CIAG 

Círculo de Investigación de la Antropología Gnóstica

 

Círculo de

Investigación de la

Antropología

Gnóstica

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EL CIERVO

 

 I- Introducción.

 

El ciervo o venado, animal perteneciente a la familia de mamíferos rumiantes, aparece en todas las culturas y religiones con algún significado similar o diferente, como protagonista de cuentos y leyendas, acompañando a dioses y héroes o como símbolo de libertad, agilidad y belleza.

 

Numerosas culturas comparaban al ciervo con el árbol de la vida y le atribuían un significado relacionado con la fertilidad.

 

Su cornamenta era asociada a la luz y al destello del fuego, por lo que, en no pocas ocasiones, se le consideraba un animal de naturaleza solar y mediaba entre las naturalezas celeste y terrestre.

 

Para los pueblos del lejano oriente y para las culturas precolombinas, el ciervo significaba el espíritu y el cuerpo que se renuevan, debido al nacimiento de los brotes de sus cuernos.

 

Los chinos interpretan el significado del ciervo en un sentido relacionado con la infecundidad y lo yermo.

 

En cambio, los budistas, afirman que es el animal del recto conocimiento y de la probidad.

 

También se le tenía, entre las tribus celtas, por conductor de los espíritus y simbolizaba la fuerza de la luz ante las tinieblas.

 

Para los griegos y romanos, el ciervo estaba consagrado a la diosa Artemisa, protectora de la energía vegetativa, y a Diana la cazadora. Ellos hablaban del carácter místico del Ciervo, el cual sabía distinguir las distintas especies de plantas curativas, debido a su perfecta intuición y a su naturaleza dilucidadora.

 

 

II- Simbolismo del ciervo.

 

En su conferencia  acerca de la “Simbología Gnóstica de los Animales” nos dice el Maestro Samael:

 

– Estudiante. ¿Y el Venado, Venerable Maestro?

 

– Maestro. El Venado tiene hasta una danza por ahí: “La Danza del Venado”. Es patética la Danza del Venado, algunos la danzan a la maravilla, otros lo hacen menos graciosamente, pero quienes mejor lo hacen presentan espectáculos magníficos. La Danza del Venado… …la Caza del Venado…

 

– Estudiante. ¿Es como ese proceso que se pasa en la Iniciación, el de la Captura de la Cierva Cerinita que representa el ascenso de la Walkiria?

 

– Maestro. Eso es claro.

 

– Estudiante. Y en este caso, ¿el Ciervo sería el Alma Humana?

 

– Maestro. El Alma que sufre, llora, gime, y lucha, y al fin logra morir para tener realidad, para ser. ¡El Venado!

 

En “Misterios Mayas”, el V.M. Samael, describe la escalinata de Jeroglíficos. Esta escultura es una clara alusión a los doce trabajos de Hércules.

 

Los doce trabajos, prototipo del hombre auténtico, indican, señalan, la vía secreta que ha de conducirnos hasta los grados de Maestro Perfecto y Gran Elegido.

 

En “Tarot y Cábala” también habla de los Doce Trabajos de Hércules y dice lo siguiente: El Sexo, es la Piedra Filosofal. Sería imposible decapitar la Medusa (el Satán que llevamos dentro) sin el tesoro precioso de la Piedra Filosofal. Recordad que la Medusa es la Doncella del Mal (el Yo Psicológico) cuya cabeza está cubierta de silbadoras víboras.

 

Se dice en ciencia oculta que la unión del Mercurio Sófico con el Azufre Sófico dan por resultado la Santa Piedra Filosofal. El Ens Seminis es el Mercurio, el Azufre es el Fuego Sagrado del Amor. Apolo y Diana, Hombre y Mujer, deben trabajar en la Magna Obra, decapitando a la Medusa, venciendo a la Serpiente Tentadora, matando al León de Nemea, sacando de entre el Tártaro al Perro Infernal, al Cancerbero. Deben trabajar en la Gran Obra realizando los Doce Trabajos de Hércules.

 

Hércules (el Cristo Cósmico), hijo de Júpiter (Io Pither) y de Alcmena, realizó los 12 Trabajos:

Tercer trabajo: Captura de la cierva Cerenita y del jabalí de Erimanto.

 

En su libro “Las 3 Montañas Mágicas”, habla de “El cielo de Venus” y dice:

 

Deviene ahora extraordinaria la tercera hazaña de Hércules, el Héroe solar: Quiero referirme enfáticamente a la captura de dos animales, suave el uno como veloz, turbulento y amenazador el otro. La Cierva Cerenita y el Jabalí de Erimanto.

 

Podemos y hasta debemos identificar estos famosos cuadrúpedos, con las dos resplandecientes constelaciones australes más próximas a las estrellas de Géminis, que se hallan cerca de los dos Centauros, con los que Hércules sostiene una lid sangrienta. En la cierva de pies de bronce y cuernos de oro, consagrada a Diana y disputada por Apolo, el Dios del Fuego, podemos ver una clara alusión al alma Humana (el esposo de la Walkiria), el Manas Superior de la Teosofía.

 

Y en el terrible Jabalí, perverso cual ninguno, está el símbolo viviente de todas las bajas pasiones animales. No está demás aseverar en estos instantes que yo anhelaba muy sinceramente y con todas las fuerzas de mi Alma, entrar al cielo de Venus, el Mundo Causal, la morada de los Principiados. Empero, es claro que necesitaba primero hacer méritos, reducir a polvareda cósmica al espantoso Jabalí...

Bajar es necesario antes de subir; a toda exaltación le precede siempre una terrible humillación. Descender a los Infiernos Venustos fue indispensable, urgente, inaplazable, antes del ascenso. Información previa necesitaba y ésta, en sí misma, resultaba ciertamente apremiante, perentoria...Indicaciones precisas, extraordinarias, vinieron a mí durante la meditación; es ostensible que el Iniciado siempre es asistido...

 

Sobre una gran tabla, muy semejante al atractivo tablón de un juego de ajedrez, en vez de las consabidas piezas del citado juego, vi muchas figuras animalescas de asqueante aspecto... Incuestionablemente, con la ayuda de mi Divina Madre Kundalini, yo había eliminado defectos de tipo Psicológico, ya en el Mundo Astral, ya en el Mundo Mental, empero, los gérmenes causales de aquellos, continuaban existiendo dentro de mí mismo, aquí y ahora...

 

Simbología de los sueños: Ciervo.

 

Dice el maestro Samael en “La Ciencia Oculta de los Sueños” en relación a la simbología del ciervo:

Ciervo.- Representa al alma. (Día Mazatl del calendario azteca)

 

III- Simbolismo del ciervo en las diferentes culturas y religiones

 

 Mitología Griega: El ciervo y Artemisa.

 

En la mitología griega, Artemisa o Artemis es la hija de Zeus y Leto, y la hermana gemela de Apolo. Su nombre es Diana en la mitología romana.

 

Artemisa era la diosa virgen de la caza, los animales salvajes, las tierras salvajes y los partos, y también una diosa de la fertilidad.

 

A los tres años, Artemisa pidió a su padre, Zeus, que le concediese varios deseos. Pidió no tener que casarse nunca, perros de caza, ciervos para que tiraran de su carro, y ninfas como compañeras de cacería. Zeus accedió a sus deseos. Sus compañeras permanecieron vírgenes y ella guardó muy celosamente su castidad.

 

En ocasiones a Artemisa se la asocia con ciervos y venados, y a menudo se la representa con ellos, y otras veces con lobos o perros de caza.

 

En varias de sus leyendas se transforma o envía algún ciervo a los mortales, e incluso algunos de sus enemigos son convertidos en ciervos para ser cazados por sabuesos o por ella misma con sus flechas:

 

Acteón

 

En una ocasión estaba Artemisa bañándose desnuda en el bosque cuando el príncipe tebano y cazador Acteón tropezó con ella. Se detuvo y se quedó mirándola, fascinado por su belleza, pero pisó accidentalmente una rama y Artemisa le descubrió. Ésta se disgustó tanto por haber sido espiada que transformó a Acteón en un ciervo y envió a sus propios sabuesos a que le mataran. Éstos le destrozaron sin saber que el ciervo que cazaban era su propio dueño.

 

 

En otra versión Acteón alardeó de ser mejor cazador que Artemisa, y ésta le transformó en un venado que fue devorado por sus propios perros.

 

Agamenón e Ifigenia

 

Artemisa castigó a Agamenón tras haber matado éste un ciervo sagrado en una arboleda sagrada y alardear de ser mejor cazador que ella. En su camino a Troya para participar en la Guerra de Troya, los barcos de Agamenón quedaron de repente inmóviles al detener Artemisa el viento en Áulide. Un adivino llamado Calcas dijo a Agamenón que la única forma de apaciguar a Artemisa era sacrificar a Ifigenia, su hija. Según algunas versiones, así lo hizo, pero otras afirman que en el último momento Artemisa la sustituyó por una corza o una cierva y que la transportó a Tauro en Crimea, donde la convirtió en sacerdotisa.

 

Táigete

 

Zeus persiguió a Táigete, una de las Pléyades, quien rezó a Artemisa. La diosa transformó a Táigete en una cierva, pero Zeus la violó cuando estaba inconsciente. Así concibió a Lacedemón, el mítico fundador de Esparta.

 

Oto y Efialtes

 

Oto y Efialtes eran dos gemelos gigantes que en un momento dado quisieron tomar por asalto el monte Olimpo. Lograron secuestrar a Ares y encerrarlo en una vasija durante trece meses. Sólo fue liberado cuando Artemisa ofreció acostarse con Oto. Esto hizo que Efialtes sintiera envidia y ambos pelearon. Artemisa se transformó en una cierva y saltó entre los dos. Los Alóadas, para evitar que huyera, arrojaron sus lanzas y se mataron uno al otro.

 

 Diccionario de mitología griega y romana, Pierre Grimal.

 

El cuarto trabajo que Euristeo impuso a Heracles, fue la captura de una cierva que habitaba en Énoe. Eurípides, cuenta simplemente que era un animal de gigantesca talla que asolaba las cosechas. Heracles la mató y consagró su cornamenta en el templo de Ártemis Enoatis. Pero esta versión no solo es aislada, sino que se halla en contradicción con la leyenda tal como se cuenta generalmente. Tiene por objeto borrar del ciclo lo que parecía un rasgo de impiedad del héroe.

 

Esta cierva, según Calimaco, era una de las cinco que Ártemis había encontrado en otros tiempos paciendo en el monte Liceo. Todas tenían cornamentas doradas y eran más grandes que toros, la diosa se quedó con cuatro que engancho a su cuadriga pero la quinta, se refugió en el monte Cerinia, y con el tiempo sirvió como prueba a Heracles.

 

El animal estaba consagrado a Ártemis y se dice que llevaba un collar con la inscripción: “Taigeto me ha dedicado a Ártemis”. Matarla e incluso tocarla era por tanto un acto impío.

 

Esta cierva era muy veloz, Heracles la persiguió un año entero sin alcanzarla, sin embargo, acabó fatigándose y buscó refugio en el monte Ártemisio.

 

Como Heracles porfiaba en su persecución quiso atravesar el rio Ladón, en Arcadia, en este momento, el héroe la hirió levemente con una flecha, después de lo cual le fue muy fácil apresarla y cargársela sobre sus hombros.

 

Pero cuando atravesaba Arcadia, se encontró con Ártemis y Apolo, ambas divinidades quisieron quitarle el animal, que les pertenecía; lo acusaron, además, de haber tratado de darle muerte, lo cual constituía un sacrilegio. Heracles se salió del apuro cargando la responsabilidad a Euristeo, hasta el extremo de que los dioses terminaron devolviéndole la cierva y autorizándole a proseguir su camino.

Píndaro da una versión mística de esta persecución. Según él, Heracles persiguió la cierva hasta el norte, a través de Istria, el país de los Hiperbóreos, e incluso el de los bienaventurados, donde Ártemis lo acogió benévolamente.

 

El ciervo en el Budismo y el Hinduismo.

 

Existen innumerables leyendas y cuentos tibetanos, aquí va uno de ellos:

 

Había un monje que ansiaba conocer a Buda y se fue en su búsqueda. En el camino, se enteró de que Buda ya no estaba en Vaali. Buda había partido hacia otro pueblo más al norte.

 

El monje cambio su rumbo y se dirigió hacia el nuevo poblado.

 

Podría haber llegado aunque más no fuera para verlo, pero en el camino tuvo que salvar una pareja de ancianos que eran arrastrados corriente abajo y no hubieran podido escapar de una muerte segura. Sólo cuando los ancianos estuvieron recuperados, se animó a continuar su marcha sabiendo que Buda seguía su camino...

 

Veinte años pasaron con el monje siguiendo el camino de Buda... y cada vez que se acercaba, algo sucedía que retrasaba su andar. Siempre alguien que necesitaba de él, evitaba, sin saberlo, que el monje llegara a tiempo.

 

Finalmente se enteró de que Buda había decidido ir a morir a su ciudad natal.

 

Esta vez, dijo para sí, es la última oportunidad. Si no quiero morirme sin haber visto a Buda, no puedo distraer mi camino. Nada es más importante ahora que ver a Buda antes de que muera. Ya habrá tiempo para ayudar a los demás, después.

 

Y con su última mula y sus pocas provisiones, retomó el camino.

 

La noche antes de llegar al pueblo, casi tropezó con un ciervo herido en medio del camino. Lo auxilió, le dio de beber y cubrió sus heridas con barro fresco. El ciervo boqueaba tratando de tragar aire, que cada vez le faltaba más.

 

Alguien debería quedarse con él, pensó, para que yo pueda seguir mi camino. Pero no había nadie a la vista. Con mucha ternura acomodó al animal contra unas rocas para seguir su marcha, le dejó agua y cómoda al alcance del hocico y se levantó para irse.

 

Sólo llegó a hacer dos pasos, inmediatamente se dio cuenta de que no podría presentarse ante Buda, sabiendo en lo profundo de su corazón que había dejado solo a un indefenso moribundo...

 

Así que descargó la mula y se quedó a cuidar al animalito. Durante toda la noche veló su sueño como si cuidara a un hijo. Le dio de beber en la boca y cambió paños sobre su frente. Hacia el amanecer, el ciervo se había recuperado.

 

El monje se levantó, se sentó en un lugar apartado y lloró... Finalmente, había perdido también su última oportunidad.

 

-Ya nunca podré encontrarte - dijo en voz alta.

 

-No sigas buscándome - le dijo una voz que venía desde sus espaldas - porque ya me has encontrado.

 

El monje giró y vio cómo el ciervo se llenaba de luz y tomaba la redondeada forma de Buda.

 

-Me hubieras perdido si me dejabas morir esta noche para ir a mi encuentro en el pueblo... y respecto a mi muerte, no te inquietes, el Buda no puede morir mientras haya algunos como tú, que son capaces de seguir mi camino por años, sacrificando sus deseos por las necesidades de otros.

 

Eso es el Buda, y Buda está en ti.

 

El ciervo en la rueda del Dharma

 

El símbolo del dharma chakra, es representado como una rueda (chakra en sánscrito) de ocho o más radios. Es el símbolo budista más antiguo encontrado en el arte indio, aparecido en la era del rey budista Ashoka junto a las cinco primeras iconografías indias sobrevivientes después de la era de la cultura Harappa. Desde entonces, todas las naciones budistas lo han usado como símbolo. En su forma más simple, es mundialmente reconocido como un símbolo del budismo.

 

Todos los budistas acuerdan en que el primer y original giro de la Rueda ocurrió cuando Buda enseño a los cinco sabios que se convertirían en sus primeros discípulos en el Parque del Ciervo en Sarnath. En memoria de esto, a veces la rueda del dharma se representa con un ciervo a cada lado.

 

El ciervo en la obra de  H. P. Blavatsky (H.P.B.).

 

En su libro “Isis sin Velo”, tomo I, H.P.B nos cuenta: Dice una antiquísima leyenda inda, que, enamorado Brahmâ Prajâpati de su propia hija Ushâs, tomó la forma de ciervo (ris'ya) y la convirtió a ella en cierva, de modo que así, se cometió el primer pecado de que fue culpable el mismo Brahmâ.

 

Ante tamaña profanación, se aterrorizaron de tal manera los dioses, que asumiendo su más horrible aspecto, pues los dioses pueden tomar cuantas figuras quieran, formaron a Bhûtavan, el espíritu del mal, con el propósito de aniquilar la encarnación del primer pecado, cometido por el mismo Brahmâ. Al ver esto, Brahmâ–Hiranyagarbha  se arrepintió profundamente y empezó a recitar los mantras de purificación. De su llanto, cayó una lágrima, la más ardiente de cuantas de ojos brotaron, que al tocar el suelo se convirtió en el primer zafiro”.

 

Esta semipopular y semisagrada leyenda, denota que los indos, no sólo sabían que el azul era el color más eléctrico, sino que también conocían la influencia del zafiro y de otros minerales. Aparte de esto, dice Orfeo que con una piedra imán es posible influir en muchas personas reunidas; Pitágoras, atribuye secreta importancia al color y naturaleza de las piedras preciosas y Apolonio de Tyana enseñaba a sus discípulos las ocultas virtudes de estas piedras, y cada día del mes, llevaba una sortija de distinta piedra, con arreglo a las leyes de la astrología judiciaria.

 

En la “Doctrina Secreta”, tomo II, comenta que la Biblia está llena de símbolos y personificaciones teo-cosmológicos y astronómicos.

Dice que los escritores católico-romanos (especialmente los ultramontanos franceses), han acordado tácitamente relacionar los doce Patriarcas Judíos con los signos del Zodíaco. Esto se hace de un modo profético-místico que suena a los oídos piadosos e ignorantes como una prueba portentosa, un reconocimiento tácito divino del “pueblo escogido por Dios”, cuyo dedo ha trazado intencionalmente en el cielo, desde el principio de la creación, el número de estos patriarcas.

 

Por ejemplo, es bastante curioso que estos escritores, entre ellos De Mirville, reconozcan todas las características de los doce signos del Zodíaco en las palabras dirigidas por el moribundo Jacob a sus hijos, y en sus definiciones del futuro de cada tribu.

 

Además, las banderas respectivas de las mismas tribus, se dice que han exhibido los mismos símbolos y los mismos nombres que los signos, repetido en las doce piedras del Urim y Thummim, y en las doce alas de los dos Querubines…

 

El signo de Capricornio, está en la esfera de Naphtalí, el sexto hijo de Jacob según el Génesis, que es “una cierva (venado) en libertad”.

La Imagen del ciervo destaca en este mosaico israelita simbólico de las doce Tribus de Israel que se encuentra en la Sinagoga de Givat Mordejai, Jerusalén.

 

En el capítulo XLIX, 21, del Génesis, leemos:

 

Nephtalí es un ciervo suelto; él dio palabras hermosas.

 

El ciervo como amuleto

 

Ojo de Venado.- El V.M. Samael lo da como clave para la Ciencia Jinas y dice: “Existe una almendra muy común llamada vulgarmente Ojo de Venado. Esa Almendra tiene maravillosos poderes Jinas. El Devoto debe adormecerse teniendo en su mano esa almendra. Es urgente recordar que esa almendra tiene un genio Elemental Maravilloso que puede ayudar al devoto a poner su cuerpo en estado de Jinas. Durante esta práctica debe el devoto adormecerse pronunciando el  mantram Invia.”

 

Mal de ojo.- En su glosario teosófico dice H.P.B. que es un “Influjo maléfico que puede una persona ejercer sobre otra, mirándola de cierta manera, y particularmente sobre los niños. Esta creencia se halla sumamente extendida en España, Italia, Alemania, Grecia y muchos otros países, pero su origen es oriental. El mismo Thalmud habla de ella. En el lenguaje gitanesco, se llama querelar názula, el hacer caer enferma a una persona por la simple influencia de la mirada; los niños, sobre todo, son los más expuestos a tan funesta acción. En Andalucía, se ven no pocos niños con un pequeño cuerno de ciervo colgado al cuello, que, según la creencia vulgar, es un poderoso preservativo contra el aojamiento”.