairo aparecieron dos copias medievales (una del s. X y otra del s. XI), que inicialmente hablan de la historia de un grupo que se considera el verdadero Israel, y en una segunda parte hablan del modo de vida de esta extraordinaria fraternidad.

 

En una primera parte se narra la historia de la comunidad (los esenios) y se remontan a un lejano pasado en el que hablan de una caída angélica, de un diluvio, de Noé, Abrahán, Isaac, Jacob, Moisés, David... Explicando que de generación en generación se transmitía la Alianza con Dios. Luego, el origen mismo de la Alianza se pierde en la noche de los tiempos.

 

Un momento clave en la historia de los esenios es el que llaman "el tiempo de la ira", refiriéndose a la época de la destrucción de Jerusalén por las tropas del rey Naubucodonosor, un grupo de fieles salió de la tierra de Judá para formar una Alianza Nueva en la tierra de Damasco (de aquí el nombre del documento).

 

En este punto, y en otros, nos encontramos ante una figura, el Maestro de Justicia, a quien en Qumran tenían gran devoción, como a Moisés. Pues, los textos cuentan que del mismo modo que a través de Moisés se estableció la antigua alianza con todo Israel, a través del Maestro de Justicia se renovó la Alianza con la comunidad que fundó en el desierto, en un lugar llamado Damasco.

 

Este Maestro de Justicia o Maestro de la Rectitud ha suscitado gran polémica entre los estudiosos de los rollos.

 

El Venerable Maestro Samael nos aclara lo siguiente:

 

“ En los “Rollos del Mar Muerto” se cita al maestro de la rectitud, existente unos cinco siglos antes de Jesús, y se ha confundido en verdad, al Maestro de la Rectitud (citado por los esenios) con el Jesús histórico, con el gran Kabir.

 

Mas hay que saber entender que el citado Maestro de la Rectitud, mencionado por los esenios, no es precisamente histórico en el sentido correcto de la palabra. Pongámoslo como el prototipo psicológico-individual de los seres humanos.”

 

La segunda parte del “Documento de Damasco” contiene las leyes, reglas y organización de una comunidad compuesta de sacerdotes (llamados b´nei Zadok, los hijos de Sadoc) levitas, los hijos de Israel y prosélitos.

 

También, haremos mención de un segundo manuscrito muy significativo.

 

5. El pergamino del Templo.

 

El pergamino llamado “El Rollo del Templo” es el manuscrito más largo del Mar Muerto, y es muy probable que contenga ciertos libros perdidos en la Biblia.

 

En dicho documento, como en la Biblia, se cuenta que mientras los israelitas se encontraban en el desierto, recibieron orden de construir un templo para el Señor, una vez establecidos en la tierra prometida.

Pero la Biblia no contiene leyes sobre el plano del templo, aun cuando se dice:

 

“Entonces David dio a su hijo Salomón el plano del vestíbulo del templo y de los demás edificios... Todo esto conforme a lo que el Señor había escrito de su mano para que todo el trabajo se hiciera de acuerdo con el plan” (1 Crónicas 28, 11-19)

 

Sorprendentemente en ningún capítulo de la Biblia aparece el plano del templo.

 

En uno de los libros que utilizan los judíos, el “Misdrash Samuel”, se indica que existía un rollo, llamado “El Rollo del Templo”, que desde los tiempos de Moisés, fue a parar a las manos del rey David, quien se lo entregó a su hijo Salomón para la construcción del templo.

 

Dicho libro dice:

 

“El rollo del templo que el Santo, bendito sea, entrego a Moisés..., Moisés... Transmitió a Josué... Y Josué a los ancianos, y los ancianos a los profetas y los profetas a David y David a Salomón“. (Misdrash Samuel XV, 3)

 

“El Rollo del Templo” recuperado en Qumrán tiene las instrucciones detalladas para la construcción del templo, según ordenara Moisés.

 

6. Los Hijos de la Alianza se retiran al desierto.

 

Como decíamos en el “Documento de Damasco”, se formó una Nueva Alianza, con un nuevo pueblo, a través del Maestro de la Rectitud. Porque Israel, a pesar de los continuos avisos que recibió por los profetas, fue infiel. Rompió la primera alianza pactada a través de Moisés, y como castigo Israel sufrió la espada de Nabucodonosor, cuyas tropas asolaron el país y destruyeron el templo de Salomón.

 

Varios textos de la Biblia, (2 Macabeos 2, 1-4), recogen la leyenda de que Dios designó a Jeremías para que, ayudado por algunos que permanecieron fieles, antes de la destrucción del templo, sacara el arca de la alianza y el tabernáculo y los ocultara en la caverna de un monte, dando orden de que aquel lugar había de quedar ignorado.

 

A partir de entonces el pueblo de la Nueva Alianza y el Arca del Testimonio, donde se guardaba la vara de Aarón, las tablas de la Ley y la Copa o Gomor, a modo de Santo Grial, entraron en un periodo de ocultamiento.

 

Actualmente, los “Rollos del Mar Muerto” nos permiten constatar que la Nueva Alianza se cumplió con aquel pueblo de fieles que se retiraron al desierto, cuyos sucesores formaron la comunidad de Qumran.

 

Pero, a pesar de quedar apartados en el desierto, aquellos fieles custodios del Arca y del Santo Grial, siempre mantuvieron contacto con el templo de Jerusalén. De hecho contribuyeron en la reconstrucción del segundo templo y llevaron el fuego para el nuevo altar.

 

Tras un tiempo en que este pueblo, los guardianes de la Alianza, llevaron una vida, mas o menos oculta a la historia, hacia el siglo II a. C., se empezó a formar una comunidad pública, la comunidad de Qumran, de la que Plinio decía:

 

“Sobre la orilla occidental del Mar Muerto, pero alejado de las exhalaciones nocivas de la costa, vive el pueblo solitario de los esenios, más notables que todos los demás pueblos”. (Historia Natural II)

 

A partir de varios autores del s. I, como Plinio, Flavio Josefo y Filón, se empezaron a conocer con el nombre de “esenios” (los santos), los que antes, en los textos bíblicos, se llamaban “el pueblo de la Nueva Alianza” y actualmente han sido conocidos y redescubiertos como “la comunidad de Qumran”.

 

Flavio Josefo fue uno de los escritores que más habló de ellos, y los describe como una de las tres escuelas importantes entre los judíos contemporáneos. Las otras dos escuelas eran la de los saduceos y la de los fariseos, citadas ambas en los evangelios.

 

Su meta al retirarse al desierto era “preparar el camino del Señor”. Y como Dios había establecido su antigua Alianza en el desierto, así también, los esenios establecieron la Nueva Alianza regresando al desierto. En este enclave, fieles a la tradición, la comunidad se formó en campamentos, que reproducían el que antes formara Moisés; en los pergaminos, muchas veces, se llaman a sí mismos “los habitantes de los campamentos”.

 

Y al igual que Moisés y los suyos se prepararon en el desierto para conquistar la tierra prometida, con ese mismo objetivo los esenios redactaron liturgias de guerra santa en la que marchaban con su jefe mesiánico, el Maestro de Justicia, hacia la conquista de Sión... Para reinar por siempre y alabar, allí, al Dios de Israel.

 

7. Ingreso en la Comunidad de la Heredad.

 

Según narran los manuscritos del Mar Muerto, el voluntario que llegaba ante las puertas de esta orden realizaba su entrada mediante un ritual, en el que se proclamaban las bendiciones y maldiciones de la Alianza, tal como, antiguamente, Israel se comprometió a través de Moisés.

Así, ingresaba en un noviciado, de al menos dos años. Si era aceptado, antes de ser miembro de pleno derecho entregaba todos sus bienes a la comunidad, pero sobre todo, se sometía en corazón y en obras a las leyes de esta congregación santa. Y se comprometía bajo juramento obligatorio a retornar a la ley de Moisés.

 

El llamado “Manual de disciplina” contiene normas y reglas para los miembros de la comunidad. En ocasiones, toda la comunidad debía reunirse, solemnemente, para confesar públicamente sus faltas, recibir la bendición de sus sacerdotes y escuchar sus exhortaciones.

En general, respetaban los rangos jerárquicos y debían llevar un comporta-miento sencillo y refinado, pues actitudes como: blasfemar, insultar, ser negligente, hablar palabras vanas, dormirse en las reuniones, eran más o menos penalizadas.

 

Y en cuanto a sus relaciones con los demás estaban penalizadas las actitudes hostiles, el guardar rencor, la impaciencia, la difamación, etc.

Su organización era de tipo monástico con la práctica de la obediencia y de la castidad. No obstante, se sabe por el “Documento de Damasco” y otros, de la existencia de miembros de la comunidad casados.

 

Estos sabios místicos despreciaban las riquezas, no tenían nada propio, por eso vivían bajo el concepto de propiedad comunitaria de bienes, pero en el caso de los miembros casados si se les permitía la propiedad privada y, entonces, se les requería su contribución con un mínimo equivalente a dos días de su salario mensual para las obras de la comunidad dedicadas al bienestar social.

 

A lo largo de los manuscritos, en varias ocasiones, se describe, claramente, un ritual del que luego los sacerdotes católicos se apropiaron como de algo muy original y que sólo ellos podían celebrar. Dicho ritual hace referencia a la “comida sagrada”, que consistía en el partimiento del pan y del vino:

 

“Y cuando preparen la mesa para comer, o el mosto para beber, el sacerdote extenderá su mano, primero para bendecir las primicias del pan o el mosto para beber” (1QS VI)

 

Su vida diaria se fundamentaba en la oración, el trabajo manual y el estudio. Narran los textos que, tanto de día como de noche, se establecían grupos de estudio y lectura. Estudiaban los libros de la ley y de las antiguas escrituras, considerando que todo lo que había acontecido o les habría de acontecer ya estaba escrito por mano de Moisés y los profetas, más sólo por revelación divina se podía interpretar la letra escrita. Poco a poco, conforme iban progresando, en su formación física y espiritual, accedían a más profundos conocimientos.

 

Otro punto doctrinario importante, en esta orden, explica que desde el principio existe una lucha entre el Príncipe de la Luz y el Príncipe de las Tinieblas. Y que muchos son los hombres que se extravían y caen en el error; para ellos, la Comunidad de la Alianza enseñaba el camino de vuelta a la Heredad de la Luz.

 

En las narraciones de estos manuscritos, el concepto tiempo se diluye con facilidad. Narran los hechos yendo del pasado al futuro como si el concepto tiempo no existiera. Hablan de sucesos pasados, presentes o futuros como de una realidad siempre palpitante. Así, cuando narran el final de los tiempos, aseguran que se celebrará una guerra final entre la Luz y las Tinieblas, y que ellos, “los llamados de Dios”, ya participan en ese ejercito santo, y se preparan para la batalla. Describen estrategias, formaciones de combate, infantería, caballería, mandos, etc.

 

Son tiempos de guerra en que los sacerdotes guían y animan a las tropas. Pero al hablar de esos tiempos futuros ya no utilizan el término comunidad, siempre hablan del pueblo de la Alianza. Es decir, sabían que la comunidad de Qumran desaparecería, pero escribieron que ellos, “el pueblo eterno creado por Dios”, “resplandecerán en todos los confines de la tierra” después de la batalla final en la que vencerán a Belial y sus huestes tenebrosas.

 

Por último cabe destacar en los rollos del Mar Muerto, los textos litúrgicos que son de una belleza sin par, de una mística sobrenatural para asombro de los escépticos, estudiosos y religiosos de hoy en día.

Mientras en el segundo Templo de Salomón el Santuario o Debir permanecía en oscuridad, los textos de la comunidad de los esenios describen su santuario con la presencia del trono-arca en todo su esplendor, y en él sirven los sacerdotes del linaje de Zadok, los legítimos guardianes y servidores del Arca designados por el Rey Salomón. En sus escritos dan testimonio claro y definitivo de su contacto con el mundo angélico, de unas prácticas místicas con alusión a un trono o carro con sus querubines y “corrientes de fuego semejante al electro”, en clara referencia a la práctica del arcano A.Z.F. y la subida del Kundalini. Así lo describen en los textos llamados “Cánticos del sacrificio sabático” (4Q403, frag. 20-21-22-23), donde alaban las maravillas del santuario interno.

 

En definitiva, los esenios son los descendientes de los rescatados por Moisés, de aquel pueblo que en Egipto, el ángel marcó con una cruz en el dintel y las jambas de sus casas y regresó a la Tierra Prometida.

También son “los pobres del rebaño” que en tiempos de Jeremías recibieron la cruz en sus frentes, para ser salvados de la espada y entrar en la Nueva Alianza. (CD-B XIX, 9-12,34)

 

Los verdaderos hijos de Jerusalén que siempre se llamaron a sí mismos “ebionim”, los pobres (cuyo contrario es orgulloso).

Aquellos de los que el salmo de David dice: “Los pobres heredaran la tierra”. (Salmos 37,11)

 

Y a los que Jesús destina sus bienaventuranzas, pues comienza diciendo: “Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los Cielos”. (Mateo 5,4)

 

Al igual que en el Nuevo Testamento se esperaba la llegada del Mesías, en esta comunidad también se le esperaba. Lo reflejan los textos de Qumran donde se le anuncia como el “retoño de David” que brotaría en los últimos días de la comunidad.

 

8. El Mesías Prometido.

 

En esta casta humilde de grandes Iniciados, en este pueblo que celosamente guardaba el Arca de la Ciencia, se cumplieron todas las promesas de la Alianza, y nació espiritualmente Jesús, el Mesías prometido de Israel.

 

Hace veinte siglos que el maestro nació, y la Humanidad de entonces, como la de ahora, no sabe quien es el Cristo. Y se desconoce al buen pastor que da su vida por las ovejas.

 

El adorable Salvador del Mundo, abrió las puertas del templo a toda la Humanidad, mostró a las conciencias publicas el Santo Grial y sus Misterios. Así, el ágape sagrado que celebraban los esenios, Jesús lo celebró, reunido con sus apóstoles en casa de José de Arimatea. Y el Santo Grial, cual ascua sagrada, resplandecía abrasador sobre la mesa del banquete pascual.

 

Cuenta la tradición, que Jesús les dio a comer a sus discípulos partículas infinitesimales de su propia carne y sangre.

El gran Kabir Jesús bebió en esa copa en la ceremonia sagrada de la Última Cena tal como esta escrito en los cuatro evangelios:

 

“Después tomo el cáliz, dio gracias y se lo dio, diciendo: Bebed todos de él, porque ésta es mi sangre de la Nueva Alianza, que será derramada por todos, para remisión de los pecados”.

(Mateo 26, 27-28)

 

En memoria de este pacto, los primitivos cristianos que se llamaban el pueblo de la Nueva Alianza, el verdadero Israel, repetían este ritual en la celebración de la Eucaristía.

 

Ésta es una ceremonia mágica de gran poder, como nos lo recuerda el maestro Huiracocha: “La Eucaristía no es solamente una remembranza, ni hay que tomarla a la letra muerta como hacen los católicos... El verdadero sacerdote, al pronunciar nuestras sagradas formulas, puede si quiere despertar la fuerza solar del pan, para que tenga vida”

 

Krum Heller explica que este misterio crístico, que se realiza en la semilla del trigo y de la vid, también puede realizarse en nuestro organismo, despertando y desarrollando ciertas facultades y poderes aprisionados en la materia...

 

En la Última Cena, al bendecir Jesús el cáliz que recogió su sangre, y dando de beber de él a sus discípulos, nos mostró, que sin ese vaso sagrado nadie puede llegar a la Autorrealización Íntima del Ser.

Más tarde, salieron hacia un huerto cercano. En el Monte de los Olivos, en presencia de la Copa o Grial, oró así:

 

“Padre mío, si es posible pasa de mí este cáliz, mas no se haga mi voluntad, sino la tuya. (...) y estando en agonía, oraba mas intensamente, y fue su sudor como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra”

 

Judas que se había marchado al final de la cena, llegó con un tropel de gente con espadas y palos.

 

“Y como vino Judas (el demonio de deseo) se acerco luego a Él, y le dijo: maestro. Y lo besó. Entonces ellos echaron en Él sus manos, y lo prendieron”...“Y trajeron a Jesús al sumo sacerdote, Caifás (el demonio de la mala voluntad), y se juntaron a el todos los príncipes de los sacerdotes (las autoridades oficiales de este mundo), y los ancianos (las personas muy respetables y llenas de experiencia), y los escribas (los intelectuales).

 

"Y los príncipes de los sacerdotes, y todo el concilio, buscaban testimonio contra Jesús (el interno salvador) para entregarlo a la muerte, mas no lo hallaban“. “El sumo sacerdote le volvió a preguntar y le dice: ¿eres tú el Cristo, el hijo de Dios? (el segundo logos).

Y Jesús le dijo: Yo soy (Él es). Entonces el sumo sacerdote rasgó sus vestiduras... Y algunos comenzaron a escupir en Él, y cubrir su rostro y darle bofetadas, y decirle: profetiza. Y los servidores le herían de bofetadas. Y luego por la mañana llevaron a Jesús atado y le entregaron a Pilatos (el demonio de la mente)”

 

“Pilatos conocía que por envidia le habían entregado los príncipes de los sacerdotes... Pilatos preguntó al pueblo, ¿qué queréis que haga del que llamáis rey de los judíos? Y respondieron: ¡Crucifixia! ¡Crucifixia!”

Los soldados llevaron a Jesús al pretorio, le pusieron sobre su cabeza una corona de espinas, y después que le hubieron escarnecido, lo cargaron con la cruz, empujándole a que caminara al lugar llamado “la calavera”, en hebreo “gólgota”.

 

Los evangelios apócrifos narran que la Virgen avisada por Juan, en compañía de otras mujeres, se dirigió camino del Calvario y cuando diviso a Jesús, cayó desmayada hacia atrás, y estuvo bastante tiempo en el suelo. Algunos que estaban a su alrededor, quisieron alejarla pero María continuó, permaneciendo firme junto a su hijo, al pie de la cruz. En la cruz, sobre su cabeza pusieron su causa escrita:

 

INRI: Ignis Natura Renovatur Integra

 

"Y los que pasaban (los profanos y profanadores de siempre) le decían injurias... Sucedió que el sol se ocultó, y desde la hora de sexta fueron tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora de nona, entonces entre relámpagos terribles, y palabras, y voces y truenos. Jesús, con fuerte voz, dijo: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”. Dijo esto y expiró. (Lucas 23, 46)

 

Y he aquí, el velo del Templo se rompió en dos y la tierra tembló y las piedras se agrietaron...

 

Jesús el Cristo, murió pero no murió, y al tercer día, ciertamente y de toda verdad, resucitó en carne y hueso de entre los muertos. Se dice que después de la resurrección, Cristo tuvo que descender a los Infiernos para sacar de allá las almas de nuestros primeros padres.

Los evangelios apócrifos, narran este descenso de Jesús a los Infiernos, donde a medianoche alumbró aquellas oscuridades como luz de sol. Allí vence al diablo y libera a todos los santos de la historia, empezando por Adán quien se dirigió al Señor, diciendo:

 

“Viniste ¡Oh Rey de la Gloria! para librar a los hombres y agregarlos a tu reino eterno, y nuestra madre Eva cayó de manera semejante a los pies del Señor y, levantándose de nuevo, besó sus manos y derramó abundantes lágrimas, mientras decía: ved las manos que me formaron, dando testimonio a todos”. (Actas de Pilatos, VIII, 1)

 

Después, Jesús asciende al paraíso llevando consigo a Adán y a todos sus descendientes que le han sido fieles. Pero antes de la resurrección, en estos tres días que permaneció en el sepulcro, se le apareció a José de Arimatea y le entregó el Santo Grial nombrándole su guardián.

Sin duda, José de Arimatea con el Grial que el Cristo le confía, representa al Adán Cristo, al Adán restaurado con el conocimiento y con la divinidad, que puede volver al Edén de donde salió.

 

Todos volveremos a ese Paraíso, Edén o Tierra Prometida que un día abandonamos, y ¡ojalá! que ese retorno sea cumpliendo con la buena ley del Grial.

 

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