CIAG 

Círculo de Investigación de la Antropología Gnóstica

 

Círculo de

Investigación de la

Antropología

Gnóstica

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ENIGMAS DE NUESTRO PLANETA

 

(V. M. Samael Aun Weor)

 

El ser humano ha tenido que desarrollarse en distintos escenarios y nosotros debemos conocer a fondo cuáles son esos escenarios.

 

¿Cómo surgió América? ¿Cómo apareció Europa? ¿Cómo se hundió la Lemuria? ¿Cómo desapareció también la Atlántida?

 

La Lemuria fue aceptada por Mr. Darwin y existe todavía en el fondo del océano Índico. A través de sucesivas conferencias iremos estudiando todos estos escenarios donde la raza humana se ha desenvuelto.

 

Realmente el planeta Tierra merece ser estudiado profundamente. Quieren los habitantes de la Tierra viajar a otros mundos, cuando todavía no conocen el mundo en que viven.

 

En todo planeta se encuentran diversos hechos, sucesos, fenómenos completamente desconocidos para la ciencia oficial. No está por demás recordar algunos acontecimientos que suceden en los mares. Empecemos por hacer reminiscencia de ciertos fenómenos que acaecen a algunas criaturas de los océanos.

 

En agosto de 1917 fue observada en la costa de Cape Ann, Massachusetts (Estados Unidos) una serpiente marina que medía 27 metros de longitud. La Sociedad naturalista de Boston la estuvo estudiando detenidamente. Lastimosamente jamás se volvió a ver por aquellos contornos, es obvio.

 

El oceanógrafo danés Antón Brunn observó en un barco de arrastre la captura de un renacuajo en estado larvario que medía dos metros de tamaño. Si se le hubiera dejado desarrollar de acuerdo con los estudios naturalistas habría alcanzado a medir 22 metros de largo. Son tipos de criaturas desconocidas en general, mas, ¿cómo viven?, ¿cómo actúan?, ¿en dónde se desarrollan?, ¿por qué existen?

 

Pensemos ahora en el famoso pez azul, que se consideraba desaparecido. Se le ha llamado siempre en forma poética con un nombre que nos recuerda al canto, la voz, la poesía. Me refiero al Celacanto, animal un poco extraño. Tiene extremidades parecidas a las de los seres humanos, vive especialmente en el fondo del océano Índico; no olvidemos nosotros que precisamente en el océano Índico existió la Lemuria. Esto significa que todavía, a estas horas de la vida, aquel pez sigue existiendo en la mismísima Lemuria. Vive en las profundidades, rara vez ha salido a la superficie.

 

Incuestionablemente, las grandes profundidades del océano Índico resultan extraordinarias. Nos deja mucho que pensar la existencia de un animal antediluviano en pleno siglo XX. ¿Por qué existe en pleno siglo XX?, ¿a qué se debe? Se encontró alguna vez los restos fosilizados de un Celacanto. Se le calcularon dieciocho millones de años. Es asombrosa la figura del Celacanto. Llama la atención que tenga desarrolladas las extremidades residuales, es decir, miembros parecidos a los brazos, manos o pies del ser humano. Aún existe y está perfectamente vivo.

 

¿Criatura antediluviana existiendo en pleno siglo XX? ¿Qué podrían decir los antropólogos materialistas sobre una criatura así? ¿Cuál sería su concepto? Todo esto nos invita a la gran reflexión. ¿Qué diremos nosotros en verdad sobre el Monosaurio o Ictiosaurio de los tiempos arcaicos que todavía sigue existiendo en las profundidades terribles del Pacífico? ¿Qué saben sobre eso los hombres de ciencia? Absolutamente nada. Así que conviene que sigamos explorando todas estas cuestiones para formarnos un concepto claro.

 

El caso de las anguilas resulta por cierto muy especial. Algunas anguilas procedentes de Europa y de América se dan cita en el Mar de los Sargazos con el objeto de reproducirse, pero lo interesante es que nunca regresan al punto de partida original. Quienes en verdad retornan son los hijos. ¿Por qué sucede esto? ¿Por qué no regresan los padres sino los hijos? ¿Cómo podrían explicar estos fenómenos los antropólogos de la ciencia materialista? ¿Qué es lo que saben sobre el particular? Estoy seguro que ellos ignoran totalmente estas cuestiones.

 

Estudiemos el caso del atún, que en realidad es algo que merece reflexión. Los atunes que salen del Brasil se dirigen hacia Escocia, posteriormente se acercan a Europa y pasan cerca del Mediterráneo. Pero raro es el atún que se mete por el Mediterráneo. ¿Qué podrán decir sobre este fenómeno los hombres de ciencia? ¿Por qué no entran las corrientes migratorias del atún dentro del Mediterráneo? ¿Quién las dirige? ¿Por qué lo hacen? ¿En qué época los señores de la Antropología han definido estos sucesos? Si ellos pretenden tener la sabiduría del universo, ¿por qué no han hablado sobre el particular? Estas gentes materialistas no solamente ignoran, sino que ignoran que ignoran y eso es gravísimo.

 

Hay grandes calamares, monstruos gigantes dotados de enormes tentáculos, sobre los cuales la ciencia retardataria nunca ha hablado nada. Se puede calcular el tamaño de estos calamares por medio de los esqueletos hallados ocasionalmente. Huellas de esos tentáculos gigantescos se han hallado en los lomos de las ballenas. Incuestionablemente los tentáculos de los calamares succionan el pigmento de la piel y dejan la huella que sugiere titánicas luchas en las profundidades.

 

Hay peces lagartos o Ichthyosaurus de origen desconocido, sobre los que la Antropología materialista no ha hablado jamás en la vida.

 

Continuando hacia adelante, hablaremos también de ciertos fenómenos que son desconocidos para dichos señores. Sabemos que existen ríos en el mar a centenares de metros de profundidad, y que marchan en direcciones opuestas, ¿por qué lo hacen?, ¿por qué un río vecino de otro marcha en dirección opuesta y en el mismo océano?

 

Giran estos ríos, los del Norte de izquierda a derecha, como las manecillas de un reloj visto de frente; los del Sur a la inversa, pero, ¿por qué no gira la corriente de Benguela?, ¿qué pasa?, ¿qué explicación daría la ciencia materialista sobre el particular?, ¿por qué los científicos callan esos puntos?, ¿qué pueden decirnos sobre todo eso?

 

Frente a las costas del Perú, a 1.500 metros de profundidad, se ha podido observar columnas talladas emplazadas entre los edificios atlantes, obteniéndose magníficas fotografías. Queda así demostrada la existencia de Atlántida. Pero los tontos científicos continúan, como siempre, negando y negando.

 

Hay civilizaciones desaparecidas, como la de la isla de Pascua, donde existen hoy en día monumentales efigies, enormes cabezas humanas talladas por manos de titanes. La ciencia materialista nunca ha dicho nada. Calla, calla, calla...

 

¿Qué diremos de la Antártida? No hay duda de que antes de la revolución de los ejes de la Tierra, en los Polos Norte y Sur existieron poderosas civilizaciones. Indudablemente, en los hielos de la Antártida deben existir restos de esas antiquísimas culturas. Un día llegará en que la pala de los arqueólogos podrá desenterrarlos. Mientras tanto, la ciencia no da explicaciones.

 

Existen olas gigantescas en mares tranquilos y serenos, olas aisladas que no tienen razón de ser. Me refiero precisamente a las olas “seiche”. ¿Cuál es su origen? ¿Algún terremoto submarino? ¿Cómo podrían explicar esto los señores científicos materialistas? ¿Qué dirían sobre esto los enemigos del Eterno? Que haya olas en los mares furiosos, aceptado. Pero que en un mar tranquilo venga una ola extraordinaria, aislada, solitaria, gigantesca y monstruosa sin saber por qué, es algo que nunca ha tenido explicación científica.

 

Sin embargo, esos hechos suceden en el océano y los materialistas no los han podido explicar.

 

En la cordillera submarina del centro del Atlántico, donde antes estuviera ubicado el gran continente atlante, existen alrededor de cien mil terremotos anuales. Recordemos que terribles terremotos y grandes maremotos acabaron con el continente atlante. Pero todavía, a estas horas de la vida, sigue temblando la Atlántida sumergida.

 

Conviene que nosotros reflexionemos sobre todas estas cuestiones, pues en el fondo crean mucha inquietud.

 

La Tierra no es conocida por los antropólogos materialistas. En realidad este mundo continúa convertido en un verdadero enigma para ellos...

 

Las langostas llenas de púas se reúnen en cantidades suficientes como para formar una migración y descienden por la plataforma continental, siguiendo hasta la llanura abisal con rumbo desconocido. ¿Qué dicen sobre esto los supuestos sabios? ¿Qué explicación dan? ¿Hacia dónde se dirigen? ¿Cuál es exactamente la meta? ¿Por qué realizan esta clase de migraciones?

¡Enigmas que no entienden los ignorantes ilustrados!

 

La Tierra no ha sido siempre como lo es ahora, su fisonomía geológica ha cambiado varias veces.

 

Si nosotros examinamos los cuatro mapas de Elliott Scott veremos que la Tierra, hace un millón de años, era completamente diferente. Esos cuatro mapas geográficos merecen ser tenidos en consideración. Se parecen a cuatro mapas que existen en algunas criptas subterráneas del Asia Central. Tales mapas son desconocidos para los sabihondos de la ciencia materialista. Se guardan secretamente con el propósito de conservarlos intactos, ya que los señores de la Antropología están siempre dispuestos a alterar todo con la finalidad de justificar sus tan cacareadas teorías.

 

El primero de esos mapas de Elliott Scott llama mucho la atención, resulta interesantísimo. En él se ve lo que era el mundo hace unos ochocientos mil años a. de C. En ese entonces la región de los braquicéfalos de la preclara Antropología ultramoderna no existía.

 

Desde el estrecho de Bering, pasando por Siberia y Europa hasta Francia y Alemania, lo único que había era agua. No había surgido todavía la Siberia y Europa de entre el fondo de los océanos.

 

Del África no existía sino la parte oriental, porque el Oeste y el Sur estaban sumergido entre las olas embravecidas del océano. Aquel pequeño continente que entonces existiera en el África Oriental era conocido con el nombre de Grabonci.

 

La América del Sur estaba hundida entre las aguas del océano. Estados Unidos, Canadá y Alaska, estaban sumergidas en el océano y sin embargo, ¡México existía! Parece increíble que hace ochocientos mil años a. de C. ya existía México. Cuando todavía Europa no aparecía, ¡México existía! Cuando Suramérica no había salido de entre el fondo del océano, ¡México existía!

 

Esto nos invita a comprender que entre las entrañas de esta tierra sagrada de México, tan arcaica como el mundo, existen tesoros arqueológicos y esotéricos extraordinarios que todavía no han sido descubiertos por los arqueólogos.

 

La Lemuria fue por aquella época un gigantesco continente que se extendía por el Pacífico, que cubría toda esa área de la Australia, de la Oceanía y el Índico, se proyectaba por todo el Pacífico hasta esos lugares donde más tarde brotará Suramérica. ¡Cuán monumental era la Lemuria, cuán enorme!

 

La fisonomía del globo terráqueo era completamente distinta hace unos ochocientos mil años a. de C. La capital de la Atlántida era Toyan, la ciudad de las siete puertas de oro macizo.

 

Dirán los antropólogos materialistas -que no ven más allá de sus narices-, que en qué nos basaremos nosotros para poder hablar sobre la gran capital. Quiero decirles a los señores que tanto han trabajado por quitarle a la humanidad sus valores eternos y precipitarla por el camino de la involución, que tenemos datos exactos para poder hablar sobre la Atlántida, que hay mapas que se conservan muy en secreto en algunas criptas subterráneas, que indican donde estaba Toyan, la capital de la Atlántida.

 

Así pues, que si hablamos, lo hacemos con pleno conocimiento de causa. Si hablamos de la Lemuria y de la Atlántida, es porque fueron continentes que tuvieron existencia real.

 

Toyan estaba situada en el ángulo, en el sureste de aquel gran país, frente a la costa sureste de aquel gran país, frente a la costa sureste de una franja de tierra que se extendía claramente hasta el Loira, en el Mediterráneo, y Este de África, y que por último llegaba hasta el Sur de Asia, que ya existía. La Atlántida en sí se proyectaba desde el Brasil hasta las Azores, y desde Nueva Escocia, directamente por todo el océano Atlántico.

 

La Atlántida cubría en su totalidad el océano que lleva su nombre. Era un gran país. Imagínense ustedes por un momento a la Atlántida proyectándose hasta las Azores, hasta Nueva Escocia y descendiendo hasta donde hoy es Brasil. ¡Cuán enorme continente era! Se extendía de Sur a Norte, era grandioso. Se hundió a través de incesantes terremotos. Varias catástrofes fueron necesarias para que la Atlántida desapareciera definitivamente.

 

El escenario del mundo ha venido cambiando, la fisonomía de este globo terrestre no ha sido siempre la misma y en ella se han desenvuelto las distintas razas humanas.

 

Necesitamos estudiar cuidadosamente la fisonomía del mundo en los tiempos antiguos, los distintos cambios geológicos por los cuales ha pasado la Tierra. Sólo así podremos formarnos un concepto preciso sobre el origen del hombre, de sus diversos procesos evolutivos e involutivos.

 

Mas si desgraciadamente nosotros quedáramos completamente embotellados en todos los prejuicios contemporáneos, no lograríamos en verdad conocer nada sobre la Geología y mucho menos sobre el desarrollo de la raza humana.

 

Es necesario inquirir, investigar, analizar un poco... Hay muchos enigmas sobre la faz de la Tierra que son desconocidos por la ciencia oficial.

 

¿Cómo es posible que el Ichthyosaurius o Monosaurio, que perteneció a épocas como las del Plioceno, siga existiendo en pleno siglo XX dentro de las grandes profundidades del Pacífico? Son enigmas que hasta ahora los insignes materialistas no han podido descifrar, ni comprender.

 

A través de estas Cátedras tenemos que conocer los distintos escenarios del mundo. Tendremos que echar luz en las tinieblas.

 

Una vez que hayamos puesto los fundamentos científicos de la Antropología Gnóstica, entonces revisaremos las antiguas culturas.

 

Es indispensable saber cómo fue que surgieron los pelasgos en Europa. Es necesario conocer las culturas arcaicas. Es urgente saber algo de la civilización de los hiperbóreos, etc.

 

Pero antes que todo, es urgente revisar los distintos cambios geológicos por los cuales ha pasado la Tierra. Comprendemos que cada raza ha tenido un escenario, que necesitamos conocer el ambiente, el clima, las condiciones en que ha tenido que vivir y esto es indispensable.

 

Cuando se dice que las culturas de América vinieron a través del estrecho de Bering desde el continente asiático, se está aseverando una espantosa falsedad, porque los mapas antiguos demuestran que el estrecho de Bering, la Siberia, el Canadá y los Estados Unidos, ¡no existían!

 

Hace ochocientos mil años México tenía una población solemne, maravillosa, separada del estrecho de Bering por los grandes océanos. Así que la ciencia materialista está hablando de lo que no ha visto, de lo que no le consta.

 

Nosotros estamos hablando sobre la base de mapas como los de Elliot Scott y en otros similares que se encuentran en las criptas subterráneas de la cordillera del Himalaya, en el Asia Central.

 

Los que aseveran que la raza humana llegó a América a través del estrecho de Bering, están demostrando una gran ignorancia, un desconocimiento total de las antiguas cartas geográficas. Con esa clase de aseveraciones los antropólogos materialistas están engañando a la opinión pública y abusan de la inteligencia de los lectores.

 

Nosotros, repito, somos amantes de la investigación científica, del análisis exacto. No nos permitimos el lujo de aceptar teorías materialistas, no somos los tontos que nos vamos a dejar engañar por las suposiciones basadas en falsos utopismos.

 

 

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