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Círculo de Investigación de la Antropología Gnóstica

 

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AHIMSA: LA NO VIOLENCIA

 

A-Himsa está realmente inspirado por el AMOR UNIVERSAL. A-Himsa es el pensamiento puro de la India, la no violencia; y exponente de ello lo vimos hace apenas unas décadas en el caso de Gandhi quien consiguiera la independencia para su país de una forma asombrosa para Occidente.

 

Mas el A-Himsa no sólo concierne a los hindúes, lo deberían practicar las gentes de todos los países, es universal.  Para nosotros, los occidentales, estos términos de no violencia, de A-Himsa, nos resultan bastantes exóticos y suelen ser mal interpretados, mal comprendidos, pues aunque puedan resultarnos atractivos tendemos a quedarnos con las formas o a querer compaginarlos con otros valores totalmente opuestos.  Así podríamos recordar al movimiento hippy que con estos y otros términos buscaban una alternativa a esta sociedad, mas sabemos que lejos de liberarse fueron degenerando hasta desaparecer; podríamos recordar escenas de guitarra, de cantos al amor, al pacifismo... de buenas intenciones que luego se contradicen con nuestro vivir del día a día hasta esfumarse o volvernos unos hipócritas; incluso, los hoy tan en boga movimientos ecologistas, pacifistas... que van en contra de algún tipo de violencia, sin comprender primero la violencia que en ellos mismos existe.

 

De hecho, conformamos una sociedad agresiva, competitiva hasta la médula, que ya indica que el agregado psicológico de la ira se halla tan desarrollado y sutilizado, que sus mecanismos nos parecen normales y justificados. Es tan fuerte en nosotros, que es suficiente un pequeño sonido como un hipo, una palabra como para enfadarnos y sacarnos de nuestras casillas en un instante, convirtiéndonos en esclavos de la Ira.

 

La ira destruye la razón y empuja a hacer al hombre cosas inimaginables. Es una emoción fuerte, producida por un daño real o imaginario, que implica un deseo de venganza, además rezuma por todo el cuerpo físico, de igual modo que el agua rezuma a través de los poros hacia la superficie externa de un botijo.

 

Contrariamente a lo que pueda parecer a simple vista, la Ira es un signo de debilidad mental. Siempre comienza a partir de cualquier tontería o debilidad, acabando con el arrepentimiento y el remordimiento. La Ira se origina cuando uno se siente insultado, abusado, criticado o cuando se indican los propios defectos... También cuando alguien o algo se interpone en el camino para la gratificación de nuestro deseo; y en general la cólera que nos lleva a la violencia es causada por cuatro emociones negativas: la frustración, el miedo, la duda y la culpabilidad.

 

Otro aspecto causa de la irritabilidad y la ira es una excesiva pérdida de energía creadora. Un hombre apasionado es más irascible que otros. Un hombre que desperdicia su energía se irrita enseguida incluso por cosas triviales.

 

La irritación, la rabieta, el resentimiento, la indignación, la rabia, la furia, la cólera, son todas ellas variedades de la ira, clasificadas según su grado de intensidad. La ira es un sentimiento repentino de disgusto. El resentimiento es persistente, es una ira continua, un cavilar amargo acerca de los propios ultrajes. La cólera es un sentimiento exaltado de la ira. La rabia le lleva a uno más allá de los límites de la prudencia o la discreción. La irritabilidad es una forma sutil o suave de ira; todavía más sutil es el disgusto, que consiste en una mezcla de orgullo e ira; cuando estamos irritados, con una palabra mordaz o un gruñido nos deshacemos de lo que nos estorba.

 

Además, todos estos mecanismos psicológicos repercuten directamente en nuestro estado físico y social. La ira estropea el cerebro, el sistema nervioso y la sangre. Cuando una ola de ira surge en la mente, el Prana comienza a vibrar rápidamente, nos sentimos agitados y excitados, la sangre se vuelve caliente y muchos ingredientes venenosos se forman en ella. Cuando la sangre se agita, la energía creadora también es afectada.

 

En el aspecto social, una persona de mente fácilmente irritable no será capaz de cumplir con su deber y con sus asuntos de manera eficiente. Si nos enfurecemos con frecuencia perderemos la batalla de la vida, arrastrando un rosario de fracasos sociales, económicos y psicológicos.

 

Vamos viendo algunos procesos y consecuencias de lo que es el Himsa o violencia, pues necesitamos atisbar cierta anormalidad en nuestra psiquis para decidirnos a comprenderla un poco más a fondo y, a transformarla hacia los verdaderos valores que en nosotros laten, y por ello todas las orientaciones sobre el A-himsa que los Maestros nos han legado.

 

Observado la fuerza que la ira tiene en nosotros, podremos comprobar que es muy difícil luchar contra ella directamente, primero hay que intentar reducir su fuerza, secuencia y duración; no permitir que asuma la forma de una gran ola en la superficie de la mente consciente, destruirla cuando aún está en germen, en forma de irritabilidad en la mente subconsciente. Y segundo, desarrollar gradualmente las virtudes divinas y positivas opuestas, tales como la paciencia, el amor y el perdón.

 

También cabría señalar que no sólo la ira genera violencia, pues la fuente de la violencia es el Yo, el Ego, el yo mismo que se expresa de tantas maneras diferentes y crea división al tratar de llegar a ser alguien, a ser más. Mientras sobreviva el "mi" en alguna forma, ya sea muy sutil o muy brutal, subsistirá la violencia. Necesitamos advertir la peligrosidad, la dureza de estos "yoes" que anidan en nuestro corazón y mente, hacer conciencia de que son elementos indeseables, ya que sino ¿Por qué eliminarlos? ¿Por qué cambiar?

 

Para qué vamos a destruir la cólera si con ella disfrutamos, si así nos da cierto aire de superioridad combinándose con el orgullo. Apenas percibimos la magnitud y perversidad del Yo y nos seguimos identificando con él. Que nos digan que la bondad es una fuerza mucho más aplastante que la cólera nos parece muy bonito, pero no estamos por ser consecuentes con ello, no comprendemos o no queremos comprender.

 

Y eso, que muy especialmente en estos tiempos que nos toca vivir, podríamos inquietarnos fácilmente y reflexionar sobre la marcha de nuestro planeta, vemos como las naciones compiten cruelmente negando a la explotación, guerras... como en la sociedad existen numerosos intereses creados, corrupción, luchas por el poder, luchas entre clases, ambiciones... y en nuestros propios hogares y familias también nos hemos acostumbrado a grandes dosis de intolerancia, irrespeto, agresividad, aún cuando vivimos juntos, comemos juntos, cada uno vive aislado con sus propios problemas, con sus propias ansiedades, y ese aislamiento es violencia; no sólo se mata con ametralladoras, escopetas, cañones, pistolas o bombas atómicas, también se puede matar con una mirada que hiera el corazón, una mirada humillante, una mirada llena de desprecio; o se puede matar con una acción ingrata, con una acción negra, o con un insulto o con una palabra hiriente.

 

No sólo de pan vive el hombre sino también de distintos factores psicológicos. La enfermedad que lleva a nuestro ser querido al sepulcro tiene por causa causorum palabras que matan, miradas que hieren, acciones ingratas, etc.

 

A-Himsa es pues, el renunciamiento a toda intención de muerte o de daño ocasionado por la violencia. A-Himsa es lo contrario del egoísmo.

 

A-Himsa es el altruismo y amor absoluto. A-Himsa es recta acción.

 

Mahatma Gandhi hizo del A-Himsa el báculo de su doctrina política y vemos los formidables resultados, la fuerza del A-Himsa, la no violencia aplicada a nivel personal y a nivel social.

 

El V. M. S. nos dice que es el Ego quien desune, traiciona y establece anarquía entre la pobre humanidad doliente. El egoísmo, la traición y la falta de hermandad han dividido a la humanidad.

 

Mas el yo no fue creado por Dios ni por el Espíritu, ni por la materia. El yo fue creado por nuestra propia mente y dejará de existir cuando lo hayamos comprendido en todos los niveles de la mente. Sólo a través de la recta acción, recta meditación, recta voluntad, rectos medios de vida, recto esfuerzo y recta memoria, podemos disolver el yo.

 

La mente es la guarida del yo; nos urge la revisión y cambio de nuestra forma de pensar.

 

El hombre se cree solo en el universo, separado de Dios y de sus semejantes. La verdad es que él nunca ha estado ni está separado de Dios ni de sus semejantes. Si todos los hombres supieran que "en Dios somos, vivimos y nos movemos", dejarían de luchar entre sí; y la ignorancia, la miseria, el dolor, el mal, no serían más sobre la Tierra.

 

"Como un hombre piensa así es su vida." De su erróneo pensar nació la falsa conciencia de separación entre él y su Creador, entre él y sus semejantes. De este estado de conciencia nació el Yo; éste tiene su morada en los cuatro cuerpos de pecado; el físico, el etérico, el astral y el mental. El Yo nació en la conciencia humana después de que Adán y Eva fueron expulsados del Edén.

 

Cuando el cuerpo físico muere el Yo queda agazapado en el umbral del sepulcro esperando que el hombre verdadero e inmortal, pero no realizado, vuelva a encarnar para que, en ese nuevo cuerpo, pueda realizar sus fallidos deseos: poder, riquezas, placeres, etc. En el Yo hay que buscar el porqué de todos los pecados y sufrimientos de la humanidad.

 

En verdad no somos lo que creemos ser. Usted no es José, o María, sino el Intimo, que los aztecas llamaban Quetzalcoatl, los hindúes Atman...

 

Cuando el iniciado retrocede ante el dilema del umbral del Santuario: su Intimo o su Yo, la verdad huye lentamente de él... en su lucha por el cuerpo, triunfa el Yo, el príncipe de este mundo, como se llama en las escrituras. El cuerpo que tanto amaba y tanto necesitaba para morar y gozar por poco se le escapa; el golpe fue terrible. Ahora estará alerta, sus pasiones no aflorarán tan fácilmente. Se disfraza con la apariencia de un bello niño pero ahora es más peligroso, más astuto; no quiere dinero sino poder, no quiere fama sino honores, sino el mundo del rebaño humano y que éste lo reverencie, le bese la mano y lo llame gran prelado o gran maestro. Escribe libros, dicta conferencias y goza hablando de sus grandes obras. Como a la gente de teatro, le enloquecen los aplausos. Para todas sus malas acciones tiene una disculpa filosófica.

 

Sin embargo para Dios no hay tiempo ni espacio. Mientras el hombre despierta de su sueño de la separatividad, en el cual solamente se mueve al impulso de sus pasiones al grado de que éstas gobiernan al mundo, y vive muerto con respecto a Dios, a sí mismo y a sus semejantes, a través de reencarnaciones va puliendo su personalidad, y su cuerpo y cara embellecen o se afean según sus obras. Solamente sus ojos cambian muy lentamente y en todo lo que hace deja el sello inconfundible de su modo de ser, de pensar, de sentir, y de amar. Y un día, cansado de su doloroso peregrinar sobre la Tierra, se detiene y retorna hacia el Amado. A la liberación de este tipo de hombres se refiere el Maestro Jesús, el Cristo, en su parábola del Hijo Pródigo.

 

Necesitamos desembotellarnos del dualismo excluyente Materia-Espíritu, pues todo es Energía manifestándose y mortificándose en las 7 dimensiones de la naturaleza.

 

Los sabios que han traspasado esa división entre el alma individual y el Alma Suprema, esa multiplicidad e ilusión con que vemos el mundo, nos advierten de que hay en nosotros un velo de Maia o ilusión que causa estragos por medio de la mente, de que cuanto percibimos a nuestro alrededor no es más que la mente en forma o en sustancia. Caemos en el error de creer que el mundo espiritual y el material están separados. El espíritu y la materia no son distintos ni separables. La materia es el espíritu percibido a través de los sentidos. La materia es el Espíritu manifestado. Pues como nos dicen todas las religiones, el mundo es una expresión de Brahman o el Creador. Dios lo llena todo y por tanto todas las cosas lo contienen.

 

Es la Vida Única que vibra en cada átomo del Universo y de la Creación en

todos los reinos, minerales, vegetales, animales, humanos. De igual modo que no hay diferencia entre el oro y el ornamento no existe diferencia entre Dios y el Universo.

 

Se nos dice que el mundo que vemos es irreal, pero ¿para quién es irreal este mundo?, para quien ve el oro en sí o realidad del ornamento, es decir para el sabio liberado que ve en todo a Atman, el Ser, la Única Realidad; más para el hombre mundano, para nosotros es una realidad sólida lo que vemos a través de los sentidos, de la mente dividida, vemos el mundo de nombres y formas, de las apariencias (el ornamento de Atman) sin llegar a la Esencia de esa manifestación. Cuando nos quedamos apegados a este aspecto de la apariencia, es cuando percibimos un mundo material, múltiple y no percibimos la auténtica Realidad, a Atman o la Vida que palpita en toda creación.

 

Nos orientan en que todo es Dios y nada existe sino El. Toda vida es igual.

Se nos invita a contemplar a este Ser único en todo, a servir a todos, a ser amables hacia todos y a abandonar la idea de la diversidad.

 

Sólo el pensamiento diferencia. Una misma Alma mora en todas las cosas. Hay una sola humanidad, una sola fraternidad, más allá de nuestros prejuicios de sangre, familia, ideología, raza, nación; las distinciones son vanas aunque nos empeñemos en basarnos y en proyectar el mí y el tú, todos somos iguales, las barreras creadas por el hombre deberían ser destruidas sin piedad.

 

La Creación entera es un todo orgánico. Ningún hombre es independiente de ese todo, de tal modo que el creer que el hombre se hace a sí mismo miserable al separarse de los demás, la separación es muerte, la unidad es la vida eterna. Al adentrarnos en la comprensión de la unidad de la vida, nos lleva a intuir y cultivar el amor cósmico. Y, a empezar en nuestro entorno más próximo, reconociendo el valor de los demás, de las personas que nos rodean, pues por lo general estamos muy encerrados en nosotros mismos y no valoramos a los demás, incluso cuando una persona nos hace un favor se esfuerza por nosotros, lo normal en nosotros es la ingratitud puesto que no valoramos a los demás ni siquiera cuando somos favorecidos, y esta ingratitud nos lleva a la traición de la confianza, la consideración, al respeto de cualquier ser. Si somos sinceros, podemos observar muy fácilmente nuestra ingratitud, ¿qué gratitud guarda uno hacia sus padres?, con todos sus defectos y virtudes nos tuvieron en sus brazos, nos dieron un poco de cariño, nos alimentaron, nos vistieron... ¿qué gratitud y respeto guardamos hacia nuestros compañeros o personas con las que nos relacionamos?, uno ha pasado sus buenos momentos en compañía, a veces han hecho algo por nosotros... y cuando en nosotros reconozcamos la gratitud, veremos que no sólo se ha manifestado en buenos pensamientos, sino en sentimientos, y de alguna forma en obras, porque una persona cuando siente gratitud quiere hacer algo, quiere un poco devolver con la misma moneda.

 

Si un mismo Atman mora en todos los seres, hemos de aprender a vivir como miembros de una única familia, más allá de apellidos, y barreras que separan a los hombres entre sí. No solamente hemos de pensarlo, hemos de sentirlo y sintiendo que uno es una gota en el seno de la creación, que su íntima realidad está hermanada con la de los demás uno puede llegar a ser feliz.

 

Este sentir sobre la unidad de la Vida en la creación nos puede hacer recordar a San Francisco de Asís, quien hablaba a la Naturaleza, y a los seres vegetales y animales les llamaba hermanos.

 

Podemos ir tomando conciencia de lo que es la vida, poco a poco, en toda circunstancia, lugar o momento del día. Podemos dejarnos llevar por la inercia o podemos esforzarnos por el despertar, por tornar conciencia mientras paseamos, comemos, hablamos, trabajamos o descansamos, espiritualizando cada movimiento, acción, pensamiento y sentimiento…

 

El primer y gran obstáculo para llevar a cabo estos esfuerzos conscientes lo encontrarnos en nuestra mente llena de rollos y con un funcionalismo que desconocemos. Se nos recomienda aquietar la mente para que ésta pueda reflejar sin ninguna distorsión al Atman que se halla detrás de ella. Refrenar los sentidos, controlar la mente, meditar regularmente, pues hemos olvidado buscar en nuestro interior y por ello somos ignorantes y estamos perdidos en la oscuridad. El desarrollo intelectual no sirve de nada, hemos de eliminar nuestra oscuridad, nuestros defectos.

 

Un corazón impuro y un intelecto engreído no pueden entender el espíritu de la Religión. Nos orientan a realizar todas las acciones de una forma desapegado con el espíritu de dedicación a la divinidad para que no nos aten nuestros actos y purificar el corazón. En este espiritualizar todas nuestras actividades nos dicen:

 

DEJA QUE TUS OJOS MIREN CON AMABILIDAD. QUE TU LENGUA HABLE CON DULZURA, QUE TU MANO TOQUE CON SUAVIDAD.

 

Si nos observamos internamente, constataremos nuestra mente ocupada en incoherencias, asociaciones, pensamientos, críticas, juicios, intereses, etc. en una corriente que nos oscurece y cierra el paso a la conciencia, nuestro corazón con emociones de todo tipo según las circunstancias, las personas, los defectos del momento que tengan su oportunidad. En contraposición, para hacer un poco de luz necesitamos alimentar la mente con pensamientos divinos, el corazón con pureza y las manos con servicio desinteresado; permanecer empapados en el recuerdo de Dios con una mente firme; necesitamos desarrollar nuestro corazón, expandirlo, no contraerlo con mezquindades, hacer un lugar en el corazón para todos, incluso para quien planea y actúa en nuestra contra, convertirnos en no-dualistas prácticos.

 

Confiar en nuestro Ser es tenerle fe, y no depender del dinero, de los amigos, de las cosas o de las personas, y nos lleva a la humanización, a la regeneración a nivel espiritual, psíquico, ético y físico.

 

En la regeneración y divinización del hombre el primer paso consiste en eliminar su naturaleza animal. Porque ciertamente, somos animales intelectuales, tal vez lo de intelectuales lo aceptemos más fácilmente que la naturaleza animal con la que también se nos puede definir, sobre todo desde aspecto psicológico, por ejemplo el el trato predominante entre los animales es la crueldad. Por eso los sabios y santos recomiendan A-Himsa. Este es un método muy efectivo para contrarrestar y erradicar por completo la brutal y cruel naturaleza animal en el hombre.

La práctica del A-Himsa desarrolla el Amor, puesto que A-Himsa es otro nombre de la verdad o el amor. Donde hay A-Himsa, hay amor y servicio desinteresado.

 

La No Violencia es el único medio, no sólo para alcanzar la salvación o regeneración, sino también para disfrutar Paz y dicha ininterrumpida; el hombre alcanza la Paz no dañando a ninguna criatura viva; no dañar en un sentido amplio y profundo, porque A-Himsa, o no dañar, implica no matar, en su significado completo implica una absoluta abstinencia de causar daño alguno a cualquier criatura viva, ya sea en pensamiento, palabra u obra. Para no dañar son necesarias mente, boca y manos inofensivas,

 

Nos requiere el desarrollo de esa actitud mental, en la que el odio es reemplazado por el Amor.

 

A-Himsa es el verdadero sacrificio... es la verdadera fortaleza.

 

El voto de A-Himsa se rompe, simplemente por mostrar desprecio hacia otro hombre, por tener antipatía o un prejuicio irracional hacia alguien, por mostrarse malencarado con los demás, por odiar, abusar, hablar mal de otros, murmurar, por cobijar pensamientos negativos, de odio...

 

Toda palabra dura y desagradable implica violencia o Himsa,

 

Herir pensamientos de los demás por medio de los gestos, expresiones, el tono de voz; menospreciar o mostrar una descortesía deliberada; aprobar los actos desagradables de alguna otra persona es un daño indirecto; no aliviar el dolor de alguien es una manera de dañar, es el pecado de omisión.

 

Es evitar estrictamente toda forma de rudeza. Renunciar a los insultos, reproches y críticas, a todo deseo de ofender, de venganza, aún tras extrema provocación; ni un mal pensamiento contra nadie.

 

A-Himsa jamás consiste en una postura. Es la cumbre de la valentía, la no violencia no es para personas débiles, la persona que practica el A-Himsa se vuelve intrépida, no tense a nada, a nadie, ni a la muerte, es más, está preparada a perder con alegría, incluso, su vida en la causa de la Verdad. Es para personas con poder de padecimiento y resistencia.

 

Para empezar a practicar el A-Himsa nos dan algunas orientaciones, por ejemplo, si un hombre nos pega (podemos cogerlo como enfrentamiento físico y hasta psicológico), no deberíamos albergar ningún tipo de pensamiento de venganza, ni un solo sentimiento de antipatía hacia quien nos atormenta. Esto es la perfección del perdón, pues nosotros estamos acostumbrados a perdonar después de haber albergado ciertos resentimientos, antipatías, pensamientos negativos... y nos parece que olvidar todo ello es perdonar, más realmente es cuando se produce la situación desagradable el momento de no dar cabida a ningún pensamiento o sentimiento negativo, es más, todo lo contrario: a la maldad responder con buena voluntad, al odio con amor, ésta es la perfección del perdón.

 

Cuando se originan en la mente pensamientos de venganza y de odio, ha de controlar primero el cuerpo y la palabra. No proferir palabras duras o dañinas, no tratar de dañar. Ante una situación violenta hay que mantenerse calmado, suprimir los sentimientos; esto es muy difícil al principio, pues las viejas impresiones de venganza nos fuerzan a vengarnos, reaccionamos psicológica y físicamente. Una vez controlado el cuerpo, hemos de considerar el control de la palabra con alguna determinación como: "A partir de hoy no diré ni una sola palabra desagradable contra nadie", fracasaremos un centenar de veces, pero lentamente podemos ganar fortaleza vigilando los impulsos de la palabra. Finalmente, veremos la necesidad de controlar la palabra interna, los pensamientos, de vigilar todo pensamiento dañino.

 

Llegamos a no aceptar siquiera un pensamiento dañino hacia nadie. Pues si en todos mora un mismo Ser, si todos somos manifestaciones de un Dios único, haciendo daño a otros, nos hacemos daño a nosotros mismos, a nuestro Ser. Por ello puede ayudarnos el comprender e intuir los que es la Verdadera Realidad, la Unidad de la Vida, para en verdad respetar a los demás como a nosotros mismos, y contemplar a nuestro propio Ser en todos los seres.

 

La persona que se establece en el A- Himsa, alcanza todas las virtudes.

 

A-HlMSA es el eje, todas las virtudes giran alrededor de la no violencia. Su práctica desarrolla la fuerza de la voluntad, hasta un grado considerable.

 

Quien practica la no violencia con verdadera fe, puede impulsar al mundo entero, domesticar animales salvajes, ganarse los corazones de todos y subyugar a sus enemigos.

 

La ley del A-Himsa es tan exacta y precisa como la ley de gravitación. El poder de A-Himsa es más grande que el poder del intelecto, es fácil desarrollar el intelecto, pero es difícil desarrollar el corazón. La práctica de A-Himsa desarrolla el corazón de una manera maravillosa, lo purifica.

 

La práctica del A-Himsa culminará finalmente en la realización de la unidad de la vida, o en la conciencia de la no dualidad.

 

Una no violencia absoluta es imposible, cuando caminamos, nos sentamos, comemos, bebemos, respiramos, etc., matamos infinitud de microorganismos y criaturas. Para un hombre ordinario, A-Himsa deberá ser también su propósito, pero no faltará a éste ante una necesidad evidente y sin ningún propósito egoísta, recurre a la violencia ocasionalmente.

 

A-Himsa es una virtud sublime, es la cualidad fundamental de los buscadores de la Verdad.

 

Quien quiera que desee realizar la Verdad, deberá practicar la no violencia. Se encontrará un montón de dificultades, fracasará un montón de veces, pero nunca deberá abandonar la práctica del A- Himsa. Las pruebas y dificultades deben aparecer en el camino, para probar y templar la fortaleza del buscador. Hay en la no violencia un poder oculto que protege a quienes la practican, la mano de Dios protege...

 

Debemos comprender, también, que A-Himsa como bondad pasiva no es suficiente por sí sola ha de manifestarse en forma activa, puesto que la acción siempre es la característica del aspirante, del devoto al desarrollo espiritual. Así, todo servicio en el que no ponemos amor, afecto, sinceridad y sentimiento es hueco.

 

El Amor vibra en forma de servicio, caridad, generosidad y benevolencia.

 

Quien ama a todos, cosecha así, más beneficio que haciendo un millar de sacrificios, austeridades, oficios religiosos... Se nos recomienda vivir en paz con el amigo y con el enemigo.

 

Aquí, podíamos plantearnos si sabemos amar, si amamos a algo o a alguien, puesto que la persona que ama siquiera un poco a otra, es alguien con capacidad para amar a todos los demás; si una persona no es capaz de comparar ciertos destellos de amor, de simpatía con cualquier persona, hacia una pequeña criatura de la naturaleza o hacia el universo, podría cuestionarse si es amor lo que siente hacia su cónyuge, familia, etc.

 

El amor es la esperanza de este mundo oscuro y solitario. No es difícil apercibirse que desde nuestras relaciones más próximas todos necesitamos sentir un poco de cariño que nos reconforte y anime, y más en medio de esta sociedad tan agresiva, donde parece que la violencia, el orgullo, la ira, son más una cualidad, una virtud, que un defecto. Con amor, con A-Himsa, podría tener este mundo una solución, este mundo necesita líderes llenos de simpatía, espíritu de cooperación, amor, sacrificio, compasión y tolerancia. Puesto que en el cultivo de este amor cósmico yace, no sólo el progreso espiritual individual, sino también el bienestar de la comunidad y la paz del mundo entero.

 

Podríamos matizar un poco la palabra simpatía, ésta no es una referencia a que alguien nos guste o sea de nuestro agrado, sino a una expresión de afecto, de sintonía con el Ser que en todos mora. Cuando de manera espontánea y natural se siente simpatía por el campesino que riega el surco con su sudor, por el aldeano que sufre, por el mendigo que pide una moneda y por el humilde perro angustiado y enfermo que fallece de hambre a la vera del camino; cuando de todo corazón ayudarnos a alguien, cuando en forma natural y espontánea cuidarnos el árbol y regamos las flores del jardín sin que nadie nos lo exija, hay auténtica generosidad, verdadera simpatía, verdadero amor.

 

A este respecto, algunos Maestros nos recuerdan claramente que hemos tomado este cuerpo para alcanzar el Amor, el cual constituye la única nieta de la vida.

 

Si en nuestra vida no hemos expresado algo de esta máxima virtud, sería una vida prácticamente vacía, porque todo aquello que hemos realizado, en realidad, qué sentido tiene si no hemos llegado y participado de la Esencia del amor, por mucho que nos creamos que hemos hecho tanto en beneficio propio como en beneficio de los demás, quedarían en acciones y servicios huecos. Necesitamos revisarnos, practicar la meditación de fondo sobre las experiencias y conocimientos adquiridos, para hollar el camino de la auténtica felicidad, nacida de la sabiduría y el amor.

 

Podemos reconocer que aún con las mejores intenciones amamos muchas cosas, incluso el devoto, ama a Dios a veces, y a su esposa, hijos, dinero, casa, ganado y propiedad otras, esto se llama devoción inestable. Su Amor está dividido, por lo que sólo entrega a Dios una pequeña parte de sus pensamientos, dedicando el resto de su familia y posesiones. Si reflexionamos entendemos que no es que no debamos dedicarnos a nuestra familia, responsabilidades o trabajos, mas si la devoción fuera un estado estable y continuo en nosotros, todos nuestros servicios se realizarían de una forma desinteresada, desapegado hacia las cosas y las personas, en recuerdo y empapados de Brahman, nuestro Creador.

 

Esta inestabilidad se debe a que, el aspirante consciente o inconscientemente, voluntaria o involuntariamente, conserva ciertos deseos que espera ver gratificados. El deseo obstruye la devoción. La devoción en el Señor aumenta en intensidad cuando se renuncia a los deseos mundanos, es decir, la renunciación es la verdadera esencia del amor devocional. Sencillamente, se abandona al Ser, ama a Dios y le sirve, al igual que a Su creación. Busca hacer la Voluntad divina. La práctica del A-Himsa, o la no violencia, ayuda a desarrollar la devoción, a unirse a la voluntad cósmica.

 

Un ser muy destacado en esta sabiduría fue Budha, apóstol de la no violencia y del amor. Se dice que nadie ha poseído un corazón tan cándido, amable, y misericordioso como Budha, que su corazón sufría realmente cuando veía el mínimo dolor en una hormiga, en un gusano o en un perro. Hoy día, el mundo necesita encarecidamente las enseñanzas de Budha y retornar a los grandes principios de A-Himsa y la amistad, que nos conducen a hacer votos como el OPONER AMOR AL ODIO Y BUENA VOLUNTAD A LA MALDAD.

 

Mediante el A-Himsa llegamos, también, a la práctica de la recta acción o de la Caridad. Caridad es pensar favorablemente de los demás y hacerles el bien. Si observamos un poco nuestros pensamientos que, por muy positivos y altruistas que parezcan, suelen mezclarse con ciertos intereses, afinidades, deseos, etc., por tanto, poco o nada sabemos de la Caridad;

 

¿Cómo en este estado de pensamientos, de mente voluble vamos a realizar lo que es la auténtica caridad por muy altruista y desinteresadas que nos puedan parecer nuestras acciones? Pues la caridad se basa en la buena voluntad universal hacia los hombres y el amor supremo hacia Dios consiste en desear ser útil a los demás sin pensar en obtener ningún premio o recompensa.

 

Todo acto bueno es caridad, Ser afable y amable, olvidar y perdonar cualquier daño recibido es caridad.

 

Pensar bien de quienes sufren y rezar por su bienestar produce un bien mayor que el que pueda hacerse por medio del dinero.

 

Vemos que el ser caritativo está implícito a todo momento y lugar, en nuestros pensamientos, sentimientos, gestos, palabras, acciones, etc.

 

La mejor forma de caridad, es compartir los conocimientos propios, el conocimiento más elevado es el del tipo espiritual, mas con el tiempo todos vamos adquiriendo cierto aprendizaje de nuestro oficio, relaciones, estudios... y tendemos a ser interesados y egoístas por miedo a que nos hagan la competencia, por envidia y no nos gusta el bienestar ajeno, no queremos que sepan, que hagan tan bien o mejor que nosotros... cuando la sabiduría destruye la ignorancia, que es la causa que nos hace adquirir este cuerpo, y elimina totalmente y para siempre todo tipo de miserias y sufrimientos.

 

Al principio, conforme uno reflexiona y comprende, puede hacer caridad discriminadamente para no hacer caer en fanatismos, o irse quemando por las ingratitudes o porque aún no se ha asimilado el renunciar a los frutos de la acción. Luego se nos recomienda una caridad sin discriminación, cuando se siente que todos los seres son una misma manifestación del Señor, resulta difícil discriminar entre quién es bueno y quién es malo. Sencillamente se actúa por infinito amor.

 

La actitud mental es un factor clave a ir observando, hay que dar con la actitud mental adecuada para realizar a Dios a través de los actos caritativos, para hacer caridad con el espíritu adecuado. En la acción de compartir hay paz y alegría, se purifica el corazón y desarrolla el sentimiento de unidad. La caridad nunca debe hacerse sin fe, debe ser hecha con plenitud, con modestia y con simpatía.

 

Los actos virtuosos, la caridad, la benevolencia, la nobleza, la generosidad, los actos de misericordia, la práctica de la veracidad, de la castidad y de A-Himsa AGUDIZAN LA CONCIENCIA. Escuchando la voz del alma que nos conduce a la salvación y nos dará los verdaderos motivos internos para la acción, pues los motivos internos de una persona constituyen la semilla o raíz de todas sus actividades en la vida. Una persona devota puede trabajar en la sociedad, con más celo incluso que una persona mundana, la acción es la misma, pero los motivos son distintos en ambos casos. El primero avanza hacia la meta espiritual, mientras que la persona mundana se enreda por causa de su motivación impura, que es su interés egoísta.

 

Si la motivación interna es pura, todas las actividades subsiguientes son puras y buenas. De otro modo, sólo el mal y la infelicidad se acumularán.

 

Se trata de una actitud voluntaria, de una resolución interna para purificar nuestras motivaciones, para permanece libre de todo sentimiento impuro de orgullo, auto-estima, etc. en el desempeño de nuestro deber. Tomar conciencia de cuáles son nuestros estados internos en los detalles cotidianos, solos o en compañía, en el sencillo momento de estar limpiando un vaso lo importante es la actitud interna con que se hace, no quedarnos sólo con el hecho exterior, visible, pues en ese momento uno puede estar por despertar cierta conciencia, con alguna disciplina sobre su mente, sus emociones... o identificado con sus prisas, pensamientos, deseos, mecanicidad...

 

Primero debemos albergar principios rectos, y sólo después no fracasaremos en realizar acciones virtuosas. La práctica de la Ética nos lleva a desarrollar las virtudes, éstas perviven únicamente cuando se las mantienen en perpetua práctica. Este objetivo, exige el ejercicio u disciplina de la mente y de la voluntad por medio de actos deliberados de auto negación y auto sacrificio en la vida diaria.

 

Si anhelamos el conocimiento trascendental, hemos de aprender a vivir; se nos orienta a observar estrictamente la verdad y pureza en los pensamientos, palabras y acciones, en los motivos internos y en nuestra conducta en general; en nuestras relaciones y obligaciones que tendemos a ver como una carga, como obstáculos para una vida espiritual, cuando el desempeño de todos los deberes -domésticos, sociales, etc.- está destinado, en realidad, para cualificar al hombre para cumplir este deber más sagrado: el logro de la Verdad o la Realización de Dios.

 

Otro aspecto básico y complementario a lo expuesto es la Meditación. Ciertamente, no podemos profundizar en la meditación si durante el día no hemos sido prácticos en la virtud y la ética, y tampoco puede lograrse la perfección meramente a través de la bondad y la práctica de la virtud. Hace falta meditar intensamente en el ideal con la ayuda de la pureza adquirida por medio de la virtud. La virtud y la moral actúan como auxiliares de la meditación y de la unión final del individuo con lo Supremo.

 

Con la comprensión y vivencia de estos principios vamos hollando el sendero de la Verdad, el cual se nos dice es estrecho y escarpado. Una vez comenzado, se nos anima a no abandonar el camino, pues conduce a la inmortalidad.

 

Y bastante ánimo nos es necesario, ya que mantener una conducta recta, es sin duda difícil, dificultades internas y externas. Ha de hacerse frente a la burla, la incomprensión y la persecución. Por eso, el cultivo de la paciencia, la humildad de espíritu, la resistencia pacífica y el espíritu de perdón son de gran importancia.

 

Sólo una persona moral es bella. Un hombre de acciones bondadosas y de palabras dulces y agradables no tiene igual. Quien es veraz, dulce, humilde, virtuoso y honesto es el tipo de hombre mejor.

 

El corazón del hombre ético y espiritual, de un hombre bueno y devoto, es el santuario o templo de Dios en este mundo.

 

Vemos que para entrar en el Camino es urgente saber vivir. Que quien práctica el A-Himsa deja a un lado todo personalismo. El A-Himsa es no violencia en pensamiento, palabra y obra; es respeto a las ideas ajenas, respeto a todas las religiones, escuelas, sectas, organizaciones, etc.

 

Sólo cuando el mí, el yo, se disuelve adviene a nosotros la gran Realidad, la Felicidad verdadera. Aquello que no tiene nombre, Morir psicológicamente, disolver nuestro querido ego, necesita una total Revolución de la Conciencia.

 

Conforme morimos de instante en instante, la concordia entre los hombres se va desarrollando lentamente. Conforme morimos de instante en instante, el sentido de cooperación va desplazando totalmente al sentido de la competencia. Conforme morimos de momento en momento, la buena voluntad va desplazando poco a poco, a la mala voluntad.

 

Concluimos en que el A-Himsa es una fuerza opuesta al Yo, incompatible con el Mí mismo. Resulta imposible iniciar un nuevo orden de nuestra psiquis excluyendo a la doctrina de la no violencia.

 

El A-Himsa debe ser el fundamento del diario vivir, en la oficina, en el taller, en el campo, en el hogar, en la calle, etc. DEBEMOS VIVIR LA DOCTRINA DE LA NO VIOLENCIA.

 

 

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