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Círculo de Investigación de la Antropología Gnóstica

 

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EL SERMÓN DE LA MONTAÑA

 

CAPITULO III DEL LIBRO TITULADO "VIDA Y ENSEÑANZAS DEL SEÑOR JESÚS"  de Sri Swami Sivananda.

 

El mensaje eterno del Señor Jesús

 

“A quienquiera que escuche estos dichos Míos y los cumpla, Yo lo consideré un hombre sabio que construyó su hogar sobre una roca. A los tontos que construyen su casa sobre arena, no les gustará aquél que escuche estos dichos Míos y los cumpla”, dijo el Señor al concluir el famoso Sermón de la Montaña. El Sermón no fue una discusión filosófica para escuchar, tal vez entender y olvidar más tarde. En ese glorioso Sermón, infundió el espíritu de Dios. El Sermón fue la palabra de Dios, el Mensaje Eterno que está siempre ardiendo con la llama de la Divinidad. Jesús vive en ese Sermón.

 

Recuerda, los ángeles le recomendaron a José que bautizara al niño Jesús, porque Él salvaría a la gente del pecado. Estudia el Sermón de la Montaña una y otra vez: ¿No es una Luz que te salva de la oscuridad del mal? Cada palabra en él te exhorta a alejarte del mal y entrar en el Reino del Cielo, el Reino de Dios. Mediante Su vida gloriosa, el Señor Jesús ha mantenido las puertas del Reino de Dios bien abiertas para que personas de todos los tiempos puedan entrar. La vida del Señor aquí no fue más que un comentario vivo de ese Sermón.

 

Jesús era Dios Mismo. La Santa Escritura nos recuerda esto una y otra vez. A pesar de ello, ¿cómo es que Él tuvo que soportar tanta persecución y sufrimiento? ¿No podría haber aplastado a Sus enemigos con el solo ejercicio de Su Voluntad Divina? Sí. Pero la Suprema Encarnación del Amor que fue el Señor Jesús quiso que Su propia vida fuera un ejemplo para que la gente emulara. Por lo tanto, se comportó como cualquier otro ser humano y, al hacerlo así, demostró totalmente en Su propia vida, corta pero memorable, el Gran Sermón que dio en la montaña.

 

Tanto al comienzo como al final del Sermón, Él declara enfáticamente que es el deber sagrado de todos aquellos que hayan tenido el bendito privilegio de escuchar el Mensaje, seguir y enseñar los mandamientos a otros. El Señor quiere que tu luz “brille ante los hombres”, no para tu glorificación sino para que “ellos vean tus buenas obras y glorifiquen a tu Padre que está en el Cielo”. Practica el Sermón de la Montaña. Inspira a otros hijos del Señor mediante preceptos y ejemplo, practica las gloriosas enseñanzas contenidas en él. Así se cumplirá la misión suprema del Señor Jesús, la misión de salvar a la gente del pecado. Es de lo más urgente hoy que el Mensaje del Señor se esparza en el mundo; porque una vez más la humanidad está corriendo de cabeza hacia la destrucción, hacia la injusticia, hacia el odio y la guerra. Sólo el Mensaje del Señor puede salvar al mundo de hoy. Las palabras divinas del Sermón de la Montaña deberían grabarse en el corazón de cada hombre y cada mujer; y entonces, sólo entonces, la humanidad podrá conocer la paz y la prosperidad.

 

Amor cósmico

 

El primer mandamiento es muy conmovedor. Es el estilo característico del Señor el de crear un momento culminante. Previo a ese día, se consideraba malo matar a cualquier ser vivo. Matar es en sí mismo la manifestación más burda de un sentimiento que hierve en el corazón del hombre. El Señor quiere salvar al hombre de ese sentimiento. Por lo tanto, sugiere un gran remedio que podría curarlo inmediatamente de la causa raíz de la peligrosa enfermedad que se manifiesta en el crimen. ¡Ira! La ira es el mayor enemigo del hombre. Destruye la inteligencia y, bajo su influencia, el hombre se degenera en algo peor que una bestia. El Señor te exhorta a liberarte de la ira. Incluso el dar rienda suelta a esta emoción impura es un pecado. No uses palabras insultantes hacia nadie; todos son hijos de tu Padre. Todos son tus hermanos y hermanas. El Señor mora en todos. No llames “tonto” a nadie. En Su instrucción divina, el Señor va aún más allá. Este horrible enemigo del hombre, la ira, debería ser expulsado de su corazón. No sólo eso, se debería instalar en ese corazón la virtud opuesta, el amor. ¡Qué hermoso lo dice! Si no haces esto, tu adoración de Dios, que es puro Amor, es hipócrita. Por lo tanto, si un pensamiento hostil surge en ti cuando te aproximas a Su altar, mejor deja el lugar. Ve a aquél con el que tienes un malentendido o pelea. Reconcíliate con él. Amígate con él una vez más y luego adora a Dios.

 

Inténtalo hoy. Esta no es una doctrina intelectual que haya que entender. Es la palabra de Dios que hay que poner en práctica. Hazlo ahora y ve por ti mismo. ¡Qué gran gozo y paz experimentas en tu adoración y tu meditación si has limpiado tu corazón de todo mal sentimiento con las aguas del amor cósmico!

 

Cuando tu corazón está lleno de amor cósmico, ¿quién puede ser tu enemigo? Puede que alguien sienta hostilidad hacia ti; pero en tu corazón, nunca deberían surgir sentimientos de enemistad. Para ti, él también es un hermano, el cual debe ser tratado con el mismo amor y consideración que tienes hacia el mejor de tus amigos. Jesús no dejó el menor lugar para malentendidos; la ambigüedad Le era desconocida. La enseñanza no puede ser más práctica que la forma en que Él la dio.

 

“Ama a tus enemigos; bendice al que te maldice; haz el bien a aquellos que te odian y ruega por aquellos que te usan y persiguen despiadadamente.” ¡Qué argumento convincente da para sostener este mandamiento sagrado! ¿Por qué deberías amar a tus enemigos? ¡No porque seas superior a ellos! Sino porque tal es la naturaleza de Dios a Cuya imagen estás hecho y Cuyos hijos son todos ustedes.

 

¿Se le niegan al ateo las bendiciones de Dios? El mismo aliento de vida que usa el ateo para negar la existencia de Dios es provisto por Él. “Él hizo que Su sol se elevara sobre el malvado y sobre el bueno, y envió lluvias al justo y al injusto.” El odio no cesa mediante el odio; el odio cesa con el amor. El amor conquista al odio y a la enemistad. La virtud conquista finalmente a la maldad. El amor transforma el corazón del hombre. No hay mejor forma de vencer a un enemigo y de transformar a una persona de mente malvada que amarla y dejar que vea en tus acciones diarias la gloria de la vida recta.

 

Amor y virtud deben volverse parte de tu misma naturaleza. No deben ser fingidos ni artificiales. Por lo tanto, cuando el Señor Jesús ordenó que no resistieras el mal, aludió a Su enseñanza de que el amor debería volverse tu naturaleza. Resistir el mal requiere extraordinaria fe en Dios, experiencia de Su Omnipotencia, entendimiento del poder del amor y un valor moral supremo. “Si alguien te abofetea en la mejilla derecha, ofrécele la otra también”.

 

Al no resistir el mal y demostrar tal amor incluso frente al mal, estás despertando la conciencia moral latente en el hombre malvado. Si has adoptado la política de “ojo por ojo y diente por diente”, la conciencia moral de la otra persona será completamente enterrada bajo el mal ejemplo que le ofreces. Pero cuando un hombre te golpea en la mejilla y, en vez de que le devuelvas “con la misma moneda”, experimenta tu amor, la forma virtuosa en la que reaccionas, está destinado a ser profundamente influenciado por tu ejemplo y, tarde o temprano, reflexionará sobre el incidente, se arrepentirá por su acción y recobrará su conciencia moral.

 

Las Cortes del mundo podrían cerrarse y se le podría permitir a la gente vivir en paz y amistad si practicaran esta regla: “Si cualquier hombre te demandara ante la ley y te sacara tu abrigo, deja que se lleve tu capa también”. ¿Quiere el Señor que te quedes sentado ocioso y observes cómo estás siendo engañado y robado? ¡No! Él quiere que seas positivamente caritativo. Quiere que corras a socorrer al necesitado. Si te roba el abrigo, porque lo necesita, es mejor darle también la capa de modo que pueda estar confortable. En realidad, junto con tu capa, le estás dando el don precioso de la sabiduría; él ve en tu acción la verdadera naturaleza del amor, la gloria de la caridad y la actitud indiferente de un hombre de Dios hacia los objetos de este mundo. La capa (el objeto mundano) es perecedera y algún día te separarás de ella; pero el fruto del don, la recompensa de la caridad – especialmente dárselo al hombre que te lo robaría – es inmortalidad para ti y transformación interior para él. No requiere sólo valor moral y amor sino un supremo desapego por los objetos del mundo; practica esto. El Señor Jesús pregunta significativamente: “¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo si pierde el alma?” La pérdida de todos los objetos del mundo es nada en comparación con la adquisición de esta sola virtud, la caridad.

 

Práctica de la pureza

 

Luego viene la pureza. Aquí, una vez más, vemos cómo el Señor Jesús va a la raíz misma del problema y sugiere una cura radical. La inmoralidad no está confinada a la acción; está arraigada en el pensamiento mismo. No puede ser eliminada efectivamente solamente restringiendo los órganos externos, como hacen los hipócritas, sino purificando la mente y el corazón. “Quienquiera que mire a una mujer con lujuria ya ha cometido adulterio con ella en el corazón”. El mal está en la mente; el cuerpo es una mera herramienta de ésta.

 

Un mandato extraordinario sigue a esta declaración. Es el método de auto-castigo. Es una práctica espiritual reconocida. Castigarse y rogar. Disociarse del cuerpo e incluso de la mente, y castigarlos con la vara de la penitencia. Primero, las formas densas de auto-castigo como ayunar y demás, hasta que hayas aprendido la técnica de disociarte completamente del cuerpo y de la mente, y luego puedes usar tu voluntad fuerte y poderosa como las riendas para refrenar a la turbulenta mente y a los sentidos. Esto es lo que el Señor alude cuando dice: “Y si tu ojo derecho te ofende, sácatelo y arrójalo”. Eres diferente del órgano ofensor; usa tu discernimiento y córtale el suministro de la fuerza del alma, el poder del pensamiento y el impulso nervioso. Luego, dejará de funcionar en desacuerdo con tu voluntad y se someterá a ella dócilmente. Esta regla no sólo se aplica a la erradicación de la lujuria sino a la de la ira y toda la hueste de vicios. Esta es la panacea para todos los males que asaltan el corazón humano.

 

Porque, recuerda, el objetivo es ser “perfecto como tu Padre que está en el Cielo”. La perfección en todas las virtudes es a lo que se apunta. Cuando cultives las virtudes fundamentales que el Señor ha enumerado y en las que ha insistido en el Sermón de la Montaña, las otras virtudes se apegarán a ti. Amor, Pureza, Verdad, Caridad, Humildad, Sinceridad y Entrega de uno mismo – estas son las grandes virtudes que deberías esforzarte en cultivar. Te harán perfecto, una imagen radiante de Dios.

 

Entrega de uno mismo: La llave hacia la Verdad

 

En la práctica de la Verdad, el Señor tiene algo muy iluminador que decir. La gente generalmente jura decir la verdad y jura que hará ciertas cosas en el futuro. El Señor Jesús les pide a Sus seguidores que se abstengan de jurar. El jurar surge del ego arrogante. Es vanidad. Nadie realmente conoce la verdad, pero todos están listos para jurar “por Dios” que lo que dicen es cierto. Es vehemencia arrogante. Un hombre inteligente diría: “Hasta donde sé y creo, esta es la verdad”. Sólo Dios sabe cuál es la verdad. Por lo tanto, el Señor Jesús dice: “No juzgues a otros”.

 

La otra forma de jurar es jurar por el futuro. Uno puede tomar decisiones con una plegaria devota. Esto se asemeja más a una autosugestión. Puedes decir: “De ahora en más, llevaré una vida de abstinencia, de celibato o renuncia. Dios, derrama Tu Gracia sobre mí”. Esto es necesario para el progreso espiritual. Similarmente, en el caso de cuestiones mundanas es necesario hacer ciertos acuerdos y llegar a entendimientos. Pero lo más importante a tener en cuenta siempre – y este es un principio fundamental de la verdadera vida religiosa – es que el futuro está en Sus Manos. Nuestra perspectiva acerca del futuro debería ser una de entrega a la Voluntad Divina. Comprometerse con ciertos votos es como el niño pequeño que le promete a su cariñosa madre que “vestirá siempre el hermoso abrigo” que ella le obsequió para su quinto cumpleaños.

 

Es aquí donde se necesita la mayor precaución. Uno no debería entregarse a las fuerzas malignas de la naturaleza (Satán), ni desarrollar arrogancia religiosa. Llevar una vida sin rumbo, tomar las cosas como vienen, reaccionar instintivamente al entorno y las circunstancias es subhumano. Arrogarse los poderes de hacer y deshacer las cosas, de formar su propio destino y el de la humanidad, es seguramente más de lo que un animal puede hacer; pero es algo peor que ello, es maligno. Por otro lado, el hombre sabio esperará algo bueno, aspirará a algo magnífico, trabajará por la paz y la prosperidad, y luego dejará todo a Su Voluntad. Él sabe que por su propia voluntad no puede “hacer que un cabello sea blanco o negro” en su propia cabeza.

 

Esta es la llave maestra para todo progreso. Porque al reconocer así la inevitabilidad de la Voluntad Divina, el hombre avanzará con Dios entronado por siempre en su corazón, asimilando todo lo que sea bueno en todas partes y en todo lugar, y transformando todo lo que sea bajo y malo mediante el toque de su piedad, tolerancia y amor. No estará atado a dogmas, creencias y rituales fijos sino que se elevará con las alas de la Voluntad Divina y Su Gracia.

 

Rechaza la insinceridad

 

Humildad y plegaria son los canales a través de los cuales Su Gracia fluye hacia el buscador, y esa Gracia lo conduce a la satisfacción de Su Voluntad. Es en la Gracia que el individuo encontrará unidad con la Voluntad Divina; y la Gracia se obtiene por medio de la humildad sincera y la plegaria constante.

 

Por lo tanto, el Señor Jesús nos advierte de hacer un show de nuestra vida religiosa. Incidentalmente, Él revela un gran secreto. Sinceridad es un factor sumamente importante no sólo en la vida espiritual sino en la vida diaria de todo ser humano. Insinceridad es falsedad, la que debe ser rechazada con mayor vigilancia que con la que uno desecharía una fruta venenosa. El veneno en la forma tentadora de una fruta es ruinoso para el cuerpo físico; la insinceridad en la apariencia santa de una vida virtuosa es ruinosa para la misma alma del hombre. Un acto de caridad hecho públicamente para la aclamación de la sociedad puede darle buena recompensa aquí en nombre, fama, estatus social y comodidad material. Pero tiene muy poco valor espiritual. Porque Dios es el Habitante interior que mira los motivos más íntimos. Él sabe que el motivo no es ganar Su Gracia o hacer Su Voluntad sino adquirir las cosas de este mundo. Y eso es la antítesis misma de la vida divina.

 

Por lo tanto, aquél que lleve una vida divina, no hará caridad porque ésta le dé nombre y fama sino porque la caridad es el reflejo de Dios en el hombre. Ninguna de Sus Bendiciones Supremas – el sol, la lluvia, el viento y la tierra sostenedora de la vida – proclama con tambores, “Soy yo el que mantiene tu vida y te posibilito vivir y funcionar aquí”. Dios, oculto en todos estos grandes canales de Su Gracia e instrumentos de Su Voluntad, derrama Sus Bendiciones sobre nosotros. El buscador que desea hacer Su Voluntad, se considerará a sí mismo un instrumento de Su Voluntad y un canal de Su Gracia; por lo tanto, es natural para él ser caritativo y amoroso. La caridad y el amor universal se vuelven parte de su naturaleza y no algo extraordinario por lo que deba fanfarronear.

 

Dios, el Habitante interior, está siempre contento con tal buscador y lo recompensa “ampliamente”. El buscador se convierte en santo, en hombre de Dios, irradiando divinidad. La gente queda encantada con su sola presencia y lo adora.

 

Similarmente, en el caso de la plegaria y el ayuno. Estos son naturales para un verdadero buscador. La plegaria es su alimento espiritual, el ayuno es una consecuencia natural de ello. Él le niega alimento material a su mente y sus sentidos para poder, mediante la plegaria, alimentarlos con el maná espiritual. Este es el proceso para divinizarse. No se hace para obtener el favor de algún ser humano sino para divinizar la propia personalidad. ¿Qué sentido tiene entonces hacer un show de la plegaria y el ayuno?

 

Plegaria al Señor

 

Si la Voluntad de Dios se cumple aquí y sólo Su Gracia nos llena y rodea por todas partes, ¿por qué vamos a rogar? El Señor Jesús nos recuerda: “Tu Padre sabe qué necesitas antes de que se Lo pidas”. Por lo tanto, la plegaria es por Su Gracia, para recordarlo constantemente, para convertirte en un canal de Su Voluntad y obtener Su perdón. Hay un poder misterioso en el universo – Satán – que tienta incluso a los mejores de los hombres, engaña aún a los más sabios y lleva por mal camino a los más grandes. Le ofrecemos plegarias al Señor para que nos proteja de esto. El Señor Jesús ha formulado una hermosa plegaria en este sentido.

 

Padre nuestro que estás en los cielos,

Santificado sea Tu Nombre;

Venga a nosotros Tu reino;

Hágase Tu voluntad

Así en la tierra como en el cielo.

 

Danos hoy nuestro pan de cada día;

Y perdona nuestras ofensas,

Así como nosotros perdonamos

a quienes nos ofenden;

no nos dejes caer en la tentación,

y líbranos del mal.

 

Porque Tuyo es el reino,

Tuyo el poder y la gloria,

Por siempre jamás, Amén.

 

El “pan de cada día” no es solamente el pan físico o el alimento que le damos al cuerpo para mantenerlo vivo. Porque el Señor Jesús te asegura que Dios conoce tus necesidades y, así como Él viste a los lirios en el campo con delicados y encantadores colores, y alimenta a las aves del aire, también te alimentará y vestirá sin que se lo ruegues. Medita sobre esto y experimenta la Suprema Gracia de Dios que te dio la vida y la mantiene. Entenderás claramente el significado de Su Palabra Inmortal: “No almacenes tesoros para ti en la tierra, donde las polillas y el moho corrompen, y donde los ladrones hurgan y roban; guarda para ti los tesoros en el Cielo, donde las polillas y el moho no corrompen, y los ladrones no hurgan ni roban”. Mediante esta revolución de los valores, puede surgir desapego en el corazón y uno puede experimentar el Reino de Dios en el mismo. “Porque allí donde está tu tesoro, también está tu corazón”. Desarrolla discernimiento. Que no te importen las riquezas de este mundo; son perecederas y no pueden darte paz y felicidad duradera. Dedícate a la adquisición de riqueza espiritual mediante plegaria, meditación y caridad hechas con regularidad. Por lo tanto, esta plegaria al Señor es para el pan espiritual, el alimento espiritual – en otras palabras, para tener devoción por Él y un discernimiento correcto. “Primero busquen el Reino de Dios y Su virtud, y todo lo demás les será dado por añadidura”, dijo.

 

Abandona el hábito de encontrar faltas

 

Habiendo dicho todo esto, el Señor Jesús hace una dura advertencia a Sus seguidores contra una debilidad humana muy común y desastrosa, la de encontrar faltas en otros. Una vez más, este es el trabajo del ego en el hombre. Trata de ocultar sus propias deficiencias descubriendo faltas en otros. Generalmente, el hombre está tan preocupado acerca de las debilidades y faltas de otros – no porque quiera corregirlos ¡sino para establecer su superioridad sobre ellos! – que difícilmente conceda un pensamiento a los millones de defectos que lo corroen por dentro. ¿A quién le gustaría dirigir su mirada decididamente hacia el interior y practicar introspección, llevar a cabo un autoanálisis y luchar para perfeccionarse? El Señor Jesús quiere que cada uno de ustedes sea un héroe espiritual y no un chismoso. Él pregunta,   “¿Por qué ves la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio?” “Oh, hipócrita, primero saca la viga de tu propio ojo y luego verás claramente para sacar la paja del ojo de tu hermano”. Esta es un consejo muy serio que todo buscador de la Verdad debería tener siempre presente.

 

La Regla de Oro

 

El Sermón concluye con las mismas encendidas palabras de sabiduría que caracterizan a cada palabra que el Señor Jesús pronunció durante el curso de Su ministerio espiritual. Él no alienta la prédica indiscriminada; el buscador de la Verdad debe ser iniciado en Sus misterios. Aquél que anhele sabiduría primero deberá recibir el alimento espiritual del conocimiento divino. “Porque a todo el que pida se le dará… o si el propio hijo le pide pan, ¿quién de ustedes le daría una piedra?” El Señor Misericordioso escucha las plegarias de todos y satisface las aspiraciones piadosas y nobles de todos. Así también, Sus Mensajeros Elegidos deben dar al buscador el conocimiento de la Verdad adecuado a su estado de evolución y temperamento.

 

La forma de vida honrada es recomendable para todos. Se debe ayudar a los hombres a lograr lo que busquen por medios honestos. Es imprudente predicar alta filosofía a un hombre que está pasando hambre y es incapaz de mantener juntos cuerpo y alma. Debes ayudarlo a encontrar la forma de ganarse el pan por medios honestos. Con el tiempo, él descubrirá la vida divina.

 

Aquí, el Señor Jesús da la Regla de Oro de la Conducta Recta. ¿Cuál es el principio fundamental de la honestidad? “Haz por los otros lo que quieras que ellos hagan por ti; porque esta es la ley”. Esta es la ley suprema de la conducta recta.

 

La Vida Divina

 

¡Qué simple, gloriosa y grande es la vida divina! A pesar de ello, “Hay pocos que la encuentran”, dice el Señor Jesús. Lo que vemos a nuestro alrededor hoy justifica ampliamente esta profecía del Salvador: “Porque estrecha es la puerta y angosto el camino que lleva a la vida”. Los objetos del mundo que prometen satisfacción sensual inmediata y comodidad física son tan tentadores que el hombre instintivamente trata de tomarlos. Pero ellos lo conducen a la destrucción de un gran don del Señor que sirve como luz en su vida, el discernimiento. Es el discernimiento lo que distingue al hombre del animal. Pero llevando una vida sensual, él ha degenerado en un animal. “Si la luz que está en ti es oscuridad, ¡qué grande es esa oscuridad!” ¡Qué cierto! Si el poder de discernimiento que el Señor le ha otorgado al hombre es usado para favorecer sus instintos animales, su anhelo de placeres sensuales, ¿qué puede sorprender que él haya degenerado en algo peor incluso que un animal? El Señor Jesús advierte: “Ningún hombre puede servir a dos amos. Ustedes no pueden servir a Dios y a Mammón”. Mammón promete el placer físico inmediato que lleva al hombre hacia el camino a la destrucción. “Ustedes son la sal de la tierra; pero si la sal ha perdido su sabor, ¿con qué se salará?” Si el hombre, la corona de la creación de Dios, ha perdido su poder de discernimiento; si él, hecho a la imagen de Dios, elige el sendero del mal, ¿qué le sucederá a la civilización, a la humanidad? Él conducirá al mundo entero a la destrucción.

 

El hombre usará la misma inteligencia, que Dios ha sido tan misericordioso en darle, para apoyar sus acciones destructivas. ¿Cuántos líderes vemos en las diferentes esferas de la vida humana que no hacen más que corromper a la humanidad? “Ten cuidado de los falsos profetas que vienen a ti vestidos de ovejas, pero que internamente son lobos voraces”.

 

¿Cómo los reconoceremos? “Los reconocerán por sus frutos. ¿Recogen los hombres uvas de las espinas o higos de los cardos?” ¡Qué mensaje emocionante! ¡Qué inspiradoras palabras de sabiduría! ¡Qué guía clara! Observa sus acciones. ¿Están de acuerdo con los Mandamientos del Señor Jesús? ¿Se atienen al mensaje Sagrado del Señor – el Sermón de la Montaña? Si no es así, recházalos.

 

Tienes la Presencia Viva del Señor en las Palabras del Sermón de la Montaña. Ellas no son Palabras sino el aliento de vida del Eterno e Inmortal Señor Jesús. Son instrucciones simples, directas, divinas y conmovedoras dirigidas por un Ser Divino al fondo de tu corazón. Inscribe este Sermón en tu corazón. El Señor Jesús te guiará desde tu interior por el glorioso sendero de la Vida Eterna hacia el Reino de Dios, donde gozarás para siempre de paz perenne y felicidad eterna. Que las más selectas bendiciones del Señor Jesús estén con todos ustedes.

 

 

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